Cuatro Noticias (España), 7.02.2019

Una encuesta sobre la influencia actual de las teorías ‘conspiranoicas’ entre los franceses ha revelado que el 21% de los encuestados coinciden con algunas de estas «verdades alternativas», como que Lady Di en realidad fue asesinada (1 de cada 3), la implicación del Gobierno de Estados Unidos en los atentados del 11-S (1 de cada 5) o que los ‘Illuminati’ dominan el mundo. La culpa, según los investigadores, la tienen las plataformas digitales, Netflix y los líderes políticos.

Por segundo año consecutivo, la firma demoscópica Ifop y la organización Conspiracy Watch (CW) han publicado una encuesta para la Fundación Jean Jaurès sobre la influencia de las teorías ‘conspiranoicas’ en los ciudadanos franceses. De la investigación se pueden sacar dos conclusiones: que ha aumentado el impacto de estas creencias y el gran peso político existente en las mismas.
El estudio, realizado en el mes de diciembre de 2018 entre 1.760 personas, proponía 10 de estas «verdades alternativas» a los encuestados. El resultado fue que el 21% dijo que están «de acuerdo» con 5 de esas declaraciones de conspiración. Algunas de las teorías estaban relacionadas con la muerte de Lady Di, el atentado terrorista del 11 de septiembre 2001, el ataque de Edimburgo o la credibilidad hacia los ‘Illuminati’.
Los resultados concluyeron que 1 de cada 3 entrevistados está convencido de que Diana de Gales fue asesinada; 1 de cada 5 franceses piensan que el Gobierno estadounidense estuvo detrás de los atentados del 11-S y un 27% está convencido de que los ‘Illuminati’ «son una organización secreta que busca manipular a la población».
Sobre la vacunación, un tema que ha ido ganando polémica en los últimos meses, un 43% creen que las farmacéuticas y el Gobierno están compinchadospara esconder los perjuicios de las vacunas.
Otros datos han resultado desconcertantes, como que el 15% de los encuestados está de acuerdo con la siguiente afirmación: «Algunas rayas blancas creadas por el paso de aviones en el cielo están compuestas por sustancias químicas deliberadamente propagadas por razones que se mantienen en secreto».

La culpa es de los políticos y de las nuevas plataformas digitales

Estos datos no han hecho más que confirmar el aumento del número de afines a estas teorías en Francia. «Ya existían antes, pero ahora tienen más adeptos», opina el director de Conspiracy Watch (CW), Rudy Reichstadt.
Los autores de la encuesta culpan a plataformas como YouTube, Netflix o Amazon de financiar y dar pie a documentales o contenidos audiovisuales que fomentan la creencia en estas teorías.
Por otro lado, uno de los campos más susceptibles de caer en estas hipótesis es en política, especialmente en materia internacional cuando se trata de «discursos sobre Siria, Ucrania o Venezuela», apunta Reichstadt.
En la línea de esta premisa, los investigadores también hicieron una criba para descubrir si existe relación entre estos pensamientos ‘conspiranoicos’ y la ideología política de quienes las defienden. Los resultados muestran que un 27% es simpatizante de la líder ultraderechista Marine Le Pen y un 20% del izquierdista Jean-Luc Mélenchon, frente al 10% que votó a Macron.
Por ello, el observatorio Conspiracy Watch apunta a los líderes políticos como otros de los responsables del regreso a estas «verdades alternativas», ya que con su discurso público, algunos de los representantes mundiales normalizan este tipo de teorías.
El estudio también revela el perfil de los «conspiranoicos»: menores de 35 años con pocos recursos (el 27% de las personas sin diploma se adhieren a 5 teorías o más). El  21% de los encuestados dijo que están «de acuerdo» con 5 de las 10 suposiciones que les propusieron en la encuesta; y el  28% de los jóvenes de 18 a 24 años se adhieren a 5 o más teorías, frente al 9% de los mayores de 65 años encuestados.
Además, en su mayoría suelen ser personas que creen en el espiritismo o que sienten que han fracasado en su vida.
Para este último caso, los expertos tienen una explicación: «El conspiracionismo sería un rasgo recurrente de la personalidad de estos ‘perdedores radicales’ (término del pensador alemán Hans Magnus Enzensberger), pues les permite presentarse a sí mismos como víctimas de una maquinaria urdida por fuerzas oscuras responsables de su fracaso».
Ante estas conclusiones, ¿cual sería una la solución? El observatorio francés cree que está en manos de la esfera política y los medios de comunicación, que con su «discurso político» y la «contraargumentación» pueden rebatir la idea de que nuestra vida forma parte un complot global.