Esquire (España), Rafael Galán, 16.12.2019

Nos tomamos Star Wars demasiado en serio. El día en el que empezaron los problemas de Star Wars no fue cuando Disney compró Lucasfilm, como señalan los críticos de morro fino, ni cuando George Lucas decidió hincarle el diente a los tres primeros episodios, como insisten los haters (los mismos que atacaron a Ahmed Best antes de Twitter y de Facebook). Los problemas de Star Wars comenzaron cuando se convirtió en una religión. (También se podría decir que fue el día en que decidimos tomarnos en serio Star Wars, pero ese debate es menos divertido.) Porque, por si no te habías dado cuenta, se ha convertido en lo que se parece poderosamente a una religión, con todos sus elementos: sus textos (en este caso sus películas y series de televisión), su homilía (los estrenos, los comentarios en redes sociales), su comunión (recuerda que esta mañana te has bebido un Actimel de Star Wars), sus penitencias (el tiempo entre que hay un nuevo producto de Star Wars y el siguiente), sus días señalados (las Comic Con, las citas de Cosplay), sus figuras (adoramos nuestras figuritas de Kenner y nuestros Lego de The Mandalorian)… Dejando al margen a los trolls rusos que torpedearon Los últimos Jedi con un claro objetivo político, ¿no te has planteado nunca qué mueve a un odio tan furibundo? ¿Qué lleva a una defensa acérrima de una serie de películas? Porque estamos hablando de películas, no de un partido político, ni de un movimiento social, ni de nada que haga avanzar el mundo?

La única respuesta a estas preguntas es la religión.

Las críticas emponzoñadas de odio a Rian Johnson, primero, y a J. J. Abrams, después, antes de que se haya estrenado la película, solo se pueden atribuir a la estupidez inherente al ser humano, pero también a que se ha construido en torno a la saga una religión. John C. Lyden, un investigador de Gran View University de Des Moines, se ha tomado, precisamente, la molestia de analizar las conexiones entre las películas, libros y cómics de Star Wars y las bases de cualquier religión. Las conclusiones las volcó en su estudio ¿De quién es la película? Canon y Autoridad en la Comunidad Fan de Star Wars, publicado en el Journal of the American Academy of Religion (Volumen 80, Número 3, septiembre de 2012, páginas 775–786).

Según Lyden, “si hay algún fenómeno de cultura popular que pueda ser referido como “religión”, sería el fandom asociado con las películas de Star Wars. En el censo de 2001 en muchos países de habla inglesa, varias personas identificaron su religión como “Jediismo/Yediismo/Yedaismo”, incluyendo 70.000 en Australia, 21.000 en Canadá, 53.000 en Nueva Zelanda y 390.127 entre Inglaterra y Gales. Esto puede haber comenzado como una broma, pero también está claro que al menos algunos de los que apoyan este movimiento lo toman en serio, como la Iglesia Jedi online. Más importante, tal vez, es la cantidad de actividades de fanáticos relacionadas con Star Wars que podría expresar algunos de los “marcadores” de la religión, como la identidad comunitaria, un sistema de creencias y valores, mitos y prácticas rituales”.
Este investigador apunta que es una religión al margen de sus creadores y alimentada por Internet. “No se puede atribuir todo esto al marketing, ya que una serie de actividades de fanáticos claramente no se origina en Lucasfilm [o Disney], sino que son generadas por los propios fanáticos. Aunque es difícil rastrear todo esto, uno puede encontrar una muestra en videos hechos por fans publicados en YouTube y otros sitios web, historias de fans basadas en categorías de Star Wars, fan art y cómics, juegos diseñados por fans, disfraces eventos (incluidas bodas) y diversas recreaciones de artefactos. La naturaleza interactiva de Internet ha permitido que estas actividades se desarrollen de manera imprevista, ya que es posible publicar fácilmente contenido que puede ser editado por usuarios de todo el mundo que pueden interactuar en tiempo real y que pueden conectarse en red de una manera que antes era sencillamente imposible”.

¿Quién disparó antes: Han Solo o Greedo?

¿Cuándo nació la religión de Star Wars? Obviamente le llevó tiempo, no nació con ‘Una nueva esperanza’, ni tampoco justo después de ‘El retorno del Jedi’. El momento de su nacimiento podría delimitarse entre el estreno del Episodio VI y el momento en el que George Lucas sacó las versiones mejoradas en 1997 de las películas originales. Para cuando Greedo disparó primero a Han Solo en la versión de 1997 la religión ya tenía sus acólitos y sus profetas. “[…] está claro”, dice Lyden, “que los fanáticos están muy apegados a las narrativas y quieren apropiarse de ellas de ciertas maneras en lugar de otras. Esto se ha visto en las batallas entre los fanáticos de Star Wars y George Lucas con respecto a la trilogía “original” de películas. En 1997, George Lucas lanzó una “edición especial” de las tres películas originales (Episodios IV, V, VI) que incluía escenas filmadas en las décadas de 1970 y 1980 pero eliminadas de los estrenos teatrales originales, así como alteraciones digitales y escenas añadidas a la película”.

“Muchos fanáticos discreparon con los cambios, ya que estos alteraron el “canon” con el que estaban familiarizados. Un cambio en particular que provocó una gran controversia fue el encuentro entre Han Solo y el cazarrecompensas Greedo en el bar de Mos Eisley. En el original, Han le dispara a Greedo debajo de la mesa antes de que Greedo pueda disparar; en la versión de 1997, una escena mejorada digitalmente muestra a Greedo disparando primero, con Han disparando segundo, aunque el resultado es el mismo (es decir, Han mata a Greedo). Los fanáticos insistieron en que esta acción preventiva muestra la voluntad de Han de hacer lo que sea necesario para sobrevivir, y que el cambio “diluye y compromete la naturaleza rebelde y despiadada de Han”, recuerda Lyden.

“Uno puede cuestionar si la devoción de los fanáticos se puede equiparar literalmente con la devoción religiosa, o si su recepción de estos textos es tan crucial para la formación de sus valores y forma de vida como aquellos que profesan dar forma a los textos religiosos y a sus identidades a través de ellos. Wendy Doniger, por ejemplo, sugirió hace veinticinco años que los que rechazan las religiones tradicionales se quedan con una “mitología degradada” que se encuentra “en películas y libros para niños”, y que las comunidades que se forman alrededor de estos no responsabilizarán a los fanáticos ” vivir de cierta manera por estos mitos”. Sin embargo, no hay realmente ninguna razón para suponer que aquellos que utilizan las historias de textos culturales populares tienen menos o más probabilidades de ser “responsables” de los valores dentro de ellos que los creyentes religiosos “tradicionales””, apunta este investigador.

Aunque los estudiosos de la religión y la cultura popular no siempre están de acuerdo en que podamos nombrar actividades como el fandom de películas o asistir a conciertos de rock como experiencias “religiosas”, sí reconocen que estas experiencias al menos tienen una dimensión análoga a la religión. Los investigadores de la Universidad de Harvard Eric Mazur y Kate McCarthy señalan que “existen marcadores en la cultura popular que sugieren un significado religioso, incluida la formación de comunidades de significados y valores compartidos, la presencia de comportamientos ritualizados, el uso del lenguaje de ultimidad y trascendencia, el marcado de tiempos y espacios ‘sagrados’ especiales y apartados, y la manipulación de símbolos y narrativas religiosas tradicionales”.

David Chidester, investigador de la Universidad de Ciudad del Cabo, define la religión como “la actividad del ser humano en relación con la trascendencia sobrehumana y la inclusión sagrada, que inevitablemente implica deshumanización y exclusión. Él permite que el rock ‘n’ roll, la Coca-Cola y el béisbol puedan considerarse “religiosos”, ya que implican el desempeño e intercambio rituales, objetos sagrados y experiencias de la comunidad en tiempo y lugar sagrados”.

“Aunque algunos pueden resistirse a esta identificación, y Mazur, McCarthy y Chidester lo reconocen en sus análisis, puede ser un punto discutible afirmar que tales experiencias no son religión simplemente porque generalmente no se les llama religión. Como señala Chidester, cuando los críticos niegan el título de “religión” a los fenómenos que llaman “cultos” (ya sean movimientos religiosos nuevos o fandom de rock ‘n’ roll), les niega la legitimidad y los ridiculiza como no dignos de lo “serio”. Si se quiere evitar la comprensión esencialista de la religión, parecería legítimo permitir la posibilidad de que aspectos de la cultura popular puedan funcionar religiosamente, y adoptar una comprensión lo suficientemente flexible del término que permita esa función”, dice Lyden.

“También se podría pensar que el fandom popular no se parece a lo que generalmente llamamos religión porque se involucra en un proceso continuo de revisión y reinvención de sus textos, pero las religiones también lo hacen, y cada vez más en la era de los medios interactivos, lo que permite a los profesionales ser cocreadores de sus escrituras y, por lo tanto, compartir la autoridad con los creadores “originales” de los textos. En la era de Internet, el texto (fijo, estático) está muerto; ¡Viva el texto (interactivo, continuamente reinventado)! La religión no está muerta, pero los medios a través de los cuales se expresa han cambiado, y esto ha cambiado tanto los “textos” de la religión que comprenden su autoridad como la naturaleza de las autoridades que deciden el valor o la interpretación de los textos. Incluso si no hay un solo Star Wars, todavía puede haber un canon, o (más propiamente) varias versiones del canon, debatidas sin cesar entre los fanáticos y el autor. Y debatir el canon tampoco es un aspecto nuevo de la religión. Piensa en las diferencias entre las opiniones judías y cristianas de la Biblia, o las diferentes escrituras de los budistas Theravada o Mahayana…”, cierra Lyden.