El País (España), Eva Sáiz y Nacho Sánchez, 20.03.2020

“Jesús, sana mi cuerpo, sana mi alma”. Es el estribillo que decenas de vecinos de la barriada de las Tres Mil Viviendas, una de las más humildes de Sevilla, estaban cantando en plena calle el pasado miércoles desafiando la cuarentena impuesta por el estado de alarma. La policía se vio obligada a dispersarlos sin imponer sanciones, por el momento. Más contundentes fueron los agentes de Málaga que también tuvieron que suspender otra concentración de feligreses de la Iglesia evangélica en un local del barrio de Gamarra y que presentaron denuncia contra su dueño y el pastor. La Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE) ha condenado enérgicamente estas actuaciones que contravienen su discurso de colaboración absoluta con las autoridades para hacer frente al coronavirus y con las recomendaciones que trasladó a sus fieles hace una semana en las que hacía hincapié en suspender los cultos dominicales durante 15 días y cancelar otras actividades.

“Se trata de casos puntuales que lo que evidencian es la sintonía del resto de los más de 4000 lugares de culto que han sido rigurosos con las normas establecidas por FEREDE y eso es muy relevante teniendo en cuenta que nosotros no tenemos una autoridad jerárquica sobre ellas, como otras confesiones religiosas”, explica a este diario Jorge Fernández, presidente de la Federación. Del caso de las Tres Mil viviendas no puede opinar, pero sí conocía el del pastor malagueño. “Habíamos visto un vídeo en YouTube de su último culto en domingo en el que además se manifestaba en contra de nuestras líneas de acción en esta crisis, nos pusimos en contacto con él para que lo eliminara y ya le hemos abierto un expediente”, asegura Fernández. A última hora de la tarde, FEDERE ha anunciado que le ha retirado su credencial como ministro del culto evangélico.

Ese pastor, Julien Bolou, defiende su proceder pese a la gravedad de la crisis sanitaria. . “Escuchamos una patada en la puerta”, cuenta a este diario. “¿Qué hacéis aquí? ¡Tenéis que salir!? Nos dijeron los agentes, que empezaron a grabar imágenes y a llamarnos de todo”, subraya el líder de esta congregación. Según explica Bolou, el local tiene 225 metros cuadrados y los fieles mantenían la distancia de seguridad. “Habíamos avisado a las personas mayores, niños y con más riesgo de que no vinieran”, asegura el religioso, que destaca que a la entrada del templo había geles para lavarse las manos y que estaban manteniendo las medidas recomendadas por el Ministerio de Sanidad. Bolou subraya demás que se habían reunido “solo” 32 personas. En un vídeo publicado por SUR y grabado por los agentes se puede observar que del recinto salen cerca de 40 personas. En las imágenes se observa a numerosos agentes indignados. “Mira lo que hay ahí dentro, increíble”, dice uno. “Sin mascarillas, ni guantes ni nada. Qué pedazo de mongolos sois”, añade otro.

El acta policial recoge una denuncia por incumplimiento del decreto de alarma y del deber de colaboración con los servicios de vigilancia para la seguridad de las personas. “Ahí no había aforo controlado”, cuentan fuentes municipales. El escrito incluye que había unas 100 personas en el templo. El pastor asegura que el domingo pasado la policía también entró en el recinto. “Pero nos dijeron que si manteníamos la distancia de seguridad no había problemas. Nos dieron el visto bueno”, asegura.

La actitud de Bolou ha sido reprobada por la mayoría de sus colegas. Este mismo jueves varios pastores de iglesias evangélicas de Andalucía han grabado un vídeo en el que animan a sus feligreses a quedarse en casa. Manuel García, secretario general de la Unión Romaní de Andalucía, buen conocedor de la situación en las Tres Mil Viviendas, censura el comportamiento de los vecinos. “Quedan de manera improvisada, se llaman unos a otros para bajar a la calle y ponen en peligro la vida del resto del barrio, les están advirtiendo de que paren”, asegura. Juan José Cortés, uno de los líderes espirituales de la Iglesia evangélica más reconocibles de España también ha criticado duramente los comportamientos de la decena de fieles en Sevilla y de la congregación de Gamarra. “Es un acto de irresponsabilidad, en el que caso de las Tres Mil parece un acto improvisado, pero no se han percatado del riesgo que supone, son una amenaza para la vida de los ciudadanos”, señala. Cortés fue muy beligerante cuando al inicio de la crisis en Madrid se apuntó a una congregación de la Iglesia evangélica de Leganés como uno de los focos de contagio tras dar postivo por Covid-19 varios de sus miembros. “Entonces estuve en desacuerdo con que se nos señalara, pero ahora estoy completamente a favor de la actuación de la Policía, tenemos el deber de cumplir con la ley y de contribuir a la labor que están haciendo los sanitarios”, abunda el padre de la niña Mari Luz.

Fernández cuenta que la federación se ha reunido con el Ministerio de Sanidad y el equipo que dirige el doctor Fernando Simón. “Recomendamos la suspensión del culto de los domingos incluso antes de que se decretara el estado de alarma”, recuerda. El portavoz de FEREDE recalca que esa decisión no fue sencilla porque la celebración dominical “resulta de mucho apoyo para los feligreses que también están necesitados de ayuda en estos momentos”. Un argumento al que se aferra Bolou: “La iglesia también es una solución en estos tiempos de crisis si respetamos las formas y las normas”. Sin embargo, como recuerda Fernández, la Iglesia evangélica está retransmitiendo los cultos por Internet para ayudar a sus fieles. “Somos proactivos y formamos parte de la sociedad civil y queremos contribuir a que la crisis pase”, insiste.

La Iglesia evangélica tiene gran penetración en barriadas humildes como las Tres Mil Viviendas, en Sevilla, o la Gamarra, en Málaga, donde realizan una importante labor social y de atención. Las concentraciones de feligreses en el Polígono Sur, donde se ubican las Tres Mil, está siendo habitual, sobre todo desde que cerró el centro de culto evangélico de la zona, precisamente para evitar las aglomeraciones. Varios de sus vecinos se han quejado a las autoridades del incumplimiento de la cuarentena denunciando fiestas en las calles. Hasta ahora la Policía no ha impuesto ninguna sanción por incumplir el Real Decreto del estado de alarma en esa parte de la capital andaluza.