En su cruzada antiabusos, el Papa envía otra misión a Chile

By |2018-06-05T21:39:18+00:001 junio, 2018|El Bosque, Legionarios de Cristo, Miscelánea|

La Nación (Argentina), 1.06.2018

En otra vuelta de tuerca y en una nueva carta que le envió ayer a los chilenos, el Papa les pidió un “nunca más” a la cultura del abuso, así como “al sistema de encubrimiento que le permite perpetuarse”, y agradeció “la valentía y perseverancia de las víctimas”.

La epístola fue difundida horas después de que el Vaticano anunciara que el Papa decidió enviar otra vez al arzobispo maltés, Charles Scicluna -autor de un lapidario informe sobre el escándalo de abusos en la Iglesia chilena-, para una segunda misión a ese país en la diócesis de la ciudad de Osorno, sacudida en 2015 por la designación del cuestionado obispo Juan Barros.

El nuevo encargo a Scicluna -que viajará como la otra vez junto al sacerdote español Jordi Bertomeu- confirmó la determinación de Francisco a ir a fondo con la limpieza iniciada en la “herida” Iglesia chilena.

“La renovación en la jerarquía eclesial por sí misma no genera la transformación a la que el Espíritu Santo nos impulsa. Se nos exige promover conjuntamente una transformación eclesial que nos involucre a todos”, escribió Francisco.

El anuncio de la nueva misión de Scicluna -máximo experto del Vaticano en pedofilia, famoso por su investigación sobre los Legionarios de Cristo y de inmensa credibilidad entre las víctimas- así como la carta “al pueblo de Dios que peregrina en Chile”, llegó a menos de dos semanas de la renuncia en bloque de la cúpula del episcopado chileno, el 18 de mayo último. Una medida sin precedente en la historia de la Iglesia. Si bien Francisco aún no aceptó ni rechazó esas renuncias, se espera la salida de muchos obispos.

Después del informe Scicluna de febrero pasado, las cosas cambiaron dramáticamente. El Papa, que había designado en 2015 a Barros al frente de la diócesis de Osorno, había respaldado en varias oportunidades al obispo, acusado de haber encubierto al sacerdote abusador Fernando Karadima. Durante el viaje a Chile, de enero último, marcado por el caso Barros, Francisco se dio cuenta de que había algo que no cerraba. Al regresar, decidió enviar en misión especial a Scicluna.

Leído su informe, el Papa pidió perdón por los graves errores de percepción y adelantó acciones de “corto, mediano y largo plazo” para reparar el escándalo.

En la carta de ayer a los chilenos, el Papa agradeció especialmente a las víctimas. “Todo el proceso de revisión y purificación que estamos viviendo es posible gracias al esfuerzo y perseverancia de personas concretas que, incluso contra toda esperanza o teñidas de descrédito, no se cansaron de buscar la verdad”, dijo. “Me refiero a las víctimas de los abusos sexuales, de poder, de autoridad y a aquellos que en su momento les creyeron y acompañaron. Víctimas cuyo clamor llegó al cielo. Quisiera, una vez más, agradecer públicamente la valentía y la perseverancia de todos ellos”, agregó.

El Papa reconoció que una de “nuestras principales faltas y omisión” fue “el no saber escuchar a las víctimas”. “Con vergüenza debo decir que no supimos escuchar y reaccionar a tiempo. Como Iglesia no podíamos seguir caminando ignorando el dolor de nuestros hermanos”, admitió.

“El ‘nunca más’ a la cultura del abuso, así como al sistema de encubrimiento que le permite perpetuarse, exige trabajar entre todos para generar una cultura del cuidado que impregne nuestras formas de relacionarnos, de rezar, de pensar, de vivir la autoridad; nuestras costumbres y lenguajes, y nuestra relación con el poder y el dinero”, aseguró.

“Urge, por tanto, generar espacios donde la cultura del abuso y del encubrimiento no sea el esquema dominante. Esto nos tiene que impulsar como Iglesia a buscar con humildad a todos los actores que configuran la realidad social y promover instancias de diálogo y constructiva confrontación para caminar hacia una cultura del cuidado y protección”, indicó.

Por último, exhortó a los cristianos y especialmente a los responsables de centros de formación educativa terciaria, de educación formal y no formal, centros sanitarios, institutos de formación y universidades, a “mancomunar esfuerzos en las diócesis y con la sociedad civil toda para promover lúcida y estratégicamente una cultura del cuidado y protección”. Todo esto para promover “una nueva mentalidad”.