Clarín (Argentina), Mariana Iglesias, 25.08.2018

Decían que eran pastores, que resolvían problemas y que todo era cuestión de fe. Con ese discurso, durante casi diez años una pareja logró atraer personas vulnerables y desesperadas para que escucharan sus prédicas en un departamento alquilado de Mar del Plata donde funcionaba el “Ministerio Apostólico Zion”. Pero lo cierto es que no era sólo una cuestión de fe sino de aportar dinero y convocar más fieles. Tanto que la pareja se expandió y armó una carpa gigante que llamó “El Templo”. Pero fueron denunciados y un juez acaba de elevar a juicio la causa en la que la pareja está acusada de explotar laboralmente a 37 personas y abusar sexualmente de cuatro. 

El juez Santiago Inchausti, a cargo del Juzgado Federal Nº 3 de Mar del Plata, dispuso la elevación a juicio de la causa investigada por el fiscal Nicolás Czizik por la que se acusa a Isaías Nelson Hurtado y Patricia Padilla Coronado por el delito de trata de personas con fines de explotación laboral. Los agravantes son numerosos: el uso de engaño, fraude, violencia, amenaza, intimidación, abuso de autoridad, situación de vulnerabilidad, concesión y recepción de pagos, beneficios para obtener el consentimiento de personas sobre las que se tuvo autoridad, por la cantidad de víctimas, por ser ministro o autoridad de culto, por la consumación de la explotación y por haber víctimas menores de edad. Además, a Hurtado también se lo acusa por el delito de abuso sexual con acceso carnal reiterado de tres mujeres y la tentativa con una cuarta. También agravados por ser ministro y autoridad de culto. 

Según la Justicia, las 37 víctimas “enfrentaban situaciones emocionales o familiares adversas o conflictivas, consumos problemáticos de alcohol, situaciones económicas apremiantes, enfermedades o pérdida de seres queridos”. La pareja los atraía convocándolos por “mensajes de fe” que profesaban a través de distintos medios, entre ellos la Radio Zion 101.7 –que podía escucharse a través de Internet- cuya programación “invitaba y entusiasmaba” al público a participar de las reuniones de la “Iglesia”. Asimismo, también organizaban “congresos” y contaban con una página web, en la que publicaban los teléfonos de contacto, horarios de los encuentros y videos de las reuniones que se subían a YouTube. El sitio contaba también con una solapa identificada como “Siembra” en la que había cuatro cuentas bancarias de Argentina, Chile, Venezuela y Estados Unidos, donde los “fieles” aportaban “ofrendas”. Esto permitía captar personas de otras localidades y países, lo que acentuaba el estado de vulnerabilidad de las víctimas por su situación de migrantes, como sostiene la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Hurtado y Padilla captaban a las personas para explotarlas y quedarse con su dinero. Por eso desde la Justicia se plantea que en el juicio oral se avance en el decomiso de los inmuebles, vehículos y el dinero incautado para que se garantice la restitución de derechos de las víctimas.

El Ministerio Apostólico Zion de Hurtado y Padilla funcionaba primero en Bernardo de Irigoyen al 4600, y al ampliarse se mudaron a “El Templo”, una carpa enorme que montaron en O’Higgins al 300. 

Captadas por los discursos de religiosidad y un supuesto “relato benefactor”, la promesa de un “mejor futuro” y “tranquilidad espiritual”, las víctimas eran incorporadas a las actividades diarias del lugar donde eran explotadas. Las especialistas del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas. Damnificadas por el Delito de Trata. Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación que entrevistaron a las personas encontradas en los allanamientos -en julio de 2016-, aseguraron que si bien algunas dijeron que su participación era “voluntaria”, podría ser resultado de la “legitimación e institucionalización de normas a través de la implementación de técnicas de coerción metódica y sistemáticamente utilizadas por parte de los responsables” para “inducir y perpetuar una serie de acciones y prácticas restrictivas, que afectarían en forma sustancial diversas área de la vida”. Estas técnicas coercitivas -bajo argumentaciones religiosas o con sustento bíblico- no suelen ser detectadas por las víctimas, “quienes no discernirían que son expuestos a tales procesos que van condicionando y trastocando su voluntad, en la medida en que son escasas las áreas de su vida que no se encuentran reguladas y regladas”.

El sistema de explotación tenía el fin de dejarle ganancias a los imputados a costa del sometimiento de las víctimas. Como se informa desde el Ministerio Público Fiscal, según la Agencia Federal de Ingresos Públicos (AFIP) ni Hurtado ni Padilla registraban actividad económica, no poseían ingresos legítimos para sus actividades, adquirir los bienes que poseían, ni pagar los costosos viajes al exterior que hicieron.

La fiscalía también probó que los acusados lograban que las víctimas les entregaran sus sueldos –los camuflaban como “diezmos” u “ofrendas”-, primero en un porcentaje y luego en su totalidad; los obligaban a limpiar y hacer arreglos en la casa de la pareja y en el “Templo”, tareas para la radio y el sitio web y a trabajar en la panadería “Della Familia”, que si bien se presentaba como cooperativa sólo generaba ingresos económicos para la pareja. También convencían a sus víctimas para que sacaran créditos para ellos, generándoles deudas a las víctimas. “En algunos casos la sumisión psíquica fue tal, que algunas de los damnificados les entregaron sus viviendas”, se lee en la causa. “La libertad de las víctimas se halla en juego y afectada no sólo cuando se acreditan restricciones a su libertad ambulatoria, sino también cuando la capacidad para elegir qué actividad desarrollar y cómo desarrollarla se encuentra menoscabada”, escribió el fiscal.

Además, se las forzaba a dormir pocas horas, hacer ayunos o comer solo una o dos veces al día. También sufrían violencia física y amenazas. “Te maltrataban de la peor forma. Te llenaban de insultos y si podían también te golpeaban. Yo lo aceptaba pesando que estaba bien”, relató una de las víctimas. Las amenazas siguieron incluso tras la detención de Hurtado, que fue procesado por amenazar a las víctimas de forma telefónica desde su lugar de detención.

Hurtado abusó sexualmente de, al menos, tres mujeres: una de ellas tenía 17 años y había sido abusada en su infancia –Hurtado lo sabía- y otra quedo embarazada producto de la violación. La paternidad ya está probada. Hurtado intentó abusar de una cuarta mujer. Para el fiscal Czizik, Hurtado lograba su cometido por la dominación psíquica que imponía sobre las víctimas usando su condición de “Apóstol” y haciéndoles ver que “Dios le hablaba” y ordenaba esas “relaciones” sexuales. Les dijo que su esperma estaba ungido y por eso su descendencia era bendita. Para que no contaran los abusos, Hurtado las amenazaba con hacerles daño a sus hijos o familiares.

Algunas de la víctimas son patrocinadas por el Programa de Asesoramiento y Patrocinio para las Víctimas de Trata, de Patrocinio a Víctimas de Delitos, y la Defensora Pública Oficial ante el Tribunal Oral de Mar del Plata, Natalia Eloísa Castro.

“Este caso se caracteriza porque el proceso de reclutamiento y captación, así como sus acciones posteriores de recepción, y el acogimiento, implicaba violencia, amenazas, coerción, pero también engaños, aprovechamiento de necesidades, creencias, situación de vulnerabilidad, crisis emocionales, hasta llegar a la explotación consumada. Para ello implementaban técnicas de control mental, manipulación, persuasión coercitiva, a fin de que los miembros de la congregación, secta o iglesia, perdieran su estructura y su idea de pensamiento individual y se generara tanto la despersonalización como la dependencia de las víctimas en favor de la idea impuesta por el líder”, explica a Clarín Marcela Rodríguez, al frente del Programa de Asesoramiento y Patrocinio para las Víctimas del Delito de Trata de Personas de la DGN.

“Hurtado tomó las estructuras, lenguaje e instrumentos de una religión y las manipuló, las amoldó y las apropió a fin de utilizarlas como herramientas de coacción para dirigir las acciones de las víctimas, más allá de recurrir también a formas directas de violencia como amenazas e intimidación y coerción -sigue Rodríguez-. Las consecuencias más graves fueron aquellos casos en los cuales Hurtado cometió violaciones y abusos sexuales contra las mujeres sometidas a su dominio”.