La Vanguardia, 23.06.2011

Con un poco de suerte, el nuevo escándalo permitirá a la prensa italiana llenar sus páginas políticas durante buena parte del verano. El año pasado el protagonista absoluto fue Gianfranco Fini, el presidente de la Cámara de Diputados, por supuestamente haberse apropiado –con la cobertura de su cuñado- de un apartamento en Montecarlo. Fini fue crucificado por los medios berlusconianos. A final rompió por completo su alianza política conil Cavaliere y fundó su propio partido. Parecía que la crisis de gobierno era inminente. Luego no se concretó. Berlusconi encontró con facilidad nuevos aliados, tránsfugas de otros partidos que acudieron a socorrerlo.

Esta vez se está cociendo un escándalo que podría ser de mucha mayor envergadura, aunque, por los precedentes, todo puede acabar en agua de borrajas o en un embrollo judicial interminable. Se trata del caso P4, la presunta logia masónica o red de influencias y favores en el que, según lo que está filtrando la prensa a partir de documentos judiciales, estarían implicadas figuras del Gobierno, grandes empresas como la energética ENI, entes públicos como la RAI o los ferrocarriles, servicios secretos e incluso el Opus Dei.

Nada nuevo bajo el sol de Roma. La logia masónica P2 ya sacudió los cimientos del Estado italiano y del Vaticano hace más de treinta años, si bien, como tantas cosas en este país, permanece un halo de misterio sobre lo que realmente ocurrió y por qué.

En el centro de la P4 aparece un personaje llamado Luigi ‘Gigi’ Bisignani, un empresario y consultor, de 58 años, al que algunos medios presentan, seguramente con un punto de exageración, como una especie de “primer ministro en la sombra”, como un “conseguidor” de favores y negocios, con acceso directo a los círculos del poder, confidente de ministros. Bisignani, hijo de un directivo de Pirelli, es un veterano de las logias masónicas. Su nombre aparecía en la lista de la P2 –también estaba Berlusconi, por cierto- y años más tarde fue condenado a una pena de cárcel, por corrupción, en el grave caso Enimont. Junto a Bisignani operaban un diputado del centroderecha y ex magistrado, Alfonso Papa, un suboficial de los carabineros y un policía.

La magistratura de Milán está investigando si la red tenía acceso a información judicial confidencial –ahí entraba en juego Papa- y la facilitaba al Gobierno. También están bajo sospecha concesiones de obras o servicios públicos.

El sumario ocupa 16.000 páginas e incluye casi 5.000 que son transcripciones de interceptaciones telefónicas. Una parte de ellas tienen relevancia penal y no se permite publicarlas. Las demás están siendo publicadas. No hay revelaciones muy espectaculares, pero sí se percibe la pauta de conducta de Bisignani y su familiaridad con los políticos. Salen a la luz las intrigas de poder, las ambiciones, cotilleos interesantes para el mundillo político de Roma, como el que la ministra Mara Carfagna –ex miss- quería a toda costa casarse con Berlusconi. Pero todo es fruto de escuchas telefónicas y conversaciones privadas hechas con frivolidad. Es muy difícil discernir qué hay de verdad qué no.

No puede descartarse que el caso P4 pueda acabar teniendo efectos importantes, pero también puede ocurrir que las revelaciones no causen un daño serio al Gobierno y se diluyan en una nebulosa. Muchos italianos están hartos del “teatrino” de su política, de ese mundo endogámico que la prensa retroalimenta. Los muy adictos seguirán el caso P4 durante el verano. Muchos más oirán de lejos ese rumor lejano, preferiblemente desde la playa, sin prestar excesiva atención. Al grueso de los italianos lo que les preocupa es la precariedad laboral de los jóvenes, las deficientes infraestructuras y servicios públicos, el deterioro de las escuelas, el hecho de que la industria italiana pierda posiciones en el mundo, la crisis del euro y el peligro de especulación financiera contra Italia, la vulgaridad de la televisión y de los modelos que proyecta. La P4 es el enésimo escándalo de un sistema político que no les gusta. ¿Por qué torturarse en conocer más detalles?