Hoy (España), Álvaro Rubio, 17.11.2019

Un gran complejo con una gigantesca estatua de 40 metros de Buda podría instalarse en el término municipal de Cáceres. Lo adelantaba HOY el pasado jueves, 7 de noviembre. Contaba los detalles que hay detrás del proyecto que lidera la Fundación Lumbini Garden, una iniciativa que si finalmente se construye se convertiría en el cuarto centro de culto budista que se levanta en esta comunidad autónoma. Ya existen otros tres, según el Observatorio del Pluralismo Religioso en España.

Ese directorio, que identifica y ubica este tipo de lugares con datos del Ministerio de Justicia, investigaciones promovidas por la Fundación Pluralismo y Convivencia y las solicitudes de inscripción comunicadas por los representantes de distintas comunidades, detalla que se concentran en la provincia de Cáceres. De hecho, si hubiera que elegir su comarca por excelencia esa es La Vera. Dos de estos centros están ubicados en el término municipal de Villanueva de la Vera. El tercero se encuentra en Acebo, en la Sierra de Gata.

Según el Observatorio, Badajoz no cuenta con ninguno, aunque en la capital pacense hay iniciativas directamente relacionadas con el budismo. Un ejemplo de ello es el centro Zendo Gudo, un lugar de meditación dirigido por Pedro Kaiten Piquero, un sevillano afincado en Badajoz que nació en 1976, exactamente 38 años antes de la muerte de su maestro Gudo Wafu Nishijima.

Allí practican ‘zazen’, la meditación que emplea la corriente budista denominada ‘zen’. Lo mismo hacen en Shorinji, un templo que goza de un silencio roto solo por el canto de los pájaros, en un entorno natural custodiado por la Sierra de Gredos. Allí, cerca de la piscinas fluviales de Villanueva de la Vera, hay un templo que fundó Bárbara Kosen en 2001. Fue ordenada monja zen en 1975 e inició la enseñanza de la práctica en España en 1993.

Monjes

En ese centro de culto incluso viven monjes durante el año. Actualmente conviven tres. Otros se acercan el fin de semana que pueden a los encuentros espirituales donde suelen reunirse unos 35 budistas.

Daniel Muelas, monje desde 2008, es uno de ellos. Hace 20 años que decidió hacia dónde quería guiar su vida. «Estaba en la universidad estudiando Filosofía. Tenía muchas inquietudes y una fe muy profunda. Por esa época leí ‘Preguntas a un maestro zen’ y encontré muchas respuestas. Luego me acerqué al Dojo de Madrid y desde entonces no he parado de practicar ‘zazen’», confiesa Daniel, quien reconoce que «cuando eres monje, no apartas tu vida social, pero de algún modo cortas los apegos con la sociedad».

Una prueba de ello es que no había escuchado nada sobre el nuevo complejo budista que podría acoger Cáceres. «Me parece una noticia impactante. Me sorprende que vayan a hacer una estatua de 40 metros. Es difícil de creer», afirma Muelas, que se muestra expectante ante el previsible desarrollo del proyecto. «Las escuelas provenientes del Tibet han hecho una labor de difusión muy fuerte y también tienen recursos económicos muy importantes detrás. A mí me parece algo exagerado, pero por encima de todo está la tolerancia y la libertad».

Cada vez que hay una sesión de ‘zazen’ (meditación), el sonido de la campana marca el inicio en el templo Shorinji. Budistas con la maestra Bárbara Kosen, que lleva una túnica marrón, en el templo Shorinji, situado cerca de las piscinas fluviales de Villanueva de la Vera. Tenzi Yótica, monja budista desde hace más de tres décadas, en el centro El Olivar del Buda, en Acebo. / ANDY SOLÉ

Apunta a que lo importante es que sirva para que la gente se acerque más a la práctica budista y pueda encontrar solución a sus problemas. «Es más, estoy seguro de que esto va a ser muy positivo para la región de Extremadura», añade Muelas, que alude a la nueva comunidad de budismo tibetano que desde hace un año también se ha asentado en la zona de Villanueva de la Vera. Son, por así decirlo, sus nuevos vecinos. «Hemos tenido contacto con ellos y aunque somos escuelas diferentes nos conocemos», matiza.

Se refiere a un centro de retiro de tradición tibetana de la escuela gelugpa, que es conocida en Occidente por la fama de su líder espiritual, Dalái Lama. Al frente de él está Amparo Ruiz, directora de Thubten Dhargye Ling, una comunidad budista cuya principal sede está en Madrid y que en 2018 inauguró un lugar de culto en La Vera.

De hotel a espacio espiritual

«Ha nacido a partir de un pequeño hotel rural que ya estaba edificado, pero el proyecto a desarrollar es un complejo mucho más grande», cuenta Ruiz. Para ello han adquirido 14 hectáreas de terreno con el objetivo de convertir el lugar en un centro de estudio del budismo, de reflexión y de desarrollo personal. «El budismo es una tradición abierta. No todo aquel que se acerque a este centro tiene que ser budista. El único objetivo es crear un espacio acorde a las necesidades de todas las personas en la época actual», añade.

Los lamas dirigen las actividades. Son cuerpos de élite filosófica con más de 20 años de formación. A ellos se les llama ‘Geshe’, que es una palabra tibetana que significa doctor. Está previsto que vivan allí dos de estos maestros espirituales y se incorporen a las actividades otros dos.

Por el centro ya han pasado más de tres centenares de personas. «Estamos empezando. Las instalaciones con las que contamos pueden alojar a 30 personas y estamos valorando proyectos de construcción con el objetivo de ir ampliando».

Aún así no será tan grande como el anunciado por la Fundación Lumbini. «Creo que es un proyecto muy beneficioso a todos los niveles», comenta Ruiz, que ha estado en América, Asia, Oceanía y Europa buscando enseñanzas budistas. «He ido a templos en muchos países», detalla Amparo.

«Si el nuevo complejo budista se hace atraerá a muchísima gente. Dará a conocer el budismo y acercará pueblos y culturas. Incluso la gente que no viaja a ver los templos japoneses y birmanos, por ejemplo, se van a abrir a otras formas de ver el mundo».

Dice que eso ya pasa en otros lugares de España, como la estupa budista tibetana ubicada en la localidad malagueña de Benalmádena. Es uno de los monumentos más singulares de la Costa del Sol y simboliza la iluminación, un estado de comprensión total. «Allí paran autobuses cada día», asevera Ruiz.

Para ella el budismo es su forma de vida. «Es un camino de autoconocimiento y de los demás. Forma parte de mi modo de ver las cosas. No es algo cargado de preceptos que haya que cumplir. Hay gente que puede tener un enfoque vital que siga el budismo sin declararse budista. Por eso es muy difícil cuantificar un número exacto en el mundo, en España y en Extremadura», aclara Amparo.

Ella ya forma parte de la lista de personas que han elegido el norte de la provincia de Cáceres como paraíso espiritual. También en la comarca de Sierra de Gata, en Acebo, nace el Olivar del Buda, monasterio que se fundó en 2012 como el único de Europa dedicado a mujeres.

Es el único de los tres lugares de culto de la región inscrito en el registro de entidades religiosas del Ministerio de Justicia. Además es miembro de pleno derecho de la Federación de Comunidades Budistas de España.

Su fundadora es Tenzi Yótica, monja budista desde hace más de tres décadas. Su vida monástica ha transcurrido entre Inglaterra, Birmania, India y España.