El País (México), Georgina Zerega, 29.10.2020

Los Legionarios de Cristo eligieron el pasado febrero un nuevo líder. El estadounidense John Connor fue nombrado nuevo director de una de las congregaciones más poderosas de la Iglesia católica en medio de un proceso interno que prometía una limpieza de la pederastia. La orden lo presentó como la cara de “la renovación” tras una era que había incluido 175 casos de abusos a menores. Su nombramiento, sin embargo, levantó ampollas entre un grupo de víctimas en Texas (Estados Unidos), descontentas con la forma en que la dirección territorial de la Legión para Norteamérica, a cargo de Connor, ha manejado anteriormente sus denuncias. En conversación con EL PAÍS, tres víctimas le acusan de haberlas manipulado para encubrir sus casos y una de ellas asegura que los Legionarios, bajo órdenes del nuevo director, le mintieron a la policía para desalentar una investigación. “El hecho de que Connor se presente como completamente inocente, es prueba de los lastres de la cultura de Marcial Maciel en él”, dice Elena Sada, una exlegionaria que pasó casi dos décadas en la organización religiosa.

Al igual que Connor, Sada fue educada dentro de la orden por el propio fundador, el sacerdote mexicano Marcial Maciel, y su círculo cercano. “Fue entrenado por el mismo líder por el que fui entrenada yo… y créeme, no hay nada de transparente en ese líder”, dice. “Su prioridad es proteger la orden por encima del bien de las víctimas”. Hereje de su propia organización, Maciel logró en pocos años estructurar una de las congregaciones más poderosas económicamente y con más llegada al Vaticano. La enorme estructura de la orden fundó sus cimientos en una red de colegios y universidades que alcanza a 19 países. Pero las denuncias de pederastia que rodearon a Maciel y la organización desde su fundación explotaron a finales del año pasado, cuando los Legionarios se vieron forzados a reconocer decenas de abusos sexuales. En un hecho inédito, y tres días después de que el papa Francisco ordenara suprimir el secreto pontificio sobre los pederastas, la organización publicó un informe en el que admitía que 175 menores habían sido abusado dentro de la institución, al menos 60 de ellos por el fundador. En ese contexto y bajo la promesa de un cambio, eligieron a Connor como guía para liderar la renovación.

Veronica Vallone lleva un registro minucioso de cada reunión que tuvo con legionarios desde que reportó su caso en octubre del año pasado. Ajena al mundo de la congregación, esta consejera matrimonial de 31 años había conocido al sacerdote Michael Sullivan en febrero de 2018. En esa época, Sullivan era director de un programa juvenil de la orden en Texas. Junto con su marido compartieron mucho tiempo con el sacerdote, que terminó por convertirse en su guía espiritual. En enero de 2019, Vallone y el legionario comenzaron a trabajar juntos organizando retiros para matrimonios. Todo marchaba bien hasta que el 20 de octubre del año pasado, cuando viajaban juntos en un coche, él le pidió detenerse en una capilla a rezar en College Station (Texas). Según el relato de la mujer, dentro de la iglesia él la abrazó y acarició frente a un grupo de gente. “Las personas se fueron y él puso mis manos en su pelvis, sentí su pene. Rápidamente quite mis manos para no tener que sentir su erección”, recuerda. “Salí de ahí consternada. Yo pensaba que me veía como a una hija”, explica.

Veronica reportó a Sullivan 10 días después de aquel domingo en la capilla. Lo que le siguió fueron semanas de “mentiras dichas a la cara”, asegura. “No puedo describir lo asqueroso que fue el proceso”. Su denuncia la tomó el sacerdote Shawn Aaron, quien en ese momento era vicario territorial, una suerte de representante del director territorial. La mujer le contó lo sucedido y le pidió que tomaran dos medidas: que se le retirara al acusado el ministerio clerical y que la Legión hiciera pública la denuncia, “para que no pudiera dañar a ninguna otra mujer”. En ese entonces, Sullivan trabajaba como consejero en la Universidad de Texas A&M. La congregación, según la víctima, se comprometió a cumplir con sus solicitudes.

El 4 de noviembre, cuenta Verónica, Aaron la visitó para informarle que Sullivan había admitido lo sucedido. Le dijo que quitarían al sacerdote el estado clerical, pero que no harían pública la denuncia porque “un grupo de profesionales les había recomendado no hacerlo”. En caso de que alguien preguntara por él, dirían que se encontraba “en terapia”. “Me sentí engañada”, recuerda. Ante el enojo que le provocó que no avisaran a nadie de lo sucedido, llamó a una conocida que tenía en la congregación para contarle todo. “Esa mujer me recomendó que hablara con su hermana, quien había denunciado a Sullivan en 2017”, dice. “Me quedé perpleja. Yo le había preguntado al padre Shawn si lo habían denunciado anteriormente y me había dicho que no”.

Aquella llamada telefónica marcó el cruce del camino de Veronica con Ana —quien ha pedido mantener su nombre real en anonimato— por primera vez. Ana había conocido a Sullivan en College Station, Texas, en 2008. Ella tenía 12 años y trabajaba con las Consagradas, la rama femenina de los Legionarios. El sacerdote se acercó a la familia y pasaba horas en su casa. “Ahí comenzamos una relación perversa”, dice en diálogo telefónico con este diario. “Hablábamos horas, me aconsejaba sobre las relaciones amorosas y siempre quería encerrarse conmigo. Durante toda mi adolescencia me mandaba mensajes a medianoche diciéndome que me amaba, que los dos íbamos a ser un equipo y yo pensaba que él estaba esperando a que cumpla 18 para casarse conmigo”.

La mujer, ahora de 27 años, bloqueó los recuerdos de su adolescencia hasta 2016, cuando asistió a la boda de una amiga y Sullivan era el sacerdote que realizaba la ceremonia. “Hablé con ella y me di cuenta de que también tenía una relación enfermiza con él”. Ambas mujeres lo reportaron juntas unos meses después. “Fue duro para mí, porque tenía sentimientos amorosos hacia él, habíamos tenido una relación romántica cuando yo estaba en el colegio”. La respuesta de la congregación ante la denuncia, según recuerda, fue enviar a Sullivan una semana a terapia. La mujer, que seguía trabajando para las Consagradas, consiguió el teléfono de Connor y le llamó. “Le urgí que mostraran transparencia y lo hicieran público y él me respondió que los que necesitaran saberlo, lo sabrían. Estaba muy claro que no le interesaba la transparencia, estaba encubriéndolo. Lo mismo que hicieron con Maciel”, dice.

Tras la insistencia de las tres víctimas, Connor las recibió el 9 de diciembre del año pasado, apenas unas semanas antes de erigirse como director de los Legionarios en todo el mundo. En aquella reunión, Connor les admitió que habían cometido errores en el proceso de las denuncias contra Sullivan. “Está claro que no manejamos bien esto”, les dijo. Las mujeres reprocharon la “nula respuesta” ante la primera acusación. “Con la segunda denuncia nos dimos cuenta de que iba en serio y que teníamos que hacer algo”, les respondió Connor. El entonces director territorial de Norteamérica reconoció que, además de ellas, habían aparecido otros tres casos relacionados con el mismo sacerdote y les prometió una investigación interna sobre lo sucedido. Este periódico ha solicitado a través de la Legión una entrevista con Connor sin éxito -así como también ha intentado recabar la versión de los sacerdotes acusados-.

La investigación interna llevó a dos detectives a la casa de Veronica el 30 de enero de este año. Durante la hora y media que duró la reunión, los investigadores enviados por la congregación presionaron a la mujer con el fin de averiguar si había grabado la reunión con Connor y pidieron reiteradas veces una copia de la grabación para que no sea “sujeta a manipulación”. “Me di cuenta de que en realidad me investigaban a mí”, dice Veronica. “Nadie en la Legión está del lado de las víctimas. Connor y Aaron me han mentido todo el tiempo. Y semanas después de que esto pasara, fueron promovidos”.

En diciembre, la Legión finalmente publicó un comunicado en el que admitió que Sullivan “traspasó límites emocionales y físicos”, lenguaje que las víctimas critican por su ambigüedad. “No obtuve respuesta de ellos hasta que no amenacé con gritarlo a los cuatro vientos”, recuerda Veronica. La mujer es consciente de que su caso puede ser considerado menos grave que las denuncias de pederastia que han trascendido, pero insiste en que revela un patrón de conducta: “Si no fueron transparentes con esto, ¿cómo pueden serlo con todas las otras denuncias?”. Ninguna de las víctimas reportó lo sucedido ante la policía, hasta el momento, por miedo. La Legión tiene gran peso en algunas de las comunidades de Texas.

En febrero, Connor pasó a ser director de la Legión y Aaron director territorial para Norteamérica, máxima autoridad en Estados Unidos. La directora de comunicación de la Legión en ese país, Gail Gore, justifica el nombramiento diciendo que la investigación interna que realizaron “no ha descubierto evidencia de engaño o encubrimiento intencional” por parte de los sacerdotes. Para Elena Sada es una señal de que nada ha cambiado. Seguirá así, insiste, mientras mantengan “líderes cuyos modos fueron moldeados según los modos criminales de su fundador”.

“La Legion cometió un crimen: mentirle a la policía”

El nombramiento de Connor revivió otro caso de abuso sexual en la Legión que no había trascendido. El ‘caso Ashley’, como se le conoció dentro de la congregación, fue en 2015 una de las mayores pesadillas de la orden en Texas. Ashley, una mujer que tiene hoy 39 años y también ha dado su testimonio bajo condición de mantener su anonimato, reportó en octubre de ese año —primero ante la diócesis de Dallas y luego ante los Legionarios de Cristo— que había sido abusada por el legionario Martin Pollock cuando ella tenía 12 años.

De acuerdo con la denuncia que presentó ante la Legión, el abuso ocurrió en 1996. Ashley era estudiante del The Highlands School en Irving, Texas, y Pollock era capellán y tomaba confesión a alumnos del instituto. Después de confesarse, la niña solía acercarse al sacerdote a agradecerle por escucharla y él la sentaba en su falda y la abrazaba. “Un día me susuró al oído: ‘Si tu mamá pregunta qué hacemos aquí, dile consejería espiritual”, relata en el documento. “La última confesión que recuerdo con él, después de abrazarme un rato, presionó su cuerpo contra el mío. Podía sentir su erección tocándome a través de la sotana. Estaba muy incómoda y no sabía qué estaba pasando o cómo tenía que responder. Entonces no hice nada, después de varios minutos dejó de abrazarme y yo me fui”, agrega.

“Como adulta y madre me doy cuenta ahora de que la forma en que él me tocó no es de ninguna manera apropiada”, dijo la víctima entonces a la congregación. A cinco años de haber puesto en palabras su experiencia, Ashley no quiere “volver a hablar” con la Legión por la forma en que manejaron su denuncia, cuenta del otro lado del teléfono.

Cuando se acercó a reportarlo quería “que investigaran, que Martin Pollock no hiriera a nadie más y que notificaran a las autoridades civiles”. Y les advirtió que si no iban ellos a la policía, iría ella. “Entonces ellos contactaron a la policía y presentaron la denuncia”. Según un reporte policial al que tuvo acceso este periódico, la policía de Irving dejó registro en octubre de 2015 de lo sucedido, pero nunca trascendió ningún avance en la investigación. “Yo accedí recientemente al reporte policial y pude ver que cuando hablaron con la policía los Legionarios le dijeron que yo no quería presentar cargos, y yo nunca les había dicho eso. La Legion cometió un crimen: mentirle a la policía”.

Unos siete meses después, John Connor envió personalmente una carta a Ashley en la que le decía que una investigación interna había encontrado su relato “muy convincente” y que había concluído que ella había sufrido una “muy triste violación de límites”. “No me gustó que dijeran eso, fue mucho más. Legalmente, fue abuso sexual”, recuerda enojada. El doble martirio, el abuso y el hostigamiento al denunciar, la mantienen en terapia regularmente.

La congregación dio por zanjado el caso diciendo que Pollock no formaba parte de la orden religiosa desde 2003. No emitieron ningún comunicado sobre el tema hasta febrero de este año, cuando el caso saltó a la luz en algunos medios locales. “Me dijeron que no me preocupara, que ya no podía dañar a más nadie porque ya no era sacerdote, y pues igualmente podía hacerlo, necesitamos reportar esto a las autoridades civiles”. Ashley afirma que volvió a denunciar el abuso en mayo de 2019, esta vez ante la policía de Dallas.

Sobre el manejo que hicieron de estas denuncias, Gore ha asegurado que “no hubo engaño intencional o encubrimiento en ninguno de los dos casos. Ambos fueron abordados de manera responsable, con el más alto nivel de integridad y celeridad”. Su versión de los hechos en el ‘caso Ashley’ difiere del relato de la víctima, y asegura que “los legionarios animaron a que informara a las autoridades personalmente” y que reportaron los hechos, además de la policía, a los Servicios de Salud y Servicios Humanos de Protección Infantil en Dallas.

Una cara de la historia muy diferente a la que cuentan las víctimas. “Todavía estoy herida por lo que pasó. El manejo que hizo la Legión de la situación bajo el liderazgo de Connor, incluyó: acosarme por teléfono, ser poco profesionales, intentar conseguir mi domicilio y mentirle a la policía. Después de todo eso, ¿por qué volvería a hablar con ellos?”.