La jueza ‘pitonisa’ fue sancionada en Santander

By |2018-06-22T09:10:16+00:0020 junio, 2018|Miscelánea|

Diario Montañés (España), 20.06.2018

Decir María Jesús García Pérez así, a secas, puede que no diga gran cosa al común de los mortales. Pero si hablamos de la jueza ‘pitonisa’, el asunto cambia. A estas alturas todo el mundo sabe que ese sobrenombre distingue a la magistrada del Juzgado de Vigilancia Penitencia número 3 de Galicia, con sede en Lugo, que está siendo investigada por el Consejo General del Poder Judicial por echar las cartas del tarot en un piso de esa ciudad y cobrar por ello. Parece cosa de broma, pero en el ámbito jurídico de Cantabria no ha extrañado la última extravagancia de una juez a la que conocen muy bien porque ejerció en esta comunidad varios años y en diferentes destinos, en los que dejó su impronta y donde recibió su segunda sanción.

Conocida y reconocida por sus excesos -también verbales-, uno de ellos, siendo titular del Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Santander, le valió una multa de 3.000 euros por una falta grave. Víctima de su incontinencia verbal, se atrevió a decir en voz alta lo que otros piensan y callan. En una entrevista criticó este tipo de juzgados, la ley contra la violencia de género y llegó a cuestionar a las víctimas y ridiculizar muchos de los casos que juzgaba: «Una cantidad de ridiculeces que considero innombrables; mujeres que vienen porque les han dado un mensajito en el móvil, a las que, en un calentón, les han podido decir una palabra más alta que otra, mujeres que les pegan a ellos (aquí han venido hombres arañados, golpeados, tirados de los pelos que se creen que, porque sea una mujer la que se lo ha hecho, no la pueden denunciar y se lo tienes que explicar), gente que se cree que esto es el divorcio exprés». Se montó tal escandalera que el asunto terminó en manos del Poder Judicial y con una sanción muy superior a los 300 euros que proponía el instructor del expediente.

Fue el primer incidente grave en Santander, aunque su paso por la región no estuvo exento de polémica. María Jesús García Pérez (Madrid, 1963) ingresó en la carrera judicial en 1992 y su primer destino fue Laredo. Un antiguo fiscal que coincidió con ella en este juzgado recuerda que inició una «cruzada contra la prostitución organizada». Cerró el club ‘El Pirata’ y metió en la cárcel al dueño. «Era trabajadora, sus sentencias eran buenas y estaba bien considerada» entre los profesionales. Pero también recuerda su inclinación por los esotérico y, en especial, por el horóscopo. «Jugaba a adivinar el signo del zodiaco en función de tu carácter, eso la encantaba», señala, un gusto que en su actual destino ha llevado hasta límites arriesgados.

Su tercer destino fue Las Palmas de Gran Canaria, donde sus actuaciones nocturnas ocasionales en el local de estriptis de un amigo, le valieron otra confrontación con el órgano de gobierno de los jueces del que salió bien parada, porque no cobraba y era una ocupación de difícil encaje en el régimen de incompatibilidades. Tras su paso por Las Palmas y ya como magistrada, regresó a Santander para ocupar el Juzgado de Violencia sobre la Mujer, en el que permaneció entre 2006 y 2009 y del que salió tras ser sancionada por sus declaraciones. Un funcionario, representante sindical, rememora lo insólito que resultaba que fumara en el despacho de su juzgado hasta el punto de que se produjeron quejas de la Junta de Personal y fue llamada a capítulo.

Su siguiente destino fue el Juzgado de lo Penal número 6 de Bilbao, donde sumó otra sanción, precisamente por fumar dentro de la sala de vistas, lo que justificó con el argumento de que así no perdía el tiempo en salir a la calle. En julio de 2011 fue destinada al Juzgado de lo Penal número 1 de Santiago de Compostela, pero dos años después regresó a Santander como titular del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria tras la jubilación de Javier Cruzado. «Era muy permisiva con los presos y concedía permisos a todo el mundo en contra de las recomendaciones de los equipos de tratamiento de la prisión», coinciden varios abogados consultados. El problema fue paliado por la acción de la Fiscalía, que recurrió los permisos y encontró el apoyo de la Audiencia Provincial, que revocó muchos de ellos.

Al margen de sus excentricidades, que todo el mundo recuerda, también la reconocen generosa. «Repartió la paga extra que recibió por ser miembro de la Junta Electoral entre sus funcionarios». Todo un gesto.