JUAN ARIAS El País,  Roma – 21/01/1982

Licio Gelli, el jefe de la logia masónica Propaganda 2 (P-2) preparaba ya en 1971 un golpe de Estado militar, en connivencia con los servicios secretos italianos.Así lo reveló ayer el abogado Ermenegildo Benedetti, ex jefe de la logia masónica Gran Oriente, ante la comisión parlamentaria que investiga sobre el escándalo de la P-2.

Benedetti dijo claramente que ya en 1971, durante una reunión de los altos jefes de la masonería italiana, se manifestaron serios temores de que Gelli estuviese preparando un golpe. Para probar esta acusación, Benedetti entregó a la presidencia de la comisión las actas de aquella reunión.

Fue también Benedetti, que había sido expulsado de la masonería en 1976 por haber descubierto los negocios sucios de Gelli, quien afirmó ayer ante la comisión que el arma más fuerte que el jefe de la logia P-2 tuvo en sus manos fue el regalo que le hizo el general Allavena, entregándole todos los informes secretos del Servicio de Información de las Fuerzas Armadas (SIFAR) sobre cientos de personajes de primer plano del mundo político italiano. Gracias a estos informes, Gelli pudo chantajear a mucha gente, obligándola a entrar en su secta.

 

Si siempre hubo sospechas de que Gelli, el Poderoso, de quien el líder democristiano Giulio Andreotti dijo que «hasta Perón se arrodillaba a sus pies», buscaba algo más que crear una logia masónica mafiosa e internacional, ayer la sospecha quedó confirmada.

Ante la comisión parlamentaria que indaga sobre el escándalo de la P-2 están desfilando toda una serie de hombres importantes de la política y la economía italiana.

Ayer le tocó el turno a unos personajes claves: los altos mandos de la masonería italiana. Ante la comisión -presidida por una mujer, la democristiana Tina Anselmi, ex ministra de Educación, y compuesta por diputados de todos los partidos democráticos, incluida la oposición- prestaron testimonio los ex maestros venerables que tuvieron bajo su jurisdicción a Licio Gelli.

Acudieron todos, tanto sus acusadores como sus defensores, aunque estos últimos van siendo cada vez menos, al darse cuenta de que se trata de un personaje que ha provocado gran descrédito a la masonería.

La mayoría de los interrogatorios efectuados por la comisión se están celebrando a puerta cerrada, porque se prestan a lanzar toda una serie de insinuaciones, sospechas y hasta acusaciones contra hombres políticos conocidos, muchas veces manejados por el mismo Gelli, que sigue activo desde su escondite. Hay quien asegura que el asunto es demasiado complicado y que la única solución sería convocar unas elecciones políticas anticipadas para poder congelarlo durante muchos meses, y dejarlo encubierto, a la italiana.