El País (España), Reyes Rincón, 9.11.2016

El Tribunal Supremo ha condenado a un hombre a tres años y medio de prisión por estafar a una mujer que había acudido a él como curandero. El acusado le convenció, entre otras cosas, para que le comprara tres vehículos y le diera el dinero de la venta de su casa con la promesa de que iban a servir para pagar a curanderos en el extranjero que le iban a tratar de los males que, según él, padecía. El Supremo ha incrementado la pena de dos años de prisión impuesta por la Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife por un delito continuado de estafa al entender que a los hechos merecían que se impusiera la pena agravada prevista en el Código Penal.

La relación entre el acusado, de 45 años, y la mujer comenzó en 2010, cuando ella llamó a una línea telefónica 806 relacionada con el esoterismo. Al otro lado del teléfono le atendió una mujer que le ofreció los servicios de curandero de su hijo, el ahora condenado Anastasio Ferrero. Según los jueces, este fue ganándose la confianza de la mujer prometiéndole ayuda. Primero, le convenció para que le diera dinero, entre 1.500 y 1.900 euros, en distintas ocasiones. El hombre viajó, con gastos pagados por ella, desde Cuenca, donde residía, a Tenerife para hacerle supuestos «tratamientos» de ciencias ocultas. Poco después, la convenció para que fuera ella la que se desplazara a Cuenca y, una vez allí, consiguió que ella comprara varios bienes que, supuestamente, iban a ser enviados a curanderos de otros países.
En el plazo de cinco meses, la mujer firmó la compra de tres vehículos: un Volkswagen Tuareg por 33.139,61 euros, que inicialmente se puso a nombre de la víctima, pero luego fue transferido a una empresa propiedad del condenado y su mujer, que también estaba acusada, pero a la que los jueces han absuelto; un Mercedes Benz por 22.463 euros (tras rebajar el precio entregando un coche viejo) que se puso a nombre de la víctima, aunque se lo quedó el estafador; y una moto Suzuki DRZ400 por la que la mujer pagó 9.046 euros y de la que el hombre también se apropió.

Además, el acusado convenció a la mujer para que le otorgase un poder ante notario que le autorizaba para vender su casa, lo que efectivamente hizo. La vendió por 125.000 euros, de los que 69.922 se emplearon para amortizar la hipoteca que tenía ella suscrita, 3.000 correspondieron a la comisión de la inmobiliaria y el resto (casi 52.000) se los llevó el acusado. En total, entre cantidades entregadas en metálico y la compra de bienes, el acusado estafó a la mujer 109.527,68 euros.

La sentencia da por probado que la víctima padece un trastorno mental catalogado como “trastorno de ideas delirantes”, una forma poco frecuente de psicosis caracterizada por la presencia de un fuerte delirio. En el caso de la mujer víctima de la estafa, a esta enfermedad se le suma una creencia muy arraigada en las ciencias ocultas y la brujería. «Sus interpretaciones delirantes la hacen especialmente vulnerable, ya que sus propios delirios la convierten en una persona fácilmente manipulable», señalan los jueces, que advierten que esos padecimientos «eran conocidos y fueron aprovechados por los acusados de forma consciente y deliberada para doblegar su voluntad y viciar su consentimiento mediante el engaño».

El Supremo ha desestimado los recursos del acusado contra la sentencia impuesta por la Audiencia de Tenerife, pero sí ha admitido parcialmente el del fiscal, que pedía que se impusiera el grado agravado de pena prevista en el Código Penal para los delitos de estafa superiores a 50.000 euros. «No cabe duda de que las sucesivas acciones de engaño emprendidas por el acusado se integraron en un mismo plan delictivo (conseguir entregas no justificadas de dinero abusando de su ignorancia y credulidad)», señalan los jueces, que han anulado la sentencia de la Audiencia y redactado otra nueva. Los magistrados sí mantienen la cuantía de la indemnización impuesta a Ferrero para su víctima y que asciende a la totalidad de la cantidad que le estafó: 109.527, 68 euros.