Tribuna Campeche (México), 18.01.2015

En 3.600 pesos (210 euros) fija la vidente, con indumentaria estilo vudú, la tarifa para eliminar de su cliente “un trabajo negro provocado con tierra de panteón”. El dinero, precisa, no es para ella, sino para importar de Haití el material para sacar los males que la aquejan.

Es la rutina diaria de una de las agrupaciones esotéricas que tomaron a la ciudad de Campeche (México) como base de operaciones, con personal extranjero, originario de Chile, que a diario atiende a decenas de personas que creen en sus prédicas. Lo cuenta Tribuna de Campeche.

Servicios gratuitos… si compras

La Brújula de la Suerte, la Cruz de los Siete Poderes y Lectura del Tarot por la hermana Aly, son tres de los establecimientos o centros de ayuda espiritual a los que acudió Tribuna a investigar, y comprobó que sólo brindan sus “servicios gratuitos”si el cliente compra algún amuleto o talismán, cuyo precio oscila entre 333 y 250 pesos (entre 15 y 20 euros).

Bajo la protección de una oración y una falsa identidad, el reportero ingresó como un paciente más en uno de estos “consultorios”, como los llaman los videntes. Mientras espera la llegada de la sanadora, observa a varios campechanos que siguen a los “hermanos” en sus recomendaciones para recuperar la salud, el amor, el dinero, mejorar un negocio o simplemente para estar tranquilos.

Llama la atención entre los pacientes una quincuagenaria acompañada por un niño de unos 10 años, que intenta inyectar seguridad al nuevo visitante, diciéndole: “Te va a ir mejor. Vas a ver, desde la primera vez te sientes diferente”.

El motivo de su presencia, relata, data de septiembre de 2013. A su hija le comenzaron fuertes dolores abdominales. Los médicos recomendaron una colonoscopía, que no se concretó, porque el “hermano vidente” detectó que sus dolores se debían a un hechizo que iba dirigido a la madre, y captó la hija. Los dolores no han cesado. Aparentemente los han minimizado.

Imágenes católicas para atraer clientela

Tras larga espera entra una pareja. Un hombre rubio muy joven, cabello rizado, con ropa de marca, que saluda con acento chileno, y una mujer joven de la misma nacionalidad, alta, de cabello negro muy largo, breve cintura y con evidentes cirugías en senos y glúteos, que le dan una apariencia imponente.

La consulta es con la hermana Sofía en una habitación oscura, donde la luz natural se cuela tenuemente por la ventana, y las veladoras dispuestas en el altar donde hay imágenes de Jesucristo crucificado, el Sagrado Corazón de Jesús, San Judas Tadeo y las imágenes de la Virgen de Fátima y Guadalupe.

Después de pintar el contorno de la mano del paciente sobre una hoja de papel, la vidente comienza a interpretar las líneas. “Veo que en tu familia hay una enfermedad hereditaria, que eres de buenos sentimientos, pero te han hecho mucho daño. Ya me contaste que acabas de poner un negocio, que no marcha como esperabas a un mes de estar funcionando”.

Tras supuestamente revelar varias carencias en el plano sentimental y económico, se percata del Iphone del paciente, y analiza si porta o no alguna prenda de valor, para situarla en su nivel socioeconómico.

Procede entonces a una detección más profunda con agua y algodón. Deja a su cliente a solas frente al altar, con la encomienda de rezar seis Padres Nuestros, mientras recorre su cuerpo con el algodón, para después de un tiempo entrar nuevamente con otra vestimenta, un batón colorido y con motivos de vudú.

Pone el algodón sobre un plato de vidrio transparente. El cliente levanta el artículo y se percata que abajo hay semillas parecidas a la pimienta. Sofía regaña a su cliente y le advierte de que corre el riesgo de contraer nuevamente el mal. Mientras ora vierte un poco de agua sobre el algodón, que se va tiñendo de negro.

“Le detecto una maldad”

“¡Ay no mi hija, por Dios! Esto no me gusta para nada. ¡Virgen Santísima! ¿Lo está viendo? Tiene maldad, trabajo negro, maleficio. Para esto toman tierra de panteón, sangre y hueso de animal, ceniza de tabaco o cigarro y entierran esto a nombre de una persona para que empiece a fracasar”.

“Además tenga cuidado, porque a partir de hoy va a empezar a sentir mucha debilidad en el cuerpo. Le acabo de detectar una maldad que fue producida por una mujer que usted conoce”, afirma convencida, con gestos casi trágicos, mientras señala enfáticamente el plato ennegrecido.

Tras establecer el precio de sanación inicial en 3.600 pesos (210 euros) para importar desde Haití tres óleos, la vidente enfatiza que su servicio no tiene precio. “Sólo pagarás los materiales que se usarán en tu limpia”. Pregunta: “¿Realmente quieres ser feliz? Pues hay que hacer esto cuanto antes. ¿Puedes traer el dinero mañana?Deja un abono de lo que tengas con la secretaria”.

Quince minutos después de partir del lugar con el compromiso de regresar, surge en la mente un comentario de la hermana Sofía: “Te van a dar vómitos y diarrea, porque el mal tratará de germinar. Sabe que lo hemos detectado”.

Y efectivamente, para el reportero es necesario detener el andar y vomitar. Le surge el recuerdo de que durante el rito de limpieza le dieron a beber tres sorbos de agua de una botella que el cliente llevó, pero que la vidente abrió para él. El sabor, muy desagradable, le produjo asco, repugnancia, aversión, ataxia. La vidente argumentó que se trataba de una mala vibra.

Si bien el cliente (periodista) es una persona de buenos sentimientos, no hay enfermedades hereditarias en su familia, ni puso negocio alguno. Salvo la purga que le puso el espiritista en el agua, tampoco ha sufrido daño alguno. Anda vivito y coleando.