El 25% de las personas que practica meditación refiere efectos negativos

Heraldo Aragón (España), 17.10.2017

Un 25,5 por ciento de las personas que realiza meditación podría sufrir efectos “adversos”, según una investigación codirigida por el profesor de la Universidad de Valencia Ausiàs Cebolla que analiza, por primera vez, los efectos no deseados asociados a esta disciplina.

El trabajo, publicado en septiembre en la revista científica ‘Plos One’, “abre el camino para conocer más sobre el mindfulness y sus efectos para poder aplicarlo correctamente a la salud de las personas”.

El equipo de investigación está formado por Ausiàs Cebolla, profesor de la Facultad de Psicología de la UV; Marcelo Demarzo, profesor de la Universidad Federal de Sao Paulo; Javier Garcia-Campayo, del Hospital Universitario Miguel Servet y Joaquim Soler, del Hospital de la Santa Creu y Sant Pau.

De acuerdo con la UV, muchas son las personas partidarias de la meditación y sus efectos en la salud física y mental, pero hasta ahora no había estudios relevantes que plantearan la posibilidad de que esta tenga algún efecto no deseado. En este trabajo se ha hecho una encuesta a casi 350 personas para evaluar la presencia de efectos negativos de esta práctica, considerando factores moderadores como por ejemplo el tipo, la frecuencia y la duración.

De estas casi 350 personas encuestadas, 87 informaron haber sufrido algún efecto “no deseado”, aunque la mayoría fueron “transitorios y no condujeron a la interrupción de la meditación ni a necesitar asistencia médica“.

En los últimos veinte años, en las sociedades occidentales, se ha registrado un incremento en el uso de prácticas de meditación relacionadas con intervenciones basadas en mindfulness (MBI). Ha sido muy documentado que la meditación y los MBI se asocian a varios resultados positivos, como por ejemplo una disminución de la sintomatología psiquiátrica (por ejemplo, ansiedaddepresión) o un aumento de los estados positivos (por ejemplo, el bienestar, las emociones positivas).

En el campo de los tratamientos psicológicos que pueden incluir programas y prácticas de meditación, los efectos no deseados raramente se evalúan. En el ámbito de las prácticas de meditación y MBI, los estudios científicos sobre los efectos no deseados son “poco frecuentes” y generalmente se basan en informes de casos o hipótesis especulativas.

Otros estudios han indicado que los largos periodos de meditación pueden ser contraindicados para personas con problemas psiquiátricos, puesto que pueden precipitar la enfermedad mental y la psicosis. Entre las reacciones mencionadas, la práctica de la meditación puede tener efectos psicológicos asociados (por ejemplo, estrés emocional, confusión, desorientación y dependencia de la práctica), psicopatológicos (ansiedad, delirios y alucinaciones) y fisiológicos (dolor, disfunción sensorial, exacerbación de enfermedades neuromusculares/articulares, reducción de la hambre e insomnio).

Los casos más graves mencionados incluyen la precipitación de la psicosis, el trastorno por estrés post-traumático (TEPT) y los ataques epilépticos. Ausiàs Cebolla ha explicado que la investigación “es relevante porque todavía faltan datos sobre posibles efectos y sobre los tipos de personas que no pueden beneficiarse de este tipo de prácticas. Hay que tener en cuenta también que según nuestro estudio la mayoría de estos efectos no deseados fueron transitorios y no condujeron a la interrupción de la meditación ni a necesitar asistencia médica”.

Encuestados

La mayoría de practicantes eran mujeres (68,4%). Por nacionalidades, el mayor número provenían de España (42,9%), seguidas de México (10,1%), Brasil, (6,5%). El 48,5% de las personas que han participado en la encuesta estaban casadas y eran universitarias (54,4%).

En cuanto a la frecuencia de las prácticas de meditación evaluadas en la encuesta, las prácticas informales eran las practicadas con mayor frecuencia, diariamente (46,8%), seguidas de atención centrada (30%), mientras que las prácticas de compasión eran las menos practicadas. Por otro lado, el 16,6% (52) de los participantes presentaban síntomas depresivos y el 23,4% (75) de ansiedad.

Respecto al 25% que había informado de efectos negativos con la meditación, la mayoría fueron transitorios y no condujeron a la interrupción de la meditación ni a necesitar asistencia médica. La incidencia, según la encuesta, fue más común en la práctica individual que en la grupal.

Los resultados del estudio también apuntan a que algunos tipos de meditación pueden influir más en la prevalencia de efectos no deseados. Así, según los datos recogidos, la atención focalizada o centrada está asociada con más efectos no deseados, mientras que las prácticas de conciencia corporal (que se relaciona con la salud psicológica y médica) están asociadas con menos. Respecto a la categorización de los efectos, las reacciones más frecuentes que habían sufrido eran síntomas de ansiedad (13,7%) y despersonalización o desrealización (cambios en la conciencia espacial, 8%).