Religión en Libertad (España), José M. Vidal, 16.02.2015

Francisco no quiere “cupos” en la Curia. Por eso, el documento sobre la reforma del aparato vaticano, al que ha tenido acceso RD, postula, en su número 13, que “hay que detener inmediatamente la tendencia de asociaciones, movimientos eclesiales e instituciones religiosas, a ocupar oficinas y puestos en los Dicasterios, para conseguir ventajas particulares y no para servir a la Iglesia”.

Una clara advertencia a los movimientos eclesiales, cuya penetración en el Vaticano ha proliferado en las últimas décadas, aupados a los puestos decisores de la maquinaria vaticana por Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Hay, en estos momentos, en la Curia, un alto porcentaje de miembros de dicasterios y pontificios consejos que pertenecen al Opus Dei, Comunión y Liberación, Focolares o Kikos. Y en todos los escalafones de los diversos dicasterios: desde minutantes a presidentes de dicasterios.

De la misma dinámica han participado, durante estos años, las congregaciones y órdenes religiosas, asi como demás instituciones eclesiales. En menor medida, dado que, hasta la llegada de Francisco, los puestos curiales los copaban en gran medida los miembros de los movimientos neconservadores.

El número trece del documento de la reforma añade que también hay que “evitar la admisión de personal proveniente de ambientes eclesiales que mantienen líneas de pensamiento y de acción no equilibradas, contrarias al equilibrio que debe caracterizar precisamente a la Curia, cuya obligación es la de garantixar la comunión en la diversidad”.

Con esta medida quedarán fuera de la Curia, a partir de ahora, los miembros de asociaciones religiosas ultraconservadoras, que también se habían infiltrado en el Vaticano y habían copado puestos de relevancia en los últimos años.

De ahí que la conclusión del número 13 del documento reformista de la Curia postula que “la contratación del personal vaticano ha de hacerse siguiendo el criterio de la competencia, evitando cualquier tipo de presión externa”, con el fin de “evitar, al menos en cierta medida, este peligro”

Por otra parte, el documento de reforma curial explica el procedimiento a seguir. Postula que “sería oportuno que una comisión restringida de canonistas y de teólogos se encargue de redactar un primer esquema de nueva Constitución”.

Y añade el documento: “Este esquema debería ser enviado al grupo de los 9 cardenales para una primera evaluación. Sucesivamente podrá ser enviado a los presidentes de las Conferencias episcopales, a los Jefes de las Iglesias orientales, a los cardenales y a los dicasterios de la Curia romama, para terminar siendo discutido en una plenaria de cardenales”.

Y concluye: “Tras este iter, una comisión cardenalicia debería encargarse de redactar, con la ayuda de algún canonista, el texto definitivo, que será presentado a continuación al Papa para su aprobación”.

Parece evidente que, si la reforma de la Curia tiene que seguir todo este iter, va para largo. La primavera se retrasa.