El País, Rosario G. Gómez, 28/02/2011

Un ejército de videntes, echadores de cartas, chamanes y astrólogos se han hecho fuertes en la TDT. La superstición y la brujería proliferan en todo tipo de televisiones: locales o nacionales, legales o piratas. Así, canales dedicados casi exclusivamente al esoterismo y las paraciencias, inundan la pantalla.

Un ejército de videntes, echadores de cartas, chamanes y astrólogos se han hecho fuertes en la TDT. La superstición y la brujería proliferan en todo tipo de televisiones: locales o nacionales, legales o piratas. Así, canales dedicados casi exclusivamente al esoterismo y las paraciencias, que se nutren de las consultas telefónicas de los espectadores, inundan la pantalla. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, se pueden captar a cualquier hora del día programas de estas características que incumplen la ley doblemente. No solo operan sin tener autorización administrativa, sino que difunden programas sobre tarot y videncia en horario de protección infantil.

Instalados, a veces impunemente, en el dial, estos formatos son un lucrativo negocio. Utilizan para las consultas del público números que comienzan por 806, líneas telefónicas que tienen tarifas especiales y están diseñadas para que la facturación de las llamadas se reparta entre la empresa y el proveedor de telecomunicaciones propietario de la línea. El coste es de 1,16 euros por minuto desde red fija y 1,51 euros si se utiliza el móvil.

La producción de estos programas, además, no requiere grandes infraestructuras. La mayoría se transmiten desde un estudio austero y a menudo destartalado, con decorado básico (una mesa y una silla). La realización se limita a un plano fijo. Desde allí atienden las consultas, recomiendan a los incautos interlocutores encender velas para alejar la energía negativa o colocar una maceta en la ventana para que el molesto inquilino abandone la casa. Hacen conjuros y sortilegios. Recetas que apelan a la superstición o la ignorancia, que juegan con las turbaciones de la gente.

La Ley General de la Comunicación Audiovisual , aprobada en 2010, prohíbe expresamente emitir «contenidos relacionados con el esoterismo y las paraciencias» entre las siete de la mañana y las diez de la noche. Y precisa que los operadores tendrán responsabilidad subsidiaria sobre los fraudes que se puedan producir a través de estos programas. Pero nadie se hace responsable.

El Ministerio de Industria, que se encarga de vigilar el cumplimiento de las normas, desvía el tema a los Ejecutivos regionales. Y viceversa. «Las comunidades tienen competencias en materia audiovisual. Otorgan las licencias y son ellas las que deben hacer el seguimiento de las emisiones», dice un portavoz ministerial.

Sin embargo, la Administración madrileña le devuelve la pelota al departamento que dirige Miguel Sebastián. «La comprobación técnica de emisiones es competencia exclusiva del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, que es el que dispone de los medios de radiogoniometría para localización y, en su caso, cuando proceda, erradicación de emisiones no autorizadas», afirma un portavoz de la comunidad, donde se pueden captar fácilmente media docena de este tipo de televisiones. Conviven con las 30 emisoras locales de TDT adjudicadas por el Gobierno de Esperanza Aguirre en 2005 y, aunque carecen de título habilitante, todos hacen oídos sordos.

Algunos de los canales que operan irregularmente lo hacen aprovechando una parte del ancho de banda que dejan libre los operadores legales. «Los cuatro canales que comparten un múltiple liberan espacio radioléctrico para cedérselo a uno de estos operadores», explican fuentes del sector. La ley audiovisual, sin embargo, no permite incluir en un múltiple (con capacidad para cuatro canales) más de los previstos. De hecho, Industria ordenó hace pocos meses a Telecinco la clausura de Cincoshop, un canal de televenta que aprovechaba el ancho de banda residual. El ministerio obligó a su cierre porque Telecinco ya tenía en antena cuatro ofertas distintas (la emisora convencional, FDF, La Siete y Boing).

También las televisiones con adjudicación en la mano se han apuntado a los contenidos de esoterismo y videncia, pero lo hacen dentro de los márgenes legales. Prácticamente todos los operadores generalistas de ámbito nacional tienen programas dedicados a consultas sobre el tarot, la lectura de las piedras, el magnetismo curativo, los amuletos o la limpieza del aura. A diferencia de los canales locales, reservan este tipo de programas a las franjas horarias que marca la ley. FDF (el canal de series de Telecinco) no abre el consultorio hasta la madrugada, al igual que Nova (el canal destinado al público femenino de Antena 3). Veo 7, la televisión que lidera El Mundo; Canal 10, impulsada por Abc, y La Sexta, también se han apuntado al tarot, la videncia, los poderes sobrenaturales o los rituales de brujería.

«Si buscas trabajo, pon el as de oros bajo el colchón»

Entra en antena una llamada de alguien que se identifica como cáncer, de Canarias. Pide a la pitonisa que le mire la espiritualidad. «La tienes avanzada. Pero a veces no la canalizas y te quedas sin ella», le dice mientras esparce un puñado de piedras en un plató austero y descuidado de Canal Trade, que puede verse en la Comunidad de Madrid dedicados al esoterismo y las paraciencias.

Canal Trade es una de las muchas emisoras que se han instalado irregularmente en el dial para echar las cartas a los espectadores. Al igual que Premium Channel, Astrocanal, Metropolitan u Orient TV, donde pueden verse interminables discursos sobre las bondades de la pata de conejo como amuleto. Hasta que una llamada pone en alerta a la vidente. Una mujer consulta por su hijo de cinco años. «Cuando preguntamos por la salud de alguien y sale el ermitaño, es el mejor», dice mientras extiende las cartas. «Nos dijeron que se iba a quedar en silla de ruedas», tercia la madre al otro lado del teléfono. «Tengo un cero y un 10 y te digo que eso va a evolucionar a mejor. El 10 es la mano de Dios y es la carta que va a poner en evolución a tu hijo. Sale de nuevo el alquimista: el que va a curar», dice. La madre insiste en que está afectado de una enfermedad degenerativa. La pitonisa no da su brazo a torcer. «Me opongo. Tengo la recuperación en las cartas. Tengo el alquimista, que es la medicina alternativa». Y cuando la madre le explica de nuevo que a los ocho años se puede quedar sin poder andar, replica: «Es mentira. A los ocho años tiene mayor recuperación. El mago está plantado sobre los dos pies. Yo le sigo viendo en movimiento. Le veo corriendo y saltando».

«Orientadora»

En Metropolitan, poco después del mediodía Montse está preocupada porque no aguanta a sus vecinos. «Pon una planta de romero en el pasillo para cambiar la energía». Otra adivina que se define como «orientadora» le recomienda al hombre que pregunta por el trabajo que ponga el as de oros, el as de bastos y el rey de bastos debajo del colchón, haga un paquetito de arroz y llene un cuenco con laurel y lo remueva mientras repite: «abundancia, abundancia». De paso le aconseja que cuando vaya a buscar empleo lleve un pantalón marrón: «Te lo puedes comprar en rebajas».

A una mujer preocupada porque solo le llaman en verano para hacer suplencias en un hospital, la vidente le recomienda que pase una vela blanca por la casa y se duche siete días seguidos con un kilo de sal: «Es un baño energético que limpia el aura».