La Vanguardia (España), Jordi J Baños, 13.01.2021

La fiesta ha terminado de la peor manera posible para Adnan Oktar, el telepredicador turco que combinaba las citas del Corán y las teorías conspirativas con un recalentado ambiente de barra americana en sus programas. Sin embargo, no es lo que pasaba en el plató, sino fuera de él, lo que le acarreó ayer una sentencia exorbitante de 1.074 años de cárcel.

Un juez de Estambul lo ha declarado culpable en tanto que jefe de una “organización criminal” dedicada “al chantaje, la extorsión y el blanqueo de dinero”. También lo ha culpado, junto a otros dos capitostes de la secta –condenados a
su vez a más de 186 años de cárcel– de “espionaje político y militar”, de “colaboración con FETÖ” (la cofradía de Fethullah Gülen que estuvo detrás de la asonada del 2016) y de varios cargos de “abuso de menores, secuestro, violación y tortura”. Decenas de otros acusados han sido condenados a penas de hasta doce años.

 

Adnan Oktar estaba en prisión preventiva desde julio del 2018, cuando fue detenido en una de sus innumerables mansiones con piscina en posesión de 69.000 pastillas… anticonceptivas. El gurú, que captaba a sus adeptos entre jóvenes de familias muy acomodadas, ya cumplió hace décadas una pena de privación de libertad en un pabellón psiquiátrico, por negar el holocausto judío. Sin embargo, después del 11-S se reinventó como apóstol del creacionismo, siguiendo el ejemplo de las iglesias integristas estadounidenses que reivindican a Adán y Eva contra la teoría de la evolución.

En su última cena de despedida del Ramadán en libertad, a la que invitó a algunos cientos de personas en el fastuoso palacio de Çiragan, a orillas del Bósforo, el vestíbulo exponía reproducciones en plástico de supuestos fósiles que prueban sus rocambolescas teorías. Simultáneamente, Adnan Oktar se acercó a Israel y sus programas “islámicos” a menudo contaban con rabinos israelíes como invitados, junto a los cuales proclamaba que Palestina pertenecía a los judíos mientras no se apareciera el Mesías.

En cualquier caso, el momento más esperado de sus programas en su propio canal, A9, no eran sus astracanadas geopolíticas, sino el contoneo que le dedicaban al final las “gatitas”. Así llamaba a su harén, formado por despampanantes rubias teñidas, de pecho aumentado y mirada ausente.

No menos espectaculares eran los modelos masculinos que aseguraban el flujo continuo de las primeras. Todos ellos convivían, en una especie de Gran Hermano particular, con Oktar en su centro y ropa de alta costura en cada armario. A lo largo del juicio, tanto exadeptos como familias de adeptos han cargado contra lo que califican de “secuestros” y “amenazas”, en una cárcel de oro.