Levante-EMV (España), I. Cabanes, 1.02.2016

La Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia ha absuelto al vidente acusado de estafar 77.000 euros a un cliente que acudió a él para recibir asesoramiento por un supuesto «maleficio sentimental» por el que no encontraba pareja. Según refleja la sentencia, el «carácter burdo» del engaño impide que se pueda considerar lo ocurrido como constitutivo de un delito de estafa. Además, no han quedado acreditados los pagos que el denunciante asegura haber abonado al acusado.

El Ministerio Fiscal solicitaba para José Antonio A. G., que tenía una consulta como «vidente, mago, médium o adivino» en pleno centro de Valencia, una pena de seis años de prisión por un delito continuado de estafa. Aunque la sentencia considera probado que entre diciembre de 2012 y abril de 2014 el denunciante, un piloto comercial, entabló un relación de amistad con el acusado y le entregó diversas cantidades de dinero, «no ha quedado acreditado el importe ni el concepto de dichos pagos y si éstos respondían a los supuestos trabajos y poderes adivinatorios del imputado».

Asimismo, la sentencia hace hincapié en que para contemplar un delito de estafa debe haber un «engaño bastante», es decir, que la maniobra de fraude debe «revestir apariencia de seriedad y realidad suficientes». Algo que no se observa en este caso en concreto, donde el denunciante esperaba que con sus pagos dicha persona le quitara un supuesto maleficio que le impedía mantener una relación sentimental.

De igual forma destaca el perfil del supuesto estafado, un joven piloto, con un nivel intelectual medio-alto, con estudios universitarios, conocimientos empresariales y un alto nivel adquisitivo». «Vivimos en el siglo XXI y el ciudadano medio tiene un nivel de información enorme sobre este tipo de negocios basados en predicciones, adivinos y videntes, no pudiendo alegar una confianza ciega e irracional», aclara el juez. Incluso saca a relucir la «generosidad» del denunciante, que «se traduce en un claro desprendimiento de su patrimonio sin exigir ningún tipo de garantía». Por todo ello y por no haber tenido «una mínima diligencia exigible» no puede hablarse de estafa y se absuelve al vidente acusado.