Lourdes Buitrago Montes. El País,  Madrid. – 07/06/1994

Las sectas no existen, sino en algunas mentes calenturientas. En su artículo del 23 de mayo se ignora el hecho de que la Iglesia de Cienciología ha sido oficialmente reconocida por el Gobierno de Estados Unidos en 1993 a la par que las religiones tradicionales (EL PAÍS poseía esta información), así como lo hicieron el Gobierno portugués, ruso, canadiense, etcétera. La obligatoriedad de contrastar las fuentes se ve en entredicho cuando transcribe mal el nombre de la Asociación Civil de Dianética, registrado en el Ministerio del Interior, por Dianética Española (usado por un conocido grupo de fanáticos antirreligiosos condenados por secuestro en varios países). Nuevo yerro: no hemos inscrito ninguna iglesia universal de cienciología, sino la Iglesia Cienciológica de España. Errores lógicos cuando las fuentes son dudosas: se cita el informe Canteras como “el primer estudio serio”; pues bien, ese informe (véase página 81) está fundamentado en una encuesta respondida en su 90% por rebotados del Opus De¡ y de los Testigos de Jehová (algo como encuestar a iraquíes sobre judíos y decir que es la opinión mundial). ¿Dónde están los estudios de Motilla, Iban, Delgado y las publicaciones de la Universidad de Tarragona, por citar autores católicos y ateos?

¿Cuando el articulista encontró que las cifras de sectarios iban de 5.000 a 700.000? Según la fuente, ¿no sospechó que, necesariamente, o bien la mayoría están equivocados o llevaban agua a su propio molino? Otro autor citado, Manuel Guerra, protesta en su libro de la dificultad de dialogar con los grupos que menciona, pero llevamos tres meses llamándole para quedar con él y solucionar sus dudas con documentos fehacientes; nunca había hablado con cienciólogos antes, muchos de los libros que cita están escritos por gente que tampoco lo ha hecho, al igual que que el señor Arias.

Los demás, los demagogos para beneficio propio y los que escriben libros sobre sectas para esconder que ellos mismos están en todas las listas, están bien en un foro de contrastes, pero son inaceptables en un artículo expositivo. Por eso, cuando se dice que en Latinoamerica 40 católicos se convierten cada hora para ir a sectas, se olvida que allí se trata, primero, de grupos protestantes (a los que precisamente pertenecen algunos autores citados por Arias como “antisectarios”), y, segundo, el auge de las religiones indígenas por el que vuelven a sus raíces muchos católicos que, por ejemplo, rezaban a la Virgen identificándola con una diosa maya.

Las prevenciones y salvedades que, esta vez sí, se vierten en favor de la relatividad a lo largo del artículo quedan descompensadas y desvirtuadas por la identificación sutil y falsa entre secta y fanatismo. ¿No será que el verdadero fanático y sectario, con etiqueta o sin ella, es el que excluye. al diferente?.

Lourdes Buitrago Montes

Presidenta de la Asociación Civil de Dianética. Iglesia de Cienciología