ENRIC GONZÁLEZ, – El País, Lausana – 07/10/1994

Las propias víctimas de la tragedia se explicaron, aparentemente, en una carta póstuma: fue un suicidio colectivo provocado por la “persecución” a la que se les sometía. El historiador suizo Jean-François Mayer, especialista en sectas, dijo haber recibido ayer una misiva de los fieles del Templo del Sol, remitida el mismo martes. La policía suiza, que no quiso confirmar la autenticidad de la carta y siguió hablando de un “posible asesinato colectivo”, descartó que hubiera más cadáveres entre las ruinas de los chalés de Salvan. La prioridad policial era averiguar si el gurú Luc Jouret estaba vivo o muerto y descubrir el entramado económico de la secta.

La cuenta final en el número de víctimas se cerró en 52 muertos. A los 48 de Suiza hay que añadir los dos hallados el pasado fin de semana en una de las dos casas que Jouret tiene en las proximidades de Montreal (Canadá) y otros dos que la policía canadiense descubrió ayer carbonizados en el sótano de esa residencia. El juez instructor del caso, André Piller, informó, tras las autopsias practicadas, que los suicidas tenían en la piel marcas de inyecciones de droga. Indicó también que fueron encontrados tres rifles en la granja de La Rochette, pero no el arma con que fueron disparadas 52 balas. En esta granja, 20 de los 23 cadáveres hallados tenían heridas de bala.La policía suiza empezó ayer a darse cuenta de que la trama de la Orden del Templo del Sol iba mucho más allá de los tres chalés y la granja donde, el martes por la noche, se desarrolló la tragedia. El registro de un lujoso palacete en Ginebra y de varios apartamentos en la misma ciudad, pertenecientes a la secta y utilizados como residencias y centros de proselitismo, permitió avanzar en el conocimiento de una red de empresas y propiedades extendida por Suiza, Canadá y Francia.

La policía canadiense ya investigó, en 1992, un presunto intento de infiltración de la secta en la dirección de la compañía eléctrica Hydro-Quebec, de propiedad pública. Varios seguidores de Jouret ocupaban puestos de responsabilidad en la empresa. Y uno de los sacerdotes del templo, identificado entre las víctimas de la noche apocalíptica, era un alto funcionario del Ministerio de Finanzas de Canadá. La policía canadiense ha reabierto las investigaciones sobre la secta.

Vasto patrimonio

Las sociedades Golden Way, Amenta, Archedia y Granja Agrícola de Investigación y Cultura parecían ser los nudos de un vasto patrimonio, construido en base a la adoración del sol, la naturaleza y un inminente apocalipsis. El origen del pequeño imperio estaba claro: las donaciones, no siempre voluntarias, de los miembros de la secta.Las primeras denuncias por extorsión contra Jouret datan, en Suiza, de 1989. En algún caso, la cantidad entregada superó los 100 millones de pesetas. El Templo del Sol tenía dinero en abundancia, pero no será fácil dar con él dentro de la opaca banca helvética.

Los nombres de Luc Jouret, de 47 años, doble nacionalidad belga y canadiense y supuesto líder; de Joseph di Membro, de 50 años, nacionalidad francesa y supuesto organizador del entramado; y de Albert Giacobino, de 73 años, agricultor y de nacionalidad suiza, figuraban en casi todos los documentos de propiedad. Giacobino era dueño de la granja de Cheiry (Friburgo) y murió en ella.

Jouret y Di Membro no habían sido identificados ayer entre las víctimas. El juez friburgués Jean-Pascal. Jaquemet, encargado también de la investigación, comentó que “hay que contemplar la posibilidad de qué ambos estén vivos”.

La persona que, a juzgar por sus especiales ropajes negros, dirigió la última ceremonia en la capilla secreta de Cheiry, no era ninguno de ellos. Se trataba del alto funcionario canadiense. Otras personas ya identificadas, según un portavoz policial, eran un periodista canadiense, su esposa y su hijo de 10 años. Entre los dos escenarios de la tragedia fueron en total cinco los niños muertos.

La policía exploró ayer el tercer chalé de Salvan (Valais) y no encontró nuevos cuerpos. El edificio contaba, como temían los bomberos, con un sistema de explosivos casi intacto. Una vez desactivado el mecanismo, el chalé fue desmontado piedra a piedra y apareció otro templo secreto, éste dedicado aparentemente al apocalipsis.

En la capilla oculta de la granja de Cheiry, tapizada de rojo y espejos, y provista de un altar, de un cáliz y de una panoplia con rosas, cruces y espadas se adoraba más bien al sol y a la naturaleza, según la impresión de los investigadores.

Antiguos seguidores de Jouret explicaron ayer que el rito más multitudinario del Templo del Sol se celebraba en junio, durante el solsticio de verano, y consistía en una reunión de cientos de personas en torno a hogueras. Los ritos para los ya iniciados se realizaban en capillas como la de Cheiry, y consistían en actos “muy similares a las misas católicas”, según el especialista Mayer, el historiador que dijo haber recibido una “carta de ultratumba” de los sectarios muertos que contenía principalmente la frase: “Nos hemos liberado de una carga que se nos hacía más pesada cada día”.