El Mundo (España), Lucas de la Cal, 25.11.2016

El vaso de chupito medio lleno contiene ayahuasca. Parece chocolate espumoso. Con el primer trago entra un cosquilleo por detrás de las orejas. El sabor no es agradable. En media hora, la acción de este brebaje indígena activa un estado de percepción parecido al de un sueño. El doctor en Antropología y Etnopsicología, José María Fericgla, dice que esta bebida abre las puertas de la consciencia para acceder a lo inconsciente, lo que provoca una visión del estado interno de la persona. La del periodista que la prueba es un viaje por los emotivos recuerdos de su infancia a través de la visión del fuego de la chimenea de la casa de sus abuelos. La voz de mujer que escucha en su interior le dice que continúe siendo feliz.

Esa voz interior fue la que convenció al español Marcos a dejar la cocaína. Lo hizo en una comunidad llamada el Cielo de Mapia en el Amazonas brasileño. “Pude ver todo el daño que le estaba haciendo a mi familia por culpa de las drogas”, explica. La misma voz consiguió en la selva peruana que el veterano de guerra norteamericano, Ian Benouis, no se suicidara por el trastorno que sufría tras volver de Irak. Y también logró en la prisión de la ciudad brasileña de Ji-Paraná que 80 convictos se reinsertaran en la sociedad. Como Nelson, que dejó de robar a punta de pistola para dedicarse a tapizar sofás.

El uso de la ayahuasca está de moda. Tanto en el terreno científico como en el espiritual y como medicina de moda en la new age de la comunidad terapéutica. El primer vegetal con el que se prepara es una liana llamada Banisteriopsis Caapi. El segundo ingrediente, la Chacruna (Psychotria viridis), es un arbusto que contiene dimetiltriptamina (DMT), un compuesto natural psicoactivo que induce a tener visiones. Este provoca un estado de conciencia alterada que ayuda a muchos psiquiatras y psicólogos a tratar trastornos de estrés postraumáticos, depresiones, problemas emocionales, comportamientos delictivos y adicciones a las drogas. Pero esta sustancia es la que hace que la ayahuasca viva actualmente en una ambigua situación legal. Está prohibida por el Convenio sobre Substancias Psicotrópicas de las Naciones Unidas desde 1971. Pero la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), organismo de control de drogas de la ONU, explica en uno de sus últimos informes que algunos preparados herbales como la ayahuasca no están sometidos a esta fiscalización.

Como sacramento religioso, su uso en iglesias amazónicas se está expandiendo cada vez más por todo el mundo. En España, el primer contacto que hubo con ayahuasca fue hace 30 años cuando la religión amazónica del Santo Daime fundó su primera iglesia en Madrid. Ahora, cada vez se hacen más ceremonias por todo el país de forma organizada. La demanda para tomar este brebaje ha crecido notablemente, en el contexto religioso y en los múltiples retiros espirituales.

Aquí, es ilegal su importación, pero desde 2003, siempre dentro de un consumo controlado en un contexto amparado por la libertad religiosa, se permite su uso. Lo mismo pasa en Italia. En otros países como Francia o Bélgica está totalmente prohibida.

La bebida se prepara en una decocción de sus dos componentes vegetales. Los que siguen la tradición chamánica recolectan las plantas en luna llena, se limpia la corteza y se pone a hervir alrededor de 12 horas en 50 litros de agua. Según el doctor Fericgla, hay 5.000 recetas indígenas para hacer esta infusión.

Olvidar la guerra

Para llegar a la fuente de esta historia hay que coger tres aviones desde Madrid y volar hasta la ciudad brasileña de Río Branco, puerta de entrada al Amazonas y tierra del popular líder ecologista Chico Mendes. Allí, en la Universidad Federal de Acre, se celebró el pasado octubre la II Conferencia Mundial Sobre Ayahuasca. Un evento organizado por la Fundación ICEERS, una institución científica con base en Barcelona, asesora del Consejo Económico y Social de la ONU, que estudia plantas psicoactivas tradicionales y su uso como herramienta terapéutica.

La primera conferencia se celebró hace dos años en Ibiza, y estuvo patrocinada por la UNESCO. Uno de los artífices de estas jornadas que duraron una semana es Óscar Parés, filósofo y antropólogo con un máster en Drogodependencias por la Universidad de Barcelona. “Ahora, en el mundo de la ayahuasca, se mueve gente muy diversa. Ha llenado un vacío en nuestra sociedad al que acuden personas con diferentes motivaciones, ya sea buscando espiritualidad, una medicina o una experiencia”, explica Óscar.

Cerca de 700 personas han acudido este año para escuchar las ponencias de más de 100 expertos de todo el mundo que expusieron distintos puntos de vista y usos de la ayahuasca. Desde médicos, antropólogos, farmacólogos, psicólogos, hasta representantes de la mayoría de las tribus indígenas que poblan la cuenca amazónica en Sudamérica.

Entre ellos encontramos a un chamán peruano que ayuda a curar las pesadillas de la guerra. Se llama Carlos Llenera y en el Amazonas de Perú tiene un proyecto para tratar las depresiones y el estrés postraumático de los veteranos de guerra de Estados Unidos a través de la ayahuasca. Un problema para el país ahora presidido por Donald Trump que, en su primer discurso como presidente, prometió que ayudaría a estos soldados en su recuperación. Porque es demasiado común que miles de veteranos empiecen una guerra interna que acaban perdiendo. Se calcula que cada día 22 de ellos se suicidan. “Es una trágica epidemia nacional”, dijo el ex presidente Barack Obama.

“La ayahuasca es una terapia muy fuerte para ellos, porque por la cabeza reviven tanto los disparos y recuerdos como a los compañeros que perdieron en la guerra. Pero es efectiva porque gracias a la planta pueden expulsar todos esos malos recuerdos, hacerse una limpieza espiritual y apreciar la vida”, explica Carlos. Su proyecto empezó hace un año cuando conoció a Ian Benouis, un ex piloto de la armada norteamericana de Austin. “Le invité a hacer un ritual. El hombre estaba destrozado por toda la gente inocente que había matado en la guerra, lloró desconsoladamente durante toda la ceremonia, y al acabar se sentía aliviado y motivado, como renacido”, cuenta Carlos. Tanto le gustó la experiencia a Ian, que convenció a varios de sus compañeros a ir a Perú para hacer retiros espirituales con ayahuasca y dietas para limpiar el cuerpo. Desde entonces, Carlos ya ha recibido tres grupos de 25 veteranos. “Es una buena y rápida forma de tratar traumas emocionales. Y funciona mejor que cualquiera de las pastillas contra la depresión que nos han dado”, asegura el ex marine Ryan LeCompte.

El próximo proyecto de Carlos es adaptar el centro en medio de la selva para tratar a los ex veteranos mutilados. Incluso, el popular canal de televisión norteamericano HBO, se ha puesto en contacto con él para grabar un documental.

El siguiente viaje a través de la ayahuasca terapéutica lo hacemos a la prisión de la ciudad de Ji-Paraná, en el estado brasileño de Rondonia. Allí, psicólogos de la ONG Acuda, llevan desde 2012 realizando ceremonias chamánicas con esta bebida para los reos. Dicen que es efectivo para su inserción en la sociedad. “De los 200 presos que hemos tratado, 80 ya están fuera de la cárcel reinsertados perfectamente”, explica Edilsom Fernandes da Silva, uno de los padres del proyecto. “La ayahuasca y su combinación con prácticas como la meditación, el yoga o el reiki, han sido más eficaces que los otros tratamientos psicológicos convencionales que habíamos probado”.

Nelson cumplió ocho años de condena por varios robos. Fue de los presos que salía de la cárcel una vez al mes para ir a la iglesia del Santo Daime, una religión sincrética amazónica que combina tradiciones indígenas, cristianas, africanas y espíritas. En sus ceremonias se toma la bebida a modo de sacramento invocando un propósito en el momento de la ingesta. “Gracias a ella pude ver que había escogido el camino equivocado”, cuenta Nelson. Lo mismo dice Celmio, que cumplió condena por asesinato. “Pude comunicarme espiritualmente con mi víctima y pedirle perdón”.

Nuestra última parada es el lugar donde muchos españoles con problemas con las drogas -entre ellos varios actores y músicos conocidos- han acudido a desintoxicarse. Se llama el Cielo de Mapia, una pequeña y ordenada comunidad situada junto a uno de los grandes afluentes del río Amazonas, al sur de la selva brasileña. Desde 2001 hasta 2009, el reputado psiquiatra catalán experto en adicciones y director de la clínica CITA (Centro de Investigación y Tratamiento de las Adicciones), Josep María Fábregas, abrió un exclusivo centro de desintoxicación en medio de la floresta, en un lugar llamado Prato Raso. Aquí empezó a tratar con ayahuasca a personas enchanchadas por la cocaína y la heroína. Una de sus conocidas pacientes fue la escritora Giovanna Valls, hermana del primer ministro francés Manuel Valls, que dejó allí su adicción para siempre tal y como lo explica en su libro autobiográfico Aferrada a la vida.

Desintoxicarse en la selva

En un precioso paraje natural y salvaje rodeado de varias cabañas de madera, grupos de 13 personas se desenganchaban de sus adicciones haciendo capoeira, meditación, largos paseos a pie y en canoa y trabajos con ayahuasca cada sábado acompañados de música. Todo supervisado por un equipo de médico, psicólogo, antropólogo y terapéuta.

Ahora, el centro de rehabilitación más conocido en todo el mundo es el de Takiwasi, La Casa que Canta, en la ciudad peruana de Tarapoto. Está dirigido por el médico francés Jaques Mabit, uno de los fundadores de Médicos sin Fronteras e investigador de la medicina tradicional amazónica. “Esta sustancia, cuando se toma en condiciones adecuadas, permite al paciente visualizar su mundo interior y conocerse a sí mismo en forma de visiones, sensaciones, percepciones, una agudización de la inteligencia y capacidad crítica”, dice Mabit.

“Para los indios, las enfermedades son como espíritus, como posesiones que pasan por nuestros cuerpos y pueden llegar a someterlos, como es el caso de las drogas. Con la ayahuasca, el individuo consigue librarse de esas posesiones y volver a encontrarse y fortalecerse en sí mismo”.

El uso de la ayahuasca, acompañada de un tratamiento psicoterapéutico y de una dieta orgánica, está creciendo por todo el planeta y los científicos están empezando a cosechar datos y estudios que pueden cambiar el enfoque de ciertos tratamientos.

¿Droga o medicina?

El calificativo que acompaña a la ayahuasca cambia dependiendo de a quién se le pregunte. Los indígenas dicen que es su planta de poder, una medicina muy potente. Los científicos, dos cosas: una sustancia que altera la consciencia y que mal usada puede ser peligrosa, o una droga que sirve para luchar contra otras drogas. Tal vez todos tengan razón.

José Carlos Bouso es psicólogo clínico y doctor en Farmacología. Es director de Proyectos Científicos de la Fundación ICEERS y ha realizado estudios sobre sus efectos a largo plazo. “En Brasil hicimos un estudio analizando las variables neuropsicológicas de dos comunidades. Una era ayahuasquera con más de 15 años tomando la sustancia y la otra no. No encontramos ningún déficit psiquiátrico en la primera, incluso encontramos mejorías en variables. No había daño neuronal y esto lo comprobamos en estudios en Barcelona”, explica Bouso. “Pero tiene un sesgo. Las personas que lo siguen tomando es porque les sienta bien. No sabemos qué habrá pasado con las que lo dejaron. Hay que ser consciente también de que es un fármaco muy potente que puede tener efectos adversos para personas con problemas psiquiátricos, como la psicosis o paranoia”.

La polémica sobre su uso nace a raíz de algunas denuncias por abusos sexuales durante ceremonias con esta sustancia. “En Colombia, detuvieron a un hombre que se hacía pasar por un médico indígena y se aprovechaba del estado de vulnerabilidad de las víctimas. Hay personas que hacen una mala praxis, pero siempre son casos aislados”, cuenta Alhena Caicedo, antropóloga de la Universidad de los Andes.

Otro de los problemas a los que se enfrenta la ayahuasca es el proceso de banalización en el que se encuentra. Llamémosle negocio o moda. Cada vez más indígenas amazónicos (y blancos europeos) se hacen pasar por chamanes para vender ayahuasca al occidental. “La sustancia se ha globalizado de forma increíble. Ya no está en la selva, sino en internet. Una especie de reclamo comercia”, explica Marc B. Aixalà, psicólogo experto en Psicología Transpersonal y Respiración Holotrópica.

En España, el primer contacto que hubo con ayahuasca fue hace 30 años, cuando la religión amazónica del Santo Daime fundó su primera iglesia en Madrid. Ahora, cada vez se hacen más ceremonias por todo el país y en Europa de forma organizada. La demanda para tomar este brebaje ha crecido notablemente, en el contexto religioso y en los múltiples retiros espirituales. Sin embargo, la ayahuasca vive en una ambigua situación legal.