La Tarde (Colombia), Iván Tabares, 17.09.2015

Su discurso básico se puede resumir así: “quienes hemos predicado las doctrinas esotéricas y espirituales, hemos encontrado en el desarrollo de la filosofía y la ciencia una ratificación de nuestras creencias”. Algunos de ellos han conformado una “comunidad cuántica” para simbolizar con ese título que la mecánica cuántica es la prueba de validez científica de sus misterios. Si los físicos dicen que en el mundo del electrón, el investigador produce modificaciones, los nuevos brujos sacan conclusiones extravagantes sobre el poder de la mente y predican que ya no es necesario ir al médico porque con un poco de meditación y oración podemos curar el cáncer. Asesinos.

Si aparece en YouTube un investigador planteando que la teoría de cuerdas nos puede llevar a una fuerza misteriosa que podríamos postular como Dios, los esotéricos deliran y corren a contar a sus ingenuos seguidores que por fin tenemos la prueba que hacía falta. Siempre encuentran la teoría que explica la resurrección de Jesús, las otras dimensiones que se presentaron en la Transfiguración y las energías cuánticas usadas por Jesús en cada uno de sus milagros. ¿Acaso la definición de energía no es la misma que usábamos para el espíritu: algo que no vemos pero que produce efectos en el espacio-tiempo? Charlatanes.

Los nuevos brujos, cuyo objetivo real es violar niños o adultos y/o llenar sus bolsillos con las limosnas de los tontos, tienen algunos conocimientos elementales de filosofía, suficientes para deslumbrar a los ignorantes. Citan divulgadores mediocres como Lou Marinoff, a los clásicos griegos y hasta definen la Hermenéutica, pero no se atreven buscar el respaldo de L. Wittgenstein o de otros que han dejado sin piso sus ridículas elucubraciones. En fin, los brujos saben un poco de todo aunque, al final, nada de nada. Parecen querer repetir la odisea de la Cienciología que también fue creada por un ignorante y que hoy seduce a los ricos de Bogotá que solo sueñan con tomarse una foto al lado de Tom Cruise.

Como el Ministerio de Educación en mala hora le fue entregado a una política y no a un técnico, nada se hará para enfrentar este negocio sucio. Los colombianos seguirán leyendo libros basura que hablan de metafísica, de superación personal y de la comunidad cuántica en la versión de los nuevos brujos. Y las redes sociales aprobarán con “me gusta” o “amén”. Si alguien te habla de Dios, cuida tu bolsillo y a tus hijos.