A. PIÑOL, El País,  Barcelona – 14/09/1990

Los presuntos miembros de la secta Niños de Dios visitaron ayer por primera vez a sus hijos desde que la policía autonómica desarticuló la organización en Castellar del Vallès (Barcelona) el pasado mes de julio. Rodeados de un importante dispositvo policial, 7 de los 10 acusados permanecieron una hora con los 20 niños que residen bajo la custodia de la Generalitat en una masía a 60 kilómetros de Barcelona. Los supuestos adeptos admitieron haber pertenecido a Niños de Dios, aunque afirmaron que ahora son sólo «músicos que difunden el cristianismo».

La policía autonómica catalana desarticuló el pasado 8 de julio en Castellar del Valles y Collbató (Barcelona) a un colectivo presuntamente vinculado don la secta Niños de Dios, fundadada en en la década de los años 70 en Estados Unidos. Los agentes autonómicos detuvieron a diez personas, acusadas de sustracción de menores, proselitismo en las escuelas y asociación ilegal.El juez concedió provisionalmente a la Generalitat la tutela de los 22 menores que vivían con los supuestos adeptos hasta que no concluyeran las diligencias que se habían incoado. Dos de los menores -de un año y ocho meses- fueron devueltos el miércoles por la tarde y ayer a sus madres biológicas, cumpliendo la orden del titular del Juzgado de Instrucción número dos de Sabadell, Fernando de Valdivia. La secta, considerada destructiva por especialistas, basa su filosofía en educar a los niños, alejados de la sociedad, en escuelas propias para ejercer la prostitución cuando sean adultos.

Los acusados llegaron a la masía, situada en el municipio de Arenys de Munt (Barcelona), a las 11 de la mañana de ayer, aportando los autos dictados por el juez instructor del caso, Fernando de Valdivia, que autorizó las visitas la semana pasada. Los agentes autonómicos se dedicaron a revisar minuciosamente los paquetes de juguetes y dulces que los padres llevaban a sus hijos. Una de las presuntas adeptas, que no entró en el recinto por no disponer de autorización judicial, hizo llegar una carta a sus hijos de 7 y 3 años.

El encuentro se efectuó en una especie de nave ubicada en el recinto de la solitaria masía, que está situada a unos dos kilómetros del núcleo urbano, en medio de una encrucijada de caminos rurales y rodeada de una frondosa vegetación. La casa estaba acordonada por una cinta de plástico y custodiada por unos 15 mossosuniformados y de paisano. El silencio era absoluto, sólo interrumpido por la algarabía de los niños.

«Mira, Ana, mi mamá me ha traído una muñeca», resonó la voz de una niña, poco después de que los acusados depositaran en una mesa de madera sus pertenencias y accedieran al recinto. Luego, algarabía: y algún llanto. Poco más se podía oír desde una colina cercana. A los niños se les impedía abandonar el habitáculo. Sólo dos de ellos salieron acompañados de monitoras, para regresar otra vez al recinto a los pocos minutos. Alguno de los pequeños se acercaba, curioso, a las puertas de cristal, aunque inmediatamente era apartado de ellas. La visita se efectuó con la presencia de los monitores de la Dirección General de la Infancia de la Generalitat. El futuro de los 20 niños lo decidirá el juez cuando concluyan los resultados de los informes periciales.

«Tratan muy bien a los niños, aunque los mayores nos han preguntado, ilusionados, cuando van a volver a casa. Están tristes. ¡Cómo no lo van a estar después de dos meses y medio de no ver a sus padres!», afirmó Agustín Batista García, que fue hace años pastor de la secta en Valencia. Batista ha sido acusado por un ex adepto de haber inducido a su mujer a la prostitución en 1978, utilizando el método de fish-fishing, pescar coqueteando en lenguaje de la secta, o captar para la secta a hombres solitarios para transmitirles «el amor de Dios» a través de relaciones sexuales.

Batista, marido de la presunta adepta que no pudo acceder al recinto, admitió que muchos de sus compañeros fueron en su día miembros de la secta, pero que ahora están muy alejados de su filosofía: «Todos los grupos evolucionan y nosotros lo hemos hecho. Niños de Dios hizo atrocidades, pero ahora lo único que inculcamos a nuestros hijos son comportamientos cristiarios». Batista reconoció que algunos miembros del colectivo han repartido octavillas durante el mes de agosto en Barcelona. En la cabecera de los impresos, en los que tratan de defenderse de las acusaciones, figura sorprendentemente el nombre de la secta.

Insisten en que sólo son «músicos que difunden el cristianisrno» y que no tienen ninguna vinculación sectaria. «Todos podemos ser considerados sectarios», explicaba una de las acusadas. «Un niño de una familia católica militante al cien por cien también lo es. En España los hay a millones», concluyó.