Diario de Pontevdra (España), María Boullosa, 20.02.2015

La denuncia pública del Consejo General de Enfemería contra la actividad de las doulas ha puesto de actualidad la figura de esta acompañante durante el embarazo, que Diario de Pontevedra ha querido conocer más de cerca.

Lupe Barbosa ejerce como tal desde hace varios años y en la actualidad atiende a seis mujeres gestantes del área de Pontevedra. Dice que su labor se limita al «acompañamiento emocional» de sus clientas y que, por ello, se siente «molesta» con las críticas que está recibiendo el gremio por parte de sus detractores. «No diagnosticamos, no prescribimos ningún medicamentos ni hacemos nada que sea fisiológico, tan solo practicamos el arte de acompañar con palabras e información», defiende.

Lupe asegura que para ella y para muchas compañeras la actuación de la matrona «es fundamental» y que en ningún caso las doulas suponen una competencia, «sino más bien un complemento» de la asistencia sanitaria: «No somos intrusas y dejamos hacer el trabajo a los demás, de hecho, las mujeres a las que asisto compaginan mi asistencia con la matrona y los cursos de preparación de la Seguridad Social».

Asevera también que no conoce a ninguna compañera que ejerza como matrona, aunque no duda en puntualizar que sí está al corriente de «negligencias en el hospital y de un caso muy cercano de parálisis infantil».

TÉCNICAS
Lupe admite que en el sector se llevan a cabo prácticas distintas, pero dice no entender el torrente de críticas que están cayendo sobre el gremio. Según advierte, «las doulas no somos ninguna secta satánica» y lo que ha desatado la confusión es que «la gente habla sin conocimiento». «Hay prácticas como el nacimiento en loto, que consiste en dejar al bebé con el cordón unido a la placenta hasta que ésta se seque, pero eso lo hace quien quiere, nosotras no lo ordenamos. Los judíos también guardan el cordón umbilical y en la cienciología se comen la placenta y nadie les acusa de ser caníbales», recrimina.

Defiende que las doulas poseen «formaciones alternativas y conocimientos» en la materia, pese a carecer de una titulación homologada. En su caso se formó en A Coruña en el año 2009 para obtener el título «no reglado de doula» y está especializada en la gimnasia hipopresiva, una modalidad que permite recolocar el suelo pélvico. «Hay otros compañeros que tienen conocimientos en hipnoparto o en yoga y que pueden ponerlos en práctica, pero nunca hacemos nada que no sea competencia nuestra», añade Lupe.

El coste de los servicios también es otro de los puntos en los que discrepa de la opinión de los díscolos pues, según dice, sus tarifas se alejan de las cantidades que han trascendido y oscilan entre los 220 y los 420 euros. La más económica es para las mujeres que asisten a las sesiones de grupo, que se celebran dos veces a la semana en sus instalaciones (ubicadas en Vigo). La más cara es para las féminas que quieren contar con un acompañamiento individual durante toda la semana. En ambos casos el servicio comienza «cuando la madre quiere», incluye el acompañamiento en el momento del parto y finaliza tiempo después con sesiones de recuperación.

Dar a luz en casa implica el abono de unas cantidades extra por la asistencia de entre una o dos matronas. Sin embargo, en este caso Lupe prefiere reservarse el dato «porque hay precios muy variados» y considera que no es tarea suya poner números al servicio. Lo que sí detalla es que las clientas que deciden parir en casa son las menos «porque no todo el mundo tiene disponibilidad para pagar» la asistencia de las matronas.

En su caso su labor consiste en atender los problemas emocionales de la mujer embarazada y otras dificultades, como pueden ser los problemas de lactancia o las dudas de «cómo afrontar el día a día después de tener un hijo». Además, trata el miedo al dolor y al parto con la experiencia previa de ser madre. «Un ginecólogo sabe cómo es una contracción a nivel técnico, pero vivirla en el propio cuerpo no tiene nada que ver», alega.

Dice que cada mujer «es un mundo», aunque a todas recomienda llevar el embarazo con «mucha tranquilidad y de forma muy positiva, porque va a ser el momento más maravilloso de su vida».

Las matronas del Provincial responden: »La actividad intrusa e ilegal que desarrollan de forma lucrativa es deleznable y denunciable»

Lejos de permanecer en la retaguardia, las matronas de Pontevedra prometen «alzar la voz donde haga falta y donde quieran escucharnos» para advertir a la comunidad de los riesgos que creen que implica la contratación de una doula.

El «motivo más poderoso» que les lleva a poner freno a esta actividad es la participación de «gente sin formación reglada, que se atreve a dar información sin responsabilidad ninguna, y lo que es más grave, sin medir las consecuencias derivadas de sus actos», advirtió ayer la supervisora de la Unidade de Partos e Urxencias Obstétricas del Hospital Provincial, Marcela Claudia Amondaray.

Esta profesional lleva más de 20 años asistiendo partos y ejerce de portavoz de las 15 matronas que trabajan en el Provincial a la hora de denunciar el «intrusismo» que creen que están cometiendo las doulas en el área de Pontevedra, sobre todo en Vilagarcía de Arousa o en Vigo, «donde estamos asistiendo a una auténtica plaga».

Las matronas aprueban que una mujer elija un apoyo emocional en esta etapa de su vida, pero advierten de que no van a tolerar que «estos personajes de invención rápida se autodefinan como asesoras sanitarias del embarazo, el parto, la lactancia y la crianza». «No son personal sanitario y ni tienen títulos oficiales acreditativos, tan solo les gusta el tema y se leen cuatro revistitas de bebés y mamás. Las matronas, en cambio, estamos regularizadas a través del Ministerio de Sanidad y llevamos 15 años de duro esfuerzo para mejorar la asistencia durante los nacimientos», reivindica Amondaray.

TÉCNICAS PELIGROSAS
Lo más peligroso que vislumbran en el asesoramiento de las doulas es que «animan a las mujeres a ponerse en situaciones de riesgo», como cuando aconsejan seguir adelante con el embarazo a pacientes con un cuadro clínico desfavorable. Según advierte Amondaray, algunas doulas llegan a emplazar a gestantes con bolsas rotas a permanecer en su domicilio a base de hierbas y solo cuando ven que la paciente «tiene fiebre o la cosa se pone fea, la derivan a un hospital para que lo solucionemos los profesionales sanitarios».

Las prácticas que realizan algunas doulas no se libran de las críticas del gremio de las matronas. En la opinión de la supervisora, «inducir la placentofagia (comer su propia placenta) es fomentar la involución humana», y ofrecer partos estilo loto, en los que el bebé permanece unido a la placenta durante una o dos semanas, «es algo absolutamente místico e irracional».

«No debemos entrar en descalificaciones, pero a las cosas se les llama por su nombre y aquí hay un claro intrusismo profesional (…). Si la mujer elige tener apoyos emocionales fuera de su entorno familiar no nos vamos a oponer, al contrario, bienvenido sea, pero creo que la actividad intrusa e ilegal que están desarrollando de una manera absolutamente lucrativa es deleznable y denunciable», recriminó la supervisora.

A tenor de sus palabras, las comadronas no van a permitir que las doulas «infundan miedo» a las mujeres gestantes y a sus parejas «demonizando» su figura «con el único objetivo de poder cobrar un dinero que bien podría considerarse una estafa y un riesgo irreparable para la salud de la madre y la de su propio hijo». Así, advierten de que elevarán su voz alto y claro para alertar a la sociedad sobre las «consecuencias irreparables» de ponerse en manos de «esta gente, que dice llevar buenas intenciones y encubre las ganas de ganar dinero fácil».

El único punto en el que coinciden las sanitarias con las doulas es que durante muchos años hubo escasez de matronas, «lo que repercutió de manera significativa en los nacimientos». Lo que no toleran es que utilicen sus debilidades y hagan de ello su propio negocio. «Si tienen tanto interés en el mundo de la gestación, el nacimiento y la maternidad, que se unan a la nuestra lucha, porque llevamos muchos años intentando dignificar el proceso y ponerlo en el nivel asistencial que se merece», sentencia Amondaray.