Vanity Fair (España), Juan Sardá, 11.06.2019

A sus 35 años, el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela Juan Guaidó, presidente “encargado” de Venezuela reconocido como legítimo dirigente del país por la mayoría de países occidentales, incluido España, se enfrenta a un panorama más que endiablado. Como describe el famoso reportero Jon Lee Anderson en un reportaje publicado por la revista New Yorker, mientras el país se hunde en una miseria que parece no tener fin, la oposición no logra derribar a Nicolás Maduro a pesar de conatos de insurrección militar como la de finales de abril. En su retrato de un líder en una situación límite, Anderson también desvela un detalle: en su equipo de asesores cuenta con un astrólogo, David.

Durante un viaje en coche de Caracas a Vargas, estado natal de Guaidó, Anderson tuvo la oportunidad de conocer a este hombre con “gafas de búho”. El adivino asegura en el reportaje que los colectivos, los grupos paramilitares prochavistas que actúan en el país, son “la encarnación del mal y representantes del Diablo en la Tierra”. También comparte su visión sombría sobre el futuro del mundo, aunque cree que su país acabará saliendo victorioso. “Venezuela está llamada a ser la mejor nación de la región. Cuando termine una guerra mundial que ahora mismo se está gestando, vendrá mucha gente del mundo a vivir aquí. De todos modos, para que eso suceda, primero el país debe ser liberado. Conocí a Juan Guaidó el pasado diciembre y le dije: ‘Tú eres el elegido”.

La reencarnación de Guaicaipuro

El reportaje de Anderson ha puesto en el foco a David, que entre otras cosas cree que Guaidó es la reencarnación de Guaicaipuro, un líder indígena de tribus caribeñas del siglo XVI encumbrado como ídolo nacional por el chavismo. En un reportaje del diario chileno La Tercera, se recogen declaraciones del entorno de Guaidó según las cuales “coincidió que en la entrevista estaba presente esta persona pero es parte de un cuento de Macondo que inventa el periodista. El presidente no está en este asunto”. Consultada por el diario chileno, la esposa del joven dirigente venezolano se limita a decir que “se conocen hace un tiempo”.

La relación del presidente Hugo Chávez con los rituales sobrenaturales está ampliamente documentada y existe un libro, Los brujos de Chávez, en el que el periodista David Placer reveló que estaba obsesionado con la santería cubana y las sesiones de ouija. Según contó, el líder se comunicaba con su bisabuelo y con el libertador Simón Bolívar mediante el espiritismo y su devoción por la magia aumentó cuando estuvo enfermo y supo que iba a morir.

Una figura frecuente

Aunque podemos encontrar presidentes aficionados a la astrología, el tarot o el esoterismo en todas partes del mundo, son especialmente frecuentes en Latinoamérica. En Brasil, el astrólogo del presidente Jair Bolsonaro es una figura muy conocida en el país, Olavo de Carvalho. Residente en Estados Unidos, Carvalho ha destacado por sus polémicos puntos de vista ya que opina que el cambio climático es un “invento propagado por la familia Rockefeller y el club Bilderberg”, es contrario a las vacunas, “que matarán o enloquecerán a vuestros hijos”, y cree que científicos como Isaac Newton o Albert Einstein están equivocados. Además de ser un controvertido ensayista, Carvalho es astrólogo y está considerado como una de las figuras con mayor influencia sobre el presidente de Brasil Se ha dicho incluso que tiene potestad para nombrar a ministros.

Del que fuera presidente de Perú Alberto Fujimori también es conocida su afición a consultar con videntes y curanderos. Entre su equipo de confianza había dos “brujas”, Soledad Ibargüen y Rosita Chu, que supuestamente le protegían del mal de ojo. Nada pudieron hacer para impedir que diera con sus huesos en prisión tras ser juzgado por numerosos casos de corrupción.

Trascendió que durante su mandato al frente de México, Enrique Peña Nieto, antecesor del actual presidente Andrés López Obrador, tomaba las decisiones importantes los días 27 del mes; según el tarot egipcio era su día de la suerte. Al parecer, esta superstición del presidente provocó que en ocasiones se demoraran más de la cuenta la ejecución de algunas medidas importantes.

La vidente del ‘molt honorable’

En nuestro país, el político de alto nivel más aficionado al esoterismo ha sido –que se sepa– Jordi Pujol. El molt honorable president contaba con su propia vidente de cabecera, Adelina, una mujer andorrana que después acabó acusándole a él y toda la familia de ganar dinero a su costa. Al parecer, Pujol visitó “en numerosas ocasiones” a la tarotista en Andorra. Según ella, la persuadió para que se mudara a Barcelona, pues así la podía tener más a mano. El político le aseguró que gracias a sus contactos no le faltarían clientes de alto nivel. Así fue, pero según Adelina, “Pujol era más agarrado que un chotis” y cobraba a sus clientes por el contacto el doble de lo que se llevaba ella.

En Espejo Público, la pitonisa explicó que sometió al dirigente a “rituales de purificación” que consistían en pasarle un huevo por la espalda. Al parecer, “el huevo se ponía negro porque absorbía todas las malas energías que llevaba encima”, producto de las envidias que suscitaba. Adelina fue reclamada por la Justicia para colaborar en la investigación que se sigue contra los Pujol.

En Estados Unidos, la astróloga Joan Quigley llegó a tener una gran influencia en la Casa Blanca que dirigió Ronald Reagan hasta el punto de condicionar la agenda presidencial. Señalaba cuándo era mejor que se celebraran los viajes e incluso participó en algunas tomas de decisiones estratégicas. La existencia de Quigley fue secreto de Estado durante mucho tiempo. También la hora exacta del nacimiento de Reagan. La astróloga aseguró al equipo del presidente que si se desvelaba ese detalle una carta astral podría “desnudarlo”.

A finales de los 80, sin embargo, supimos gracias un asesor de Reagan que “virtualmente todo gran acontecimiento y medida de mis tiempos como jefe de gabinete de la Casa Blanca era consultado previamente con una mujer en San Francisco que levantaba horóscopos y se aseguraba de que los planetas estaban alineados favorablemente para el asunto”. La propia Quigley acabó publicando un libro titulado Mis siete años como astróloga de Nancy y Ronald Reagan. En él aseguraba que se había exagerado su capacidad de influencia, pero confirmaba que tenía pleno acceso a la pareja presidencial.

También Europa

También en Francia, François Mitterrand, el presidente socialista que gobernó el país durante los 80 y buena parte de los 90, recibió regularmente en el Elíseo a Élizabeth Tessier. Tras la muerte del político esta astróloga reveló muchos detalles sobre sus encuentros. Tessier llegó a grabar esas reuniones. Cuando las hizo públicas se supo que Mitterand consultaba con los astros cuáles eran las mejores fechas para emprender grandes acciones, véase la Guerra del Golfo o el referéndum del Tratado de Maastricht.

Ninguno de ellos pueden hacer sombra sin embargo al vidente más poderoso e influyente de la historia. Grigori Rasputin (1869-1916), un esotérico y místico ruso, se convirtió en una de las figuras más importantes de la Rusia zarista. Con su larga barba y sus ojos desorbitados, Rasputin tuvo un papel crucial en los últimos tiempos de la desdichada dinastía Romanov.

Después de “salvar” al heredero hemofílico de morir desangrado y gracias a su facilidad para la hipnosis, el campesino siberiano llegó a ser el médico personal del zar Alexei y el consejero privado con mayor poder de la zarina Alejandra. Rasputín murió asesinado un año antes de que estallara la revolución rusa por un grupo de nobles y aristócratas que recelaban de él. Poco antes de morir, había previsto que Rusia “acabaría envuelta en una nube negra e inmersa en un profundo y doloroso mar de lágrimas”.