El Mundo (España), Germán González, 16.09.2015

Eres «la mala hierba que crece entre los árboles». Ésta es alguna de las expresiones que una de las víctimas ha relatado que tuvo que escuchar de boca de su profesor de gospel, además de numerosos insultos o comentarios despectivos, durante los cinco años en los que perteneció al grupo. La testigo declaró en el Juzgado Penal número 7 de Barcelona que juzga desde ayer al ex director del Instituto de Gospel de Barcelona, Óscar A., por 16 delitos de coacciones, amenazas, contra la integridad moral y contra la libertad religiosa.

Las diversas víctimas enumeraron varias formas de humillación que sufrieron presuntamente por el procesado que se enfrenta a 80 años de cárcel, aunque como mucho sólo cumpliría seis, y el pago de 168.000 euros en multas e indemnizaciones a los denunciantes. Esta pena de prisión sólo la pide la acusación particular ya que la Fiscalía no presenta cargos. La defensa reclama la absolución del procesado.

Las víctimas, la mayoría de las cuales eran adolescentes cuando empezaron, relataron como el acusado presuntamente las trato de forma degradante y humillante entre los años 2003 y 2009 y como además de las vejaciones y chantajes emocionales, su profesor de gospel las intentó separar de su entorno familiar. Los testigos indicaron que el procesado les explicó que para cantar gospel «debéis sentir como un esclavo» y que de esta forma supuestamente controlaba la vida de sus alumnos y les decía cómo deben vestir, peinarse o qué relaciones debían tener.

Entre los ejemplos de presunta humillación que han relatado las víctimas está que sufrían golpes de otros compañeros para «aprender a crecer como persona», las humillaba en público haciéndoles salir en terapias de grupo para fomentar la cohesión, obligaba a una alumna a limpiar su piso y cuidar de su hijo y otros le hicieron la reforma de lo que debía ser la futura sede del Institut pero se convirtió en su domicilio. Por petición de su abogado, el procesado declarará el próximo jueves, último día del juicio. La primera sesión del juicio acabó este martes por la tarde, tras escuchar a numerosos testigos y víctimas.

En su declaración, las víctimas indicaron que encontraron un grupo de gente como ellas en el grupo y por eso decidieron quedarse pese a sufrir las humillaciones y sentirse marginadas. Todas tenían un mote y que en algunos casos era despectivo. Aguantaron hasta 2009 ya que entonces se enteraron de una relación que tuvo el procesado con una de las alumnas y decidieron salir del grupo. Algunas han seguido vinculadas a la música y han participado en grupos como All Green que quedó finalista en un programa de Tv3.

En la sesión del juicio las víctimas han explicado que al procesado se le trataba de “excelencia” o “señor” mientras eran menores de edad y que mientras existía una gran coral de 150 personas luego habían grupos más reducidos en los que estaban las denunciantes y que junto con el procesado hacían actuaciones así como concentraciones cada año para hacer terapia de grupo o ejercicios como contar las piedras de una catedral, mirar durante horas un árbol o una vela. Además, han explicado que el procesado las obligaba a ir a misa, comulgar y a leer libros de religión, ya que el gospel es una música espiritual, y si se negaban les imponía una cuarentena o congelación, que consistía en un castigo de estar 40 días sin decir tu opinión al grupo. También se metía con las relaciones que tenía cada alumno y supuestamente les prohibía explicar lo que pasaba a las familias. “Una vez tuve un castigo por no ir a un ensayo por celebrar un aniversario familiar”, relató una de las víctimas.

Algunas de las experiencias de cohesión grupal, en las que unas a otros se insultaban, se agredían o expresaban sus miedos en voz alta, acababan con algunos alumnos llorando o con ataques de ansiedad, y no podían negarse a estas órdenes. Las víctimas han relatado que el acusado presuntamente les obligaba a explicar confidencias que luego utilizaba para denigrarlas en público y hacer chantaje emocional.

«Si hacíamos algo que no le gustaba nos ponía delante de todo el grupo y animaba a los demás a insultarnos», explica una de las denunciantes, que recuerda las humillaciones sufridas durante años, incluso hubo gente que llegó a pegar. «Te hacía sentir especial y te encargaba responsabilidades: aunque no tuvieses ni idea de música nos ponía a dirigir coros de gente que se apuntaba al instituto y todo debía salir perfecto, sabiendo que habrían represalias», explicaron las afectadas a este medio cuando denunciaron el caso en 2012.

El procesado montó un negocio alrededor del canto del gospel gracias al apoyo incondicional de un grupo de personas. Algunas habían estado más de una década con él y se habían convertido en imprescindibles en todos los aspectos comerciales: pegada de carteles, venta de un número determinado de entradas o ir a promocionar actuaciones en grandes eventos. Incluso en conciertos importantes, en las que venían grandes intérpretes, el procesado cobraba entrada a sus propias cantantes, según explican ellas mismas. «Te decía que tú también disfrutabas del espectáculo aunque fuese desde el escenario».

El Institut de Gospel de Barcelona llegó a tener hasta 250 alumnos aunque sólo los grupos más cercanos sufrían estas vejaciones. «Una vez caminamos juntos por un prado a 40 grados al sol que provocó varias insolaciones». Aseguran que recibieron amenazas o coacciones si desobedecían y «sufrías un escarnio ante el grupo». Entre las prácticas denunciadas están los «juegos» a los que sometía a algunas personas, entre ellas menores, como «pagar para que se dieran besos en la boca».

En la causa hay un estudio pericial realizado por el psicólogo Miguel Perlado que ha evaluado a las víctimas. Perlado, presidente de la Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico, explicó que el Institut «tenía un funcionamiento más sectario que no como escuela de música» y que algunos afectados han sufrido estas supuestas vejaciones «en la adolescencia, cuando se está formando su personalidad», por lo que han podido resultar más dañados.