PABLO ORDAZ, – Madrid – El País, 11/11/1998

Alarma: el fin del milenio se acerca. La policía teme que una fecha tan señalada sirva a los mesías de las sectas milenaristas -las que preconizan el fin del mundo coincidiendo con la última hoja del almanaque- para convencer a sus adeptos de un suicidio colectivo. El ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, admitió ayer en el Congreso la «gran dificultad» que entraña luchar contras las 200 sectas destructivas que actúan en España, la mayoría de ellas legales. Entre 100.000 y 150.000 ciudadanos están, sin sospecharlo siquiera, atrapados en sus redes. El surtido es variado. Las hay de origen hindú y oriental, otras que celebran misas negras y sacrificios de animales y algunas incluso que preconizan un gobierno aristocrático y totalitario. Unas captan adeptos y dinero -mucho dinero- disfrazadas de fines benéficos o inquietudes culturales, y otras sobreviven gracias al más absoluto de los secretos. El resultado siempre es igual de doloroso: individuos con la voluntad anulada, convertidos en guiñapos, entregados en cuerpo y alma al líder de la organización.Mayor Oreja, que compareció ayer en el Congreso de los Diputados a petición del PSOE, recordó -refiriéndose a la calificación de los expertos- que sectas destructivas son todas las que «tienen un líder carismático, mesiánico y dogmático, que disponen de una estructura teocrática, vertical y totalitaria, y que exigen a sus adeptos un desprendimiento material absoluto». Sentadas las bases, advirtió que la mayoría de estas organizaciones tiene cobertura legal, con fines aparentemente lícitos. Muchas de ellas se inscriben en el registro de entidades religiosas -dependiente de la Dirección General de Asuntos Religiosos-. Otras figuran legalmente como grupos culturales, sociales o deportivos, acogiéndose al derecho de asociación y disfrutando -en algunos casos- de suculentas subvenciones oficiales. Grupos satánicos Mayor Oreja advirtió que, aunque no resulta fácil ubicar las sectas geográficamente, Madrid, Barcelona, el litoral mediterráneo y las islas canarias son las cuatro zonas donde «se asienta el mayor número» de ellas. Luego señaló a «las dos Castillas y el Levante» como los lugares donde más se hacen notar «las conceptuadas como satánicas». A este respecto, y según un informe realizado en 1997 por expertos de la Conferencia Episcopal, la Iglesia tiene localizadas a 40 sectas satánicas repartidas por el territorio nacional. Mayor Oreja evitó ayer nombrar a ninguna de las sectas consideradas destructivas.Algunos expertos aseguran que las sectas satánicas son precisamente las más difíciles de descubrir, sobre todo por su hermetismo. Otros, sin embargo, creen que no es Satán todo lo que reluce. «No hay que dejarse engañar», advirtió ayer a este periódico un experto policial, «porque debajo de la catalogación de sectas satánicas se esconden grupos que suelen frecuentar determinadas prácticas sexuales o de consumo de estupefacientes; y de Satán, nada de nada». A pesar de los datos ofrecidos ayer por el ministro del Interior, la policía considera que el fenómeno de las sectas se encuentra en un «momento de estancamiento, si no de descenso». Hubo tiempos mucho peores. Mayor Oreja recordó que «las sectas destructivas surgieron en España en los ochenta». «Su proliferación», añadió, «tiene indudables raíces en factores como el consumismo, el desencanto de la juventud, la crisis de valores morales y religiosos…». El ministro explicó que la situación actual, «sin caer en un alarmismo innecesario», preocupa no sólo por la actividad delictiva encubierta -tráfico de drogas, blanqueo de capitales- sino porque «genera problemas sociales y familiares, tragedias personales». Seguimiento policial La diputada socialista Belarmina Martínez replicó al ministro que no se percibe el seguimiento policial de estos grupos. Aunque ella los cifró en cerca de 300 sólo en el archipiélago canario, Mayor Oreja le enmendó el dato y lo rebajó a 200 en toda España, si bien reconoció la dificultad de establecer una cifra exacta. Además, y en cuanto al número de adeptos, señaló que «su gran movilidad y su facilidad para el enmascaramiento» los hace muy difícil de seguir y cuantificar.La lucha, tan difícil, contra las sectas se sustenta en la cooperación internacional y, sobre todo, en los contactos con personas próximas a las propias organizaciones, bien en su condición de adeptos -aunque resulta extremadamente complicado-, ex adeptos o familiares y allegados. La policía, contó entre líneas el ministro, intenta infiltrarse en las organizaciones: «Se realiza un análisis pormenorizado de publicaciones y folletos internos y se asiste a sus actos internos». Aunque el ministro del Interior intentó transmitir a los diputados un mensaje de serenidad -«no se dan las condiciones para trágicos sucesos como los de los Davidianos y la Orden del Templo Solar»-, la policía no las tiene todas consigo. «No es descabellado pensar que el final del milenio puede reactivar a algunas de las sectas que predican que el mundo está a punto de acabarse». Los responsables policiales -en 1990 se creó un grupo de lucha contra las sectas destructivas en la Comisaría General de Información- reconocen que están especialmente preocupados por el archipiélado canario. La diputada socialista considera que las especiales características de las islas -en especial de Tenerife- constituyen un polo de atracción para los sectarios. «Suelen creer que la percepción del cosmos desde allí es extraordinaria».