PuroMarketing (España), 9.01.2019

En la debacle en la que se encuentra la imagen pública de Facebook el último golpe podría venir de sus propios empleados, golpe que se sumaría a la complicada marca personal que Mark Zuckerberg ha desarrollado en los últimos tiempos o a todo el hundimiento que los escándalos de los últimos meses han generado. Según han dejado claro los antiguos trabajadores de la red social, trabajar en Facebook es como formar parte de una secta.

Las acusaciones de los trabajadores (realizadas todas ellas por personas que ya no trabajan en la red social) señalan que se sentían presionados por mostrarse positivos y felices, pero también que no podían quejarse mientras trabajaban. “No están bien actuar como si no fuese el mejor lugar para trabajar”, explicaba uno de esos trabajadores, como recogen ahora los medios estadounidenses, tras una investigación de la CNBC que destapó la cuestión.

El sistema interno de Facebook, que impone revisiones dos veces al año en la que los propios trabajadores se dan feedback unos a otros, ha generado (o eso dicen estos antiguos trabajadores) un clima nocivo de trabajo. Los empleados sienten que están obligados a participar en todas las actividades de la empresa, a mostrarse positivos y a tener que interactuar con sus compañeros para caerles bien a los demás empleados. Los trabajadores sienten que tienen que hacerse amigos de sus compañeros de trabajo, no porque les interese y no porque sea una amistad sincera sino más bien porque sienten que es la única manera de avanzar en su carrera. Quejarse o preguntar sobre algo implicaba, lamentaban esos empleados, simplemente recibir después llamadas enfadadas.

Esto no solo está haciendo que el día a día para sus empleados sea mucho menos positivo y que ir a trabajar sea menos agradable, sino que podría explicar también en parte muchos de los problemas que Facebook está viviendo en los últimos tiempos. Hay quienes señalan que si sus trabajadores no se viesen sometidos a esa presión por hacer ver que todo es maravilloso y si se pudiese dar feedback de un modo mucho más libre, los problemas habrían sido mencionados antes a la cadena de mando de la red social.

Las empresas tech, ¿realmente el entorno de trabajo soñado?

El análisis de cómo Facebook es (de verdad) como lugar de trabajo es ahora un problema para su reputación y para su imagen, justo en el momento en el que no es más propicio y la compañía puede asumir menos estos riesgos y estos problemas, pero en realidad el problema no es solo de la red social, sino de todas las compañías de tecnología.

Hace unos años, las empresas tech eran vistas como una especie de paraíso laboral, el lugar en el que todo el mundo querría trabajar. Sus oficinas de diseño – con bibliotecas, toboganes y salas de juegos – parecían lugares encantados para poder trabajar, como también lo hacían los beneficios asociados a ser parte de la plantilla. Los restaurantes y la comida gratis siempre a disposición de los trabajadores se convirtieron en una especie de símbolo, en un icono de las razones por las que eran tan ‘cool’.

Durante mucho tiempo no hubo voces críticas, hasta que se empezó a señalar que esa cultura no era tan positiva como podía parecer. Todos esos beneficios en el espacio de trabajo solo hacían que los trabajadores estuvieran horas y más horas en la oficina y los atrapaban en un continuo en el trabajo. En realidad, eran como una especie de jaula, pero con preciosos barrotes para sus empleados. De hecho, como apuntaba un columnista en The Guardian hace unos años, ese “culto de la felicidad” estaba arruinando los espacios de trabajo. Era lo que el analista había bautizado como el Wellness Syndrome, el síndrome del bienestar, causado por esa fascinación por la felicidad en el trabajo. Era el entorno del nuevo management de la positividad y de los funsultants. En realidad, a pesar de toda esa obsesión, se creaba una burbuja que hacía que los trabajadores se sintiesen mucho menos contentos y mucho menos felices.

Algunas novelas populares de los últimos años han ya captado esa situación y cómo acaba haciendo miserables a los trabajadores. En una novela de Mhari McFarlane, el protagonista es un diseñador de aplicaciones que trabaja en una empresa ultramoderna en la que se intenta que todo el mundo se sienta feliz. Ya en los primeros capítulos es, en realidad, increíblemente infeliz con un entorno de trabajo ruidoso, en el que todo el mundo comparte demasiado y en el que hay unas (falsas) relaciones de amistad que lo saturan. Sueña en cierto modo con trabajar en una oficina de baby boomers. Y es que volviendo a lo que señalaba el analista en el medio británico ser feliz en el trabajo está muy bien pero ser forzado a ser feliz no lo es tanto.

Un modelo exportado para mal

Trabajadores de Apple o de Google que dejaron ambas compañías también acusaron a las empresas de ser “como una secta” y en general el problema de esta obsesión con la positividad y esa presión sobre los trabajadores se ve como un problema recurrente en las empresas tecnológicas y en la cultura vinculada a Silicon Valley. Se podría pensar que es un problema de la cultura empresarial de EEUU, pero lo cierto es que ha salido mucho más allá de ese entorno y de esas empresas.

Cuando las compañías tech se convirtieron en el ‘modelo a imitar’ y en el espejo en las que todas querían mirarse se exportó también esta cultura corporativa. Todo el mundo quería ser un Google y empresas de todo pelaje y condición y gestores de todo tipo intentaron replicar esa idea sobre cómo debería ser el entorno de trabajo, con más o menos suerte y con más o menos comprensión de lo que se estaba haciendo y de cómo se imponían esas pautas para la felicidad, la creatividad y el positivismo.

Es probable que muchos hayan tenido ya un jefe en cualquier trabajo que imponía alguna costumbre un tanto ridícula simplemente porque leyó en algún lugar que eso hacía que la gente fuese más productiva o más creativa.