El Economista (España), 13.02.2016

La rebeldía y el fanatismo están a un solo paso en la adolescencia, una etapa en la que la vulnerabilidad de los jóvenes puede convertirlos en víctimas de ideologías radicales, alertan los psiquiatras, que analizan cómo el sistema educativo puede actuar, a veces, como “vivero” de fanatismos nacionalistas o religiosos. Un experto asegura que un 5% de los jóvenes a nivel global podrían desarrollar estas conductas.

Durante las Jornadas “Fanatismo, Identidad y Adolescencia”, organizadas por los hospitales Niño Jesús y Clínico San Carlos, junto a la Asociación Psicoanalítica de Madrid, expertos clínicos han debatido en torno a esa etapa de construcción de la identidad, que puede adquirir una dimensión conflictiva.

¿Cuáles son las razones por las que un adolescente llega a ser fanático, identificándose con el Ejercito Islámico, por ejemplo?

“La cosa es mucho más simple de lo que se piensa”, explica el psiquiatra Manuel de Miguel, coordinador de estas jornadas, quien recuerda que durante la adolescencia se construye lo que seremos más adelante. “Es una etapa muy especial, pero también muy angustiosa para los jóvenes”.

Durante ese periodo, “son víctimas muy propicias para cualquier tipo de ideología, se llenan de signos de identidad, se hacen tatuajes, y a veces la mayor parte de las atrocidades que pueden cometer los adolescentes tienen por objeto la búsqueda de la notoriedad”.

Reforzando la identidad
Para el experto, es “absolutamente fácil” encontrar ideas terroristas o de pertenencia a un club o una secta, “y en la adolescencia los jóvenes son especialmente sensibles a adscribirse a ese tipo de aspectos ideológicos o de pertenencia a sectas que vayan a reforzar su identidad y que les haga sentirse más fuertes e importantes”.

“Es importante transmitir a la sociedad estas situaciones de riesgo, en momentos como el que estamos viendo y que vemos cómo los sistemas educativos se convierten en viveros de fanatismo nacionalista o de fanatismo religioso, que van a condicionar sus vidas”, opina.

Y el riesgo es alto para los menores que se sienten frágiles, advierte el especialista, quien plantea la necesidad de acercarse a ellos con un “lenguaje natural y comprensivo”, porque “a veces son más accesibles de lo que se piensa, especialmente cuando todas estas cosas no se han consolidado todavía”.

“¿Cómo atajar estas conductas? Hay que estar muy atentos desde el cariño, la comprensión, para tratar de orientarles, porque es un momento fundamental la adolescencia, y se puede hacer muchísimo”, propone.

Durante su intervención en el congreso, el psiquiatra francés Alain Braconnier, del Centro Phillipe Paumelle de Paris, ha expuesto que “la adolescencia puede ser un periodo clave en la consolidación de las vías hacia la violencia y el fanatismo porque muchos de los fenómenos psíquicos específicos de la adolescencia lo facilitan”.

“En el proceso de metamorfosis hacia una nueva identidad deben pasar, necesariamente, por la idealización apasionada y rompedora de nuevos modelos (de ideas, relaciones) que rechazan con violencia lo que anteriormente han aceptado y que ahora les parece un sometimiento alienante a figuras familiares bruscamente desvalorizadas”, ha explicado Braconnier.

La prevención desde el inicio de la adolescencia es esencial para evitar los riesgos más graves de caer en esas situaciones extremas, que se dan ya entre los 18 y los 22 años, una vez pasado ese período pues es “cuando se enfrentan con el éxito o el fracaso de la construcción de su identidad”, explica el doctor De Miguel.

“Es cuando se dan las crisis más graves y psicóticas, como el suicidio o las salidas aberrantes hacia movimientos que se adscriben de manera definitiva, como las sectas o los grupos terroristas”.

Para el especialista, es difícil saber cuántos jóvenes desarrollan esas conductas, aunque estima que podría aproximarse al cinco por ciento de la población global de jóvenes.

El médico advierte de la importancia del sistema educativo, que “en algunos territorios se convierte en vivero de fanáticos”.

Para este experto, poco ayuda la “diversificación del estado español y de las materias curriculares” en el sistema educativo. “Tengo la idea de que muchas veces en las escuelas hay enseñanzas muy sesgadas, donde se fanatiza más que se integra”, ha opinado el psiquiatra.

A su juicio, es preciso “trasladar al sistema educativo la responsabilidad ética y técnica, para que los profesionales sepan con lo que están jugando y lo que están construyendo, que es algo más que individuos con conocimientos técnicos, sino también identidades en las que están influyendo”.