La Nación (Argentina), 19.05.2019

“Dios quiere que vendas tu casa”. “Dios quiere que te vengas a vivir a San Justo”. Supuestos mensajes divinos eran la excusa que utilizaban los líderes de una secta religiosa para convencer a sus víctimas de desprenderse de sus bienes y entregar el dinero de la operación inmobiliaria. Las personas engañadas debían luego vivir en una comunidad, donde eran obligadas a trabajar en la elaboración de pan y galletas, productos que después se comercializaban en La Matanza.

Después de seis meses de investigación, la Ayudantía Fiscal de Delitos conexos a la Trata de Personas, Pornografía Infantil y Grooming de La Matanza, a cargo de Lorena Pecorelli, y con el apoyo de detectives de la policía bonaerense, pudieron desbaratar a la organización criminal y liberar a 45 víctimas. En la causa interviene la jueza de Garantías Mary Mabel Castillo.

En allanamientos concretados en La Matanza, Bahía Blanca, Miramar, Merlo, Tucumán, Entre Ríos y Neuquén fueron detenidos 26 sospechosos, según informaron a LA NACION fuentes vinculadas con la investigación.

Se los acusa de asociación ilícita, trata de personas, reducción a la servidumbre y lavado de activos. Entre los detenidos se encuentra una mujer llamada Eva a la que todos conocían como la Jefa. En los operativos se secuestraron, además, $1.000.000 y US$40.000. Los investigadores sospechan que esos dólares fueron entregados por alguna de las últimas personas que resultaron engañadas por el ardid de los falsos pastores.

“La base central del denominado Templo Evangélico Filadelfia está en San Justo, pero tiene anexos en diferentes puntos del país. Para nosotros, los sospechosos actuaban como una secta”, afirmó una fuente con acceso al expediente.

Los investigadores explicaron que las víctimas que intentaban rebelarse eran enviadas a un “campo de castigo” que la organización tenía en la localidad balnearia de Miramar.

“Los sospechosos convencían a sus víctimas de que vendieran sus bienes y le entregaran el dinero para poder vivir en comunidad. Les hablaban de mensajes místicos y que todo era a pedido de Dios”, dijo una fuente del caso.

Los imputados, según fuentes judiciales, coaptaban a familias enteras en “hogares de acogida”.

“Las personas que eran enviadas a los denominados campos de castigo eran casi abandonadas a su suerte. Estaban mucho tiempo sin ser alimentadas”, explicó un investigador.

Una denuncia clave

La pesquisa comenzó a fines del año pasado después de que una víctima que logró escaparse de ese infierno hiciera una denuncia en la Ayudantía Fiscal de Delitos conexos a la Trata de Personas, Pornografía Infantil y Grooming de La Matanza. “Mientras vendía en la calle el pan y las galletitas que la organización le obligaba a elaborar, la víctima conoció a un joven que la incentivó a hacer la denuncia”, sostuvo una fuente del caso.

Los informantes explicaron que el pan y los otros productos eran elaborados con materia prima vencida.

En la casa de Eva, la mujer conocida como la Jefa, los investigadores encontraron a una mujer de 50 años que vivía en ese lugar desde los 18. Dormía en un colchón delante de la cama de la Jefa.

“Se dedicaba a la limpieza. Solo salía de la casa para ir al templo. En 32 años no fue nunca al médico”, agregaron las fuentes consultadas.

Situaciones similares se habrían repetido en varios de los establecimientos rurales que tenía la organización criminal. “Tenemos confirmados doce casos de reducción a la servidumbre”, comentó uno de los investigadores.