La Provincia, Diario de Las Palmas, Mónica Perdomo, 21.02.2010

– ¿Cuál ha sido su primera impresión tras conocer las presuntas agresiones a menores en Canarias por parte de un grupo de karatecas?

Me siento conmocionado como persona, como padre, como profesional de la psicología y como deportista, ya que llevo 25 años practicando esta disciplina y estos presuntos hechos delictivos marcan a las personas. No obstante quiero hacer previamente una referencia de carácter deportivo aunque la Federación Nacional emitirá un comunicado al respecto. Considero erróneo que se vincule el acto delictivo a esta disciplina pues ha ocurrido en otros deportes. El nombre que se le ha puesto ‘Operación Kárate’, no es muy adecuado y vincula mucho, sin quererlo. Hay que tener en cuenta que este tipo de delitos también se han dado en el fútbol, balonmano, tenis. En el entorno del kárate hay un rechazo total a la violencia.

– ¿Por qué las víctimas han guardado silencio durante tantos años?

El silencio en las víctimas de abusos sexuales no es inusual. Recordemos el caso de los sacerdotes irlandeses, cuyas víctimas denunciaron más de 30 años después. En el niño, que empieza a sufrir estos abusos puede haber indicadores o comentarios en esa línea, pero normalmente no se tienen en cuenta. Los padres han de enseñarles a decir ‘NO’. Ellos entienden que hay algo que no está bien, que no cuadra, pero no llegan a entender por qué no está bien, se perciben indefensos y se creen culpables y este silencio tiene un coste emocional muy grande que toda la vida les va a marcar.

– Ellos confían en sus monitores, sus maestros, ¿no es así?

Efectivamente. El daño se lo hacen personas a las que ellos admiran y se trata de un abuso de confianza. En el 80 por ciento de los abusos sexuales a menores se trata de un entorno próximo. La familia conoce al presunto agresor y lo valoran mucho. Pongamos un ejemplo, el presunto delincuente, en este caso monitor, le dice al niño que “tiene que hacer esto” y él cree que aunque no le guste debe hacerlo. Es como cuando la madre le insiste “que tienes que lavarte los dientes”; no le gusta, pero debe hacerlo.

¿Las víctimas se recuperarán?

Cuando se inicia un tratamiento es muy importante primero que se hable del tema, poderlo sacar en un contexto controlado. Necesitan apoyo psicológico y hay que intentar reducir al mínimo los efectos. No hay que reprocharles el por qué estuvieron tantos años callados, no hay que estigmatizarlos. Las víctimas lo son porque no tienen recursos para salir de ahí. Las experiencias importantes que vivimos nos acompañan toda la vida y eso hay que aceptarlo con el tiempo. Se puede llegar a tener un equilibrio y funcionar bien en las relaciones con los demás pero los hechos importantes no los podrán eliminar.

– Los padres se encuentran desolados pues ignoraban todo. ¿Cómo pueden asumir esto?

Lo más importante es comprender a las víctimas y no recriminarles, empatizar con ellas y que sea la justicia la que busque culpables. También hay acciones de prevención. Hay que apoyar a los niños desde pequeños a que se comuniquen y cuenten las cosas. En los menores, sexualidad y afecto están unidos y el niño los confunde. Por lo tanto cuando el niño dice algo, por muy extraño que le parezca a los padres, que lo escuchen. Un ejemplo sencillo, hay padres que dicen “venga, dale un beso a tu tío, primo, etc.” y es común que los niños digan que no. Ni en el plano de los afectos ni en el de la sexualidad existen obligaciones.

– ¿Conoce usted a Torres Baena?

Como deportista sí, ya que durante muchos años he acudido a eventos y soy profesor de kárate.

– ¿Cuál puede ser el perfil de un agresor sexual de menores?

Pues las personas tienen muchas facetas pero podemos hacer una aproximación genérica. Hay casos en los que el propio agresor sufrió abusos cuando pequeño y de mayor los reproduce. En este caso hay un abuso de autoridad, él es el profesor y se tenía ganada la confianza de padres y niños. En otros casos existe una falta de seguridad en el agresor que la intenta combatir subyugando a los demás y otros son sociópatas que piensan que lo que hacen está bien.