La Provincia, Diario Las Palmas, Pedro Guerra, 21.02.2010

Le debo mucho a Fernando”. “Es que todo lo que soy en el kárate se lo debo a él”. “Todos le teníamos mucho respeto al maestro”. “No sé si debería hacerle esto a Fernando”. Frases similares a éstas han sido pronunciadas por muchos de los jóvenes que han asegurado haber sufrido presuntos abusos sexuales por parte del que es, posiblemente, el mejor karateka español de todos los tiempos. “Las broncas de Fernando eran terribles”, asegura otra de las víctimas. Y otra: “Cuando se enfadaba era muy duro con los alumnos”. El sumo maestro karateca está hoy en prisión provisional imputado por un delito continuado de abusos sexuales y otro de corrupción de menores. La lista de víctimas ronda el medio centenar, con jóvenes de edades comprendidas entre los 9 y los 35 años. Un reguero de adolescentes llevan un par de semanas rescatando del olvido de su memoria hechos que hubieran preferido no vivir nunca, mientras la investigación retrocede dos décadas para intentar llegar al origen de los hechos. Y también al final. Pero… ¿quién es Fernando el karateca?

Fernando Antonio Torres Baena (Las Palmas de Gran Canaria, 1956) es un deportista de reconocido prestigio internacional. Posee la máxima titulación que hay en el mundo en la modalidad de kárate (cinturón negro, séptimo dan), y en 1981 fundó la Escuela de Kárate Torres Baena, hoy domiciliada en la calle Juan Carló de la capital grancanaria. Sus logros deportivos datan de 1979, cuando fue campeón de España en la modalidad kumite; sólo cinco años antes había iniciado la práctica del kárate. Desde entonces no ha parado de cosechar logros internacionales a la vez que se centraba en la labor de docencia de este deporte en su gimnasio. De la Escuela de Kárate Torres Baena han salido innumerables campeones del mundo; dos de ellas, María José González Peña (actual compañera sentimental) e Ivonne González Herrera, se encuentran hoy junto a su maestro en prisión por un presunto delito continuado de abusos sexuales y otro de corrupción de menores. Y otras dos personas, Juan Luis Benítez Cárdenes y José Benítez Peña, en libertad provisional imputados por un delito de abusos sexuales.

“Me parece todo tan increíble. Fernando era como un padre para mi hijo”. Quien habla es la madre de un joven víctima de los presuntos abusos sexuales de Torres Baena. Su hijo tiene 18 años y empezó en el kárate hace doce. Según relató el joven al juez, los supuestos abusos comenzaron cuando tenía sólo nueve años. Un día, hace sólo dos semanas, su madre recibió una llamada de la policía para que llevara al joven a comisaría, y allí se enteró de todo: “Nunca dijo nada, el pobre. Estamos todos destrozados”. Así ha ocurrido con todos los jóvenes, a los que en ocasiones el propio Fernando iba a recoger en su coche.

Ninguna de las víctimas ha hablado jamás. “Estaban como abducidas por el líder de una secta, con un sentimiento de culpabilidad y un temor propios de comportamientos sectarios”, asegura un investigador.
En casa de Torres Baena, donde había fines de semana en que se quedaban a dormir hasta quince jóvenes, la policía incautó numerosos artilugios sexuales y se cree que se cometían abusos y orgías con menores desde hace casi dos décadas.

Según los testimonios con los que cuenta la policía, el karateca cometió presuntamente todo tipo de abusos a al menos decenas de jóvenes. “Básicamente a chicos, algunos muy pequeños, pero también hay violaciones a chicas”, apunta una fuente próxima a la investigación.

Varias víctimas que ya han prestado declaración ante el juez aseguran que las dos mujeres que se encuentran en prisión junto al reconocido karateca, su compañera sentimental, María José González Peña, e Ivón González Herrera, fueron víctimas de Torres Baena antes de participar en las orgías que se celebraban en Playa de Vargas como autoras de presuntos abusos sexuales.

EL SEXO ES EL CAMINO. “El sexo es bueno para que seas cinturón negro”, les decía Torres Baena a los jóvenes, a los que captaba con edades muy tempranas. Algunas de las víctimas que han declarado tenían nueve años cuando comenzaron los presuntos abusos sexuales. A partir de ahí, se producía una relación de total sumisión entre el alumno y el maestro karateca, que propiciaba que los jóvenes guardaran silencio sobre lo que ocurría. Así, muchos llegaron a obtener el tan ansiado cinturón negro, pero los que no entraban en el grupo que se reunía los fines de semana en la casa de Playa de Vargas eran despreciados y ninguneados en el gimnasio. Muchos jóvenes abandonaron la práctica del deporte por ello.

Antes de conocer en el gimnasio a María José González, Torres Baena estuvo casado y es padre de tres hijos, dos chicos y una chica. Una vez iniciada en las prácticas sexuales que los testigos aseguran que se realizaban en Playa de Vargas, María José jugaba un papel fundamental. Supuestamente pasó de víctima a verdugo (siempre según la investigación) y captaba a jóvenes de edades muy tempranas. Primero se les enseñaba a realizarse tocamientos y, si todo iba según lo previsto, terminaban participando en las supuestas orgías que se llevaban a cabo en el domicilio de la pareja. Los jóvenes eran violados y obligados a mantener relaciones sexuales entre ellos, según los testimonios de las víctimas. También les ponían películas pornográficas a los menores y, en ocasiones, les daban drogas. “Todo es muy desagradable”, asegura una fuente muy próxima a la investigación. “Hay niños que acaban llorando en los brazos de los policías cuando van a prestar declaración. Niños muy pequeños de nueve o diez años”.

Torres ni se inmutó en el momento en que fue detenido. El juez Parramón movilizó a los GEOS (Grupo Especial de Operaciones) del Cuerpo Nacional de Policía por el hecho de ser karatecas de reconocido prestigio, pero no hubo ningún contratiempo. A última hora de la noche del jueves 4 de febrero, cinco personas ya dormían en el calabozo. Y tal vez decenas de víctimas ponían fin a su pesadilla. El ‘caso del kárate’ estalla. Un caso de perversión sin precedentes en Canarias.