AFP 09/03/1982

La guerra particular entre la secta Moon y los familiares cuyos hijos se han hecho miembros de aquélla ha tomado especial relieve en Francia, al intentar los padres de Claire Chateau, mayor de edad, rescatarla para someterla a una cura a cargo de especialistas desprogramadores, motejados por la secta Moon de ser los exorcistas del siglo XX.

Claire Chateau fue llevada a una granja donde el desprogramador británico Martin Fraiers, otrora número dos de la secta en el Canadá, debería tratar de liberar a la joven de la influencia sectaria, previo pago de 35.000 francos (más de medio millón de pesetas).Durante dos días, Martin Fraiers ha hablado largamente con la chica, le ha proyectado una serie de filmes sobre el modo de hacer de los Moon y las reuniones secretas del grupo dirigente, manejando documentación que les es vedada a los miembros de la secta. Entre tanto, sus padres la fotografiaban sin que lo supiera, para que ella pudiera luego apreciar su inexpresividad y apatía.

Pero a los dos días se presentó la policía, obligando a interrumpir el tratamiento y permitiendo a Claire Chateau volver con sus correligionarlos. Al día siguiente, los padres fueron acusados oficialmente de secuestro y pueden acabar ante los tribunales.

El incidente ha servido a los Moon para lanzar una fuerte ofensiva contra la desprogramación, «un sistema que recurre a toda suerte de violencias morales, físicas y hasta sexuales», según declaraba el número dos de la secta Moon en Francia y en Europa, Michel Cloarec. El desprogramador Martin Fraiers justifica el coste de la operación alegando que para normalizar a un adepto de Moon hacen falta unos diez días.

La Asociación francesa para la Defensa de la Familia y el Individuo (ADFI) ha ofrecido su apoyo a los procedimientos no violentos de desprogramación aunque lamenta el lado comercial del incidente. Esta asociación intentó la coordinación de todas las asociaciones empeñadas en la lucha contra las sectas, y para ello convocó hace año y medio, en París, a unas sesenta personas que procedían de veinticuatro países. Una de las entidades presentes era la Asociación Española Pro Juventud, que a partir de entonces desarrolla una intensa campaña de información a la opinión pública y a lo, padres con hijos en sectas «sobre sus mecanismos ocultos». Según explicaron en Madrid, estas sectas consiguen manipular el cerebro mediante técnicas de sofronización, dieta adecuada, largas horas de oración ritual y rigurosas prohibiciones, como abstención del sexo ilícito.