Camping para ‘brujos’ en Ibiza

By |2018-05-27T08:00:05+00:0021 mayo, 2018|Miscelánea|

EL Mundo (España), Ricardo Colmenero, 21.05.2018

A las 18.18 toca meditación. Los chamanes han hecho una hoguera a la que le han ido echando hierbas, plumas o medio kiwi, provocando un humo avinagrado. Un centenar de personas se coloca formando círculos a su alrededor. Tienen los ojos cerrados y están cogidos de la mano. Steve Nyatepe, un francés que se identifica como psicólogo, dice que éste es el «horario de los ángeles», y que no están solos. Han anunciado en internet que necesitan «sincronizar 144.000 almas» meditantes, un número que al parecer sale en el apocalipsis, y en los libros sagrados de casi todas las religiones; para crear «un campo de energía» que provocará una «reacción en cadena de sanación mundial masiva».A los diez minutos todos levantan las manos y repiten largos «om», que se escuchan por todo el camping de Cala Nova, oculto bajo un pinar al Este de la isla de Ibiza. Un hombre pinta la escena en acuarela. Cuando terminan, la gente se separa en varios grupos. La mayoría son mujeres de mediana edad, muchas están descalzas y se dan larguísimos abrazos con los ojos cerrados. Una de ellas se sienta en el suelo y comienza a hacer sonar cuencos tibetanos con una mano, mientras con la otra sostiene un tetraedro enganchado a un palo, como la pata de un insecto. Otros se van a un improvisado bar en el que se sirven zumos y cervezas ecológicas. Steve quita una chapa con los dientes. Es uno de los fundadores de Rise up, un movimiento nacido en la isla de la mano de un grupo de franceses, heredero del indigenismo que abrazaron los hippis a finales de los sesenta. Por tercer año consecutivo importan chamanes de los cinco continentes para dar charlas y explicar sus técnicas ancestrales de sanación.

Wahibptah Fahkara es un negro enorme de la tribu Dogón, un grupo étnico de la región central de Mali. Ha formado un círculo cerca de la hoguera junto a varias jóvenes, en su mayoría francesas. Explica que va a hacer una ceremonia de purificación del agua. La suya es de Bezoya. Durante una media hora las jóvenes se agachan y se levantan. De vez en cuando repiten muchas veces una palabra, o un ruido, que reproduce el chamán. Y al mismo tiempo se van lavando partes peregrinas del cuerpo, como los sobacos, entre los dedos de los pies, detrás de las orejas o las muelas del juicio. «El objetivo es estar presentable para ascender a un mundo divino, como cuando te vistes bien o te pones colonia para una audiencia con un rey», dice. Hay corazones de cartón y coronas de flores colgando de los árboles. El ambiente transita entre el folklore y la fe. Entre el castillo de Hogwarts y el libro de la selva. El programa, de cuatro días, recuerda al del camping de ‘Las partículas elementales’ de Houellebecq, salvo por el hecho de que la gente va vestida. Al menos de momento. Se anuncian saludos al sol, activaciones energéticas, cursos de milagros, herramientas cuánticas y danzas sagradas, como si se tratara de un máster avanzado en chamanismo. Entre los ponentes se encuentra Thubten Wangchen, representante del Tíbet en España. E Ivy Smith en representación de los maorís de Nueva Zelanda. Por el Amazonas ha venido el Taita Querubín, de 104 años, quien ha advertido sobre la proliferación de drogas indígenas entre los occidentales. Y del norte de Colombia está Kharana, representante de los Hacaritama, y «guardián de la sabiduría del fuego sagrado y del sonido ancestral», que ha venido a enseñar la ceremonia del tabaco.William Palchucan viene por los Putumayos de Colombia, cuyo hábitat se encuentra amenazado por las concesiones mineras. Dice que viene a transmitir «el encuentro del aire y el cóndor», y unos métodos de curación que pasan por tocar la flauta, el tambor y una especie de castañuelas. Pero también por lo que llama varias veces medicina, y que al final resulta ser el alucinógeno ayahuasca.

Altaisaikhan Odgarin viene de Mongolia. Tiene 28 años y afirma ser médico. «En España los médicos no ven muy bien lo del chamanismo», le comento. «En Mongolia tampoco», responde. Aunque reside cerca de Ulán Bator sus conocimientos chamánicos tienen su origen en una montaña de la provincia de Gobi Altai, y consiste en masajes y oraciones con los que dice poder crear una especie de campo protector alrededor de los órganos vitales.Las francesas Elsa Pehe y Lydia forman parte de la organización. En un sofá próximo al fuego sagrado hablan de experimentos y de seudociencia. Como escribir la palabra amor y la palabra odio en dos vasos de arroz, y en cómo su conservación varía en función de la palabra elegida. Steve se pone a hablar de la leyenda del centésimo mono. De que si un número determinado de seres de una especie aprende una tarea, otros empiezan a realizarla exactamente igual en otra parte del mundo aunque nunca hayan tenido contacto entre ellos. Una anciana de piel rosada se acerca a escucharle con una sonrisa, como si no entendiera el idioma. También se acerca un adolescente con el pelo tintado de rubio. Al final Steve dice que el 93% de lo que vemos es falso.A lo lejos un anciano que parece disfrazado de Astérix abriga la mano de una joven con las palmas de las suyas, como en posición de juramento sobre un libro. Los dos tienen los ojos cerrados. Al poco él parece explicarle algo con cierta preocupación. Pregunto si puedo hablar con ese chamán pero Lydia dice que no sabe quién es pero que no es un chamán.

A pocos metros hay un cartel con el dibujo de una nave espacial que anuncia una reunión de la confederación galáctica. Desde Rise up dicen que este grupo participa en sus reuniones pero que no forman parte de Rise up, aunque lleven sus camisetas. La flecha conduce a una caravana. Allí está Luisa, una mujer de Bolonia de figura planetaria, que orbita en torno a su marido y seis seguidores. Luisa cuenta que es de origen extraterrestre, y que todos los humanos lo somos, como en ‘Prometheus’ de Ridley Scott. También explica que tiene consciencia de llevar en la tierra 500.000 años, los dieciocho últimos veraneando en Ibiza. Y que está en misión especial en la tierra por orden de la confederación galáctica, con el objetivo de transmitir el mensaje cósmico, que en resumen viene siendo que es Dios el que mueve las galaxias. Sus seguidores escrutan las reacciones de mi cara, hasta que tras un largo silencio Luisa dice: «Antes no me atrevía a hablar de esto por si la gente pensaba que estaba loca. ¿Tú me entiendes?». Me escabullo con una frase de Houellebecq: «Se puede vivir en el mundo sin comprenderlo, basta con que te proporcione alimentos, caricias y amor».