El País (España), Silvia R. Pontevedra, 3.02.2016

El caso de las monjas Mercedarias de Santiago, que supuestamente mantenían retenidas en contra de su voluntad, dentro de la disciplina de la clausura, a tres mujeres de India, tiene desde este miércoles una primera persona investigada en relación con los hechos. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia ha comunicado esta tarde que el magistrado que acaba de asumir el caso, Andrés Lago Louro, titular del juzgado de Instrucción número 3 de Santiago, “ha decidido practicar diligencias de investigación que consisten en citar a dos personas en calidad de testigo y a una en calidad de investigada”.

Fuentes relacionadas con el caso aseguran que las citadas son tres monjas, pero desde el Superior no se facilita ningún dato más, ni se concreta si la persona objeto de las pesquisas es la responsable de la comunidad mercedaria en el convento, un grupo de una decena de mujeres, entre españolas de avanzada edad, mexicanas e indias, que perdió a tres de sus integrantes hace dos semanas después de que una comitiva judicial se presentase en el centro con una denuncia policial por detención ilegal.

Las monjas de nacionalidad india entraron en la orden cuando rondaban los 15 años de edad y han pasado la mitad de su vida dentro de los muros del cenobio del siglo XVII. Una vez fuera, y recuperada su documentación, presuntamente retenida por las responsables de la casa, la magistrada que inició las investigaciones el día que llegó la denuncia al juzgado de guardia acordó incluirlas en el protocolo contra la violencia machista y las tres mujeres fueron alojadas en un piso de acogida. Ahora se encuentran en Madrid.

Según la investigación, las mujeres pudieron ser amenazadas con la deportación si no permanecían dentro de la clausura y apenas tenían ocasión de comunicarse con sus familias. Su situación la dio a conocer una compañera que hace más de un año viajó a su país y contó su situación a otra mujer. Con el tiempo, su testimonio se sustanció en denuncia y la Policía Nacional inició las investigaciones.

Este miércoles el papa Francisco clamó contra lo que definió como la “inseminación artificial” de la vida consagrada, la búsqueda forzada de savia nueva para evitar el cierre definitivo de edificios y la galopante extinción de comunidades religiosas, y citó el caso concreto de España, el país con más conventos de clausura, alimentados ahora con mujeres captadas en India, África y algunos países de Latinoamérica. Por su parte, hace pocos días las Mercedarias Descalzas de Santiago hicieron público un comunicado en el que hablaban de su “dolor, perplejidad y consternación” por las noticias aparecidas y la investigación judicial abierta contra ellas.

“Hace más de 15 años quisimos facilitar el desarrollo de la vida contemplativa a distintas jóvenes vocaciones extranjeras, algunas de Kerala (India) y de México”, recordaban en su carta las monjas. “Hoy [siguen diciendo en referencia a las que decidieron voluntariamente quedarse tras la visita de la juez de guardia] están muy integradas, llevan el peso de esta comunidad. Incluso una de las que recientemente ha decidido, después de un período de discernimiento, abandonar la vida monástica, fue Vicaria (segundo oficio en importancia en la comunidad por su responsabilidad) durante seis años, y hasta Superiora de la Comunidad en funciones durante un tiempo”. La posición del Arzobispado de Santiago, que salió desde el primer momento en defensa de las Mercedarias, contrasta con el mensaje lanzado al aire por el Papa: “Algunas congregaciones hacen el experimento de la inseminación artificial. ¿Qué hacen? Acoger. Y vienen, vienen, vienen. Y después, los problemas. No. ¡Se debe acoger con seriedad! Se debe discernir bien si esta es una verdadera vocación y ayudarla a crecer”.