InfoCOP (España), 12.03.2012

Fue en los años 80 cuando se empezó a concebir el coaching como una profesión con formación en EE.UU. Desde entonces, el desarrollo y expansión de esta área ha sido notable, sobre todo en los últimos años. Un rápido vistazo a Internet nos hace comprender la magnitud de esta imparable carrera: la Web está invadida de páginas que ofrecen servicios de life coaching, executive coaching, corporate coaching, coaching de equipos, coaching transpersonal…

Superadas las críticas y el escepticismo inicial, que lo tildaban de una simple moda pasajera, y transcurridos más de 30 años desde sus primeros pasos, el coaching ha ido abriéndose camino y consolidándose como un importante movimiento en todo el mundo, secundado por una potente demanda social. Si bien inicialmente el coaching nació vinculado a la mejora del rendimiento individual de los deportistas, hoy en día, se aplica en muy variados contextos (laboral, clínico, educativo, político, jurídico, personal…) y cuenta con diferentes escuelas: la Escuela Norteamericana de Thomas Leonard, la Escuela Europea de Timothy Gallwey y John Whitmore, y la Escuela Chilena u Ontológica, de Fernando Flores, Rafael Echeverría y Julio Olalla, así como con el respaldo de potentes asociaciones, como la International Coach Federation (ICF) o el Consejo Europeo de Mentoring y Coaching (European Mentoring and Coaching Council: EMCC). Estas asociaciones proporcionan acreditaciones en coaching, determinando las competencias y la formación necesaria que deben tener estos profesionales. Así, por ejemplo, la International Coach Federation –ICF- establece tres tipos de acreditaciones: ACC (Associate Certified Coach) para coaches con 100 horas de desempeño profesional, PCC (Professional Certified Coach) para 750 horas y MCC (Master Certified Coach) para 2.500 horas.

Pero, ¿qué se entiende por coaching? ¿Cuál es la labor de esta nueva figura, denominada coach?

A grandes rasgos, el coaching se encarga de mejorar el bienestar y el rendimiento laboral y personal de los individuos que no presenten problemas clínicamente significativos de salud mental o malestar psicológico. Los coaches (personas que guían el proceso de coaching) utilizan una amplia gama de aproximaciones teóricas -cognitivo-conductuales, psicodinámicas, centradas en la solución de problemas…- y una metodología basada en preguntas, para ayudar al logro de las metas profesionales y vitales de las personas, bajo la premisa implícita de que el cliente (coachee) posee en su interior las respuestas y los medios para desarrollar las capacidades que le permitirán alcanzar estos objetivos.

Tanto el coaching aplicado al ámbito laboral (coaching ejecutivo) -centrado en el desarrollo de habilidades directivas, de liderazgo o de manejo del estrés laboral-, como el coaching personal, -que trabaja de modo más integral y global con todos los aspectos y objetivos de la vida privada, social, laboral y espiritual de la persona- están cobrando un importante protagonismo en países como Italia, Reino Unido, Australia, Alemania, EE.UU y, más recientemente, en nuestro país.

Si bien el coaching no tiene un único origen y reúne elementos de numerosas disciplinas como la filosofía, la lingüística, la biología del conocimiento o la física cuántica, la psicología ha jugado un papel fundamental en su desarrollo. Los expertos señalan que sus bases se encuentran arraigadas en la tradición de corte humanista de la psicología y están estrechamente vinculadas con el movimiento del potencial humano de la década de los sesenta y la psicología positiva (Grant, 2007). De hecho, el coaching puede entenderse como una forma de concebir y aplicar la psicología a los individuos o los grupos que no presentan patologías clínicas.

Además de estar fuertemente vinculada al origen y desarrollo del coaching, la psicología, como ciencia, permite aportar valiosas contribuciones a este campo profesional.

La psicología, a través de su metodología de práctica clínica basada en pruebas, permite integrar la experiencia del coach con la mejor evidencia científica obtenida de la investigación sistemática. A su vez, el saber psicológico en cuestiones éticas vinculadas al trabajo con clientes, así como la base de conocimientos teóricos y prácticos acumulados durante más de un siglo, en los aspectos emocionales y cognitivos que guían la conducta de las personas o la dinámica de grupos, tales como el aprendizaje, la motivación, la toma de decisiones, etc., resultan contribuciones de gran valor para este campo de desarrollo, al ser áreas que afectan directamente a la labor del coach.

Por otro lado, a pesar de que el coaching, por definición, trabaja con poblaciones no clínicas, los estudios han puesto en evidencia que entre el 25% y el 50% de las personas que solicitan servicios de coaching presentan niveles de psicopatología clínica (ver Green, Oades, y Grant, 2006; Spence y Grant, 2005). Parece, por tanto, que la formación en la identificación de los aspectos clínicos y de salud mental que ofrece la ciencia psicológica, constituyen elementos necesarios para garantizar unos servicios éticos y de calidad en coaching.

Es por todos estos motivos que la coaching psychology (término con el que se ha dado a conocer internacionalmente) se sitúa como una prometedora y sólida línea de expansión dentro de este amplio marco de trabajo, siendo valorada tanto por lo coaches con formación en psicología como por otros coaches de reconocido prestigio procedentes de otras disciplinas.

El crecimiento de la coaching psychology, aunque más tardío, ha ido parejo a la expansión del mercado del coaching en todo el mundo. Algunos países como Australia o Reino Unido han jugado un papel fundamental en este desarrollo, gracias a la creación de los primeros grupos de estudio sobre esta temática, los cuales constituyen hoy en día referentes internacionales: el Grupo de Interés en Coaching Psychology de la Sociedad de Psicología de Australia (Australian Psychological Society, Interest Group in Coaching Psychology; IGCP) y el Grupo Especial de Coaching Psychology de la Sociedad de Psicología Británica (British Psychological Society, Special Group in Coaching Psychology; SGCP). Desde su origen en el año 2002, ambas agrupaciones han dirigido sus esfuerzos al desarrollo científico de la coaching psychology, a través de la creación de revistas especializadas (International Coaching Psychology Review y The Coaching Psychologist) y de la celebración de los primeros congresos internacionales, con gran acogida por parte de la comunidad investigadora y profesional.

El desarrollo de la coaching psychology se ha visto reflejado también en el mundo académico, con la puesta en marcha de programas de posgrado para la formación de coaches y la creación de los primeros departamentos específicos de Coaching Psychology en algunas universidades fuera de nuestro país. Tal es el caso de la Universidad de Sidney (en Australia), o de algunas universidades británicas, como la City University London y la Universidad de East London.

Este imparable crecimiento del coaching, y los importantes logros de la coaching psychology en particular, acallan las voces críticas que lo consideraban una simple moda pasajera. ¿Nos encontramos, entonces, ante el surgimiento de una nueva subdisciplina de la psicología? Si la respuesta es afirmativa -y así parecen apuntar los hechos- lo cierto es que la coaching psychology todavía tiene que superar ciertos obstáculos para su consolidación definitiva.

Alguno de los retos más importantes de la coaching psychology implica demostrar a la comunidad profesional su valor significativo para alcanzar un coaching profesional de alta calidad, así como luchar por su reconocimiento de cara a sus potenciales clientes. Tarea nada fácil, teniendo en cuenta que el coaching es una profesión joven, sin reglamentación clara ni reconocimiento oficial o académico, lo que supone que, hoy en día, cualquier persona puede denominarse coach y puede crear su propia empresa de coaching. En la amplia industria del coaching abundan los pseudotítulos, las acreditaciones sin validez, los cursos de formación “express” de apenas unas horas de duración… El uso de términos como “mentor de sueños”, “experto en felicidad” o “entrenador personal para cambio de vida” no hace sino agravar la confusión del público general respecto a la formación del profesional que está contratando.

La coaching psychology se enfrenta, de esta manera, al reto de diferenciarse dentro de un vasto mercado, donde coaches con formación en psicología conviven con coaches vinculados al ámbito de la economía, la ingeniería, el derecho o la sociología, principalmente, y formados en organizaciones de prestigio, así como con otros “pseudocoaches” sin formación, lo que hace que la calidad del servicio sea muy variable, restando credibilidad y confianza a esta nueva rama profesional.

Por tanto, no es de extrañar que el interés de los profesionales de la coaching psychology radique actualmente en establecer unos requisitos para la acreditación de lo que se ha dado en denominar Psicólogo Experto en Coaching, en aras de proporcionar al público en general un sello de garantía profesional en formación psicológica. A este respecto, en nuestro país, al menos tres colegios profesionales (Cataluña, Madrid y Comunidad Valenciana) están fijando las bases para la acreditación profesional de psicólogos coaches.

Dados los recientes avances que se están produciendo, éste y otros temas de interés en relación con la coaching psychology se abordarán durante los próximos días en Infocop, gracias a la colaboración de tres expertos en el campo. Para comenzar, Isabel Aranda García, psicóloga, Coach ACC certificada por ICF y coordinadora del Grupo de Trabajo de Psicología y Coaching del COP Madrid, detalla, en un artículo introductorio, la labor del psicólogo coach y los desarrollos alcanzados desde la psicología. Posteriormente, en sendas entrevistas realizadas a Maite Sánchez Mora, psicóloga, Coach Senior certificada por AECOP/EMCC y vicesecretaria de la Junta de Gobierno del COP Cataluña y a Luis Picazo Martínez, psicólogo, Coach PCC y Executive MBA por el Instituto de Empresa, se trata la situación de la coaching psychology dentro y fuera de nuestro entorno y los retos futuros a los que se enfrenta esta reciente profesión, así como las últimas novedades sobre la acreditación de psicólogos coaches en nuestro país.

Referencias:

Grant, A. M., y Cavanagh, M. J. (2007). Coaching psychology: How did we get here and where are we going? InPsych, June, 6-9.

Green, L. S., Oades, L. G., & Grant, A. M. (2006). Cognitive-behavioural, solution-focused life coaching: Enhancing goal striving, well-being and hope. Journal of Positive Psychology, 1(3), 142-149.

Spence, G. B., & Grant, A. M. (2005). Individual and group life-coaching: Initial findings from a randomised, controlled trial. In M. Cavanagh, A. M. Grant & T. Kemp (Eds.), Evidence-based Coaching: Theory, Research and Practice from the Behavioural Sciences (Vol.1) (pp. 143-158). Bowen Hills Qld: Australian Academic Press.