LUIS EDUARDO SILES El País, Huelva – 23/10/1992

La principal acusada por el caso de la denominada secta de Mazagón, Ana Camacho Carrasco, de 44 años, dijo ayer al fiscal que “el gran águila, el espíritu guía”, hablaba a través de ella para orientar a sus compañeros. El juicio contra este extraño grupo comenzó ayer en la Audiencia Provincial de Huelva y se prolongará hasta el lunes. El físcal ha solicitado en sus conclusiones provisionales casi 200 años de cárcel para los siete procesados por los delitos de asesinato, estafa y favorecer el consumo de sustancias estupefacientes, entre otros.

La declaración de Ana Camacho sembró en ocasiones el desconcierto en el fiscal y entre los miembros del tribunal debido a sus habituales alusiones a espíritus parlanchines. En un momento del relato dijo: “Aquella orden no la di yo, tampoco el gran águila sino el espíritu del padre de Rafa, fallecido cinco años antes, que esa noche decidió hablar a través de Antonio”.Es una mujer de baja estatura, sin profesión conocida, con el pelo corto y el gesto gélido, sobre la que pesan acusaciones de asesinato y de realizar habitualmente torturas escalofriantes. Tiene sus facultades mentales en perfecto estado, según los análisis psiquiátricos.

Ana Camacho negó ayer que hiciera tragar a sus compañeros de grupo cigarrillos encendidos o manojos de cabellos que previamente les había arrancado, o beber orina propia o de los perros. También negó que estuviera soltera, como dice el sumario. “Me casé con un muerto, pero de ese asunto no quiero hablar. Soy esposa en artículo mortis“, aseguró con total decisión.

Atada con cadenas a la cama

La guía espiritual del grupo insistió en que ella no participó el 28 de agosto de 1988, en un chalé de Mazagón, localidad costera cercana a Huelva, en las torturas que acabaron con la vida de María Rosa Lima Sanz, quien desde tiempo antes intentaba huir de la secta. “Ese día la vi al levantarme de la siesta. Estaba hecha una piltrafa, atada con una cadena, a su cama. Le pregunté si quería alguna cosa y no me respondió. No sé nada, me limité a decir a los demás que era necesario llevarla urgentemente a un hospital”.

Los otros procesados han acusado a Ana Camacho de propinar la fatal paliza a Rosa después de varias semanas de escalofriantes torturas.

Los exámenes médicos realizados en el hospital sevillano donde falleció el 4 de septiembre de 1988 indicaron que Rosa Lima tenía un ovario roto, entre otras lesiones, y que le suministraron numerosas sustancias estupefacientes.

Según el informe fiscal, el marido de la víctima, José Manuel S. P., también procesado, asistía a las palizas y en alguna ocasión vomitó al presenciar las torturas ejercidas a su esposa.

Ana Camacho negó, a preguntas del fiscal, que hubiera acusado a Rosa de estar poseída por el diablo y de asegurar que las manos de la víctima se estaban convirtiendo en “garras satánicas”. La acusada puntualizó: “Eso sí, las manos se le estaban poniendo raras”.

En la cárcel de Sevilla

La secta tuvo su embrión en Sevilla durante 1978, en unos cursos sobre. control mental. Luego, Ana Camacho fue a Tenerife para que su pierna se curase “gracias a unos espíritus”, según relató. Después de una breve estancia en un piso de Madrid, el grupo se instaló en Mazagón.

Según el relato fiscal, Ana se convirtió en “guía espiritual y consejera personal” de “personas crédulas y pusilánimes”, entre ellas su hermana, María Luisa C. C., y su amiga Concepción G. S., para quienes se piden 14 y 24 años por detención ilegal, facilitar psicotrópicos y homicidio, y en el caso de la primera de ellas como encubridora.

En Madrid incrementaron el grupo Fernando A. F. (para quien se pide casi seis años), Emilla G. V. (22 años), Asunción M. A. (24 años) y el matrimonio formado por José Manuel S. P. (casi 30 años) y por la fallecida. Ana Camacho Carrasco, para quien el fiscal pide 69 años de reclusión, lleva casi cuatro años ingresada en la cárcel de Sevilla. Los restantes miembros del grupo se encuentran en libertad condicional.