Clarín (Argentina), 13.05.2020

Como sugirió el argentinísimo Pastor Giménez -electrónico y pionero en estas tierras-, el evangelismo unido jamás será vencido. “En cualquier momento se viene nuestro partido político”, dio a entender enarcando las cejas y avisando que no falta mucho para que dejemos de hablar de la antinomia macrismo-kirchnerismo. Brasil nunca estuvo más cerca al respecto, Edir Macedo, el fundador de la Iglesia Universal del Reino De Dios, un Pastor Giménez carioca y todopoderoso, es sindicado como dueño de varias cosas y también del éxito de Jesús, la superproducción basada en la historia del Mesías de Nazaret (Telefe, lunes a viernes a las 22).

Decir Macedo es comprender un universo donde la palabra “obispo” se mezcla con ego, mercadotecnia, finanzas y empresariado. Hablamos de un pastor y de un auténtico hombre de negocios, también banquero, también patrón de un holding de medios que le hace sombra a Rede Globo, con una capacidad mesiánica de estar siempre tan presente, que le funcionó a Jair Bolsonaro como plataforma de lanzamiento presidencial.

La producción de café brasileño debe ser un poroto de exportación comparado al culto que promueve Macedo a nivel planetario, donde su doctrina pentecostal llega a los países limítrofes y a otros 180 también. Los evangelistas descubrieron, hace rato, que la televisión es el verdadero templo de la iluminada misión. Amos y señores de horarios marginales y madrugadas, los vemos habitualmente -y en pandémicos insomnios, aún más- saturando la pantalla hasta cualquier hora con eslóganes nacidos del ejemplar e incomparable “pare de sufrir”.

Ahora, RecordTV, su canal, produce la serie más vista en la Argentina. Sólo el día de su debut, a principios de mes, Jesús hizo el milagro de promediar 12 puntos y pico de rating, siendo lo más visto hasta llegar a comprobar que cerca de la mitad de los televisores de aire encendidos entre las 22 y las 23.30, seguía los tormentos de la serie de Telefe realizada con calidad cinematográfica.

Macedo es el cerebro detrás del fenómeno. Este devoto de 75 años, con mirada melancólica y sonrisa a lo Roberto Carlos, es guía en más de un sentido. Predicador de oficios santos y no tanto, creó una iglesia propia y escribió 34 best-sellers con más de 10 millones de libros vendidos. En Río de Janeiro, decir su nombre o el de Zico es más o menos lo mismo.

Al frente de Record, su singular paquete de medios, más de una vez puso en jaque a O Globo y su peso específico en la opinión pública cobró real dimensión en 2018, apoyando explícitamente la candidatura de Bolsonaro. Su camino evangélico se inicia en 1974, teniendo un puesto de funcionario público en el área de Estadísticas y Censo. Mientras, participaba activamente de una iglesia llamada “Cruzada del Camino Eterno”. De un día para a otro abandonó el cargo público para dedicarse a la religión con tenaz despliegue, haciendo doctorados en Teología, Filosofía Cristiana, y un Honoris Causa en Divinidad. Hasta un máster en Ciencias Teológicas tiene.

Tres años después ya consiguió santuario propio con la “Iglesia universal del Reino de Dios” (IURD), fundada en 1977. Su centro religioso predica en simultáneo por 50 canales de televisión, cien emisoras de radio y un par de diarios.

La característica distintiva de su dogma sería la de evangelizar utilizando “oraciones fuertes” que buscan exorcizar los males que llevan a la infelicidad, las adicciones y otros demonios de la vida cotidiana y moderna.

La “oración fuerte” es para que salgas. Algunos dicen que es “un lavado de cerebro”; otros, la consecuencia del verdadero sabor del “pecado”. Dichas con un lenguaje relativamente sencillo y poco enrevesado, las plegarias parecen expresar una transición en busca del reconocimiento de que, por lo visto, existen otros seres humanos que merecen ser amados.

Su templo es más grande que una cancha de fútbol (grande). Las tribunas se llenan y la auto celebración, una de las danzas preferidas de Hollywood, es en Macedo un sello estudiado que se rubrica hasta con película propia y, por supuesto, autobiográfica. Nada que perder fue un golazo a lo Pelé. Autofinanciado, autoproducido y (auto)exitoso en toda la franja social: a los que no podían pagar las entradas para verla, se las regalaban.

A principios de la década del ’90, el obispo Macedo protagonizó un clásico de las espiritualidades menos ortodoxas: fue preso por un caso de estafa. Once días y lo absolvieron de un delito que ya nadie recuerda.

En el 2002 lanzó su propia insignia política para descomponer el Partido Liberal (PL), que coronaba la alianza del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva. El nuevo Partido Republicano Brasileño, brazo político de la Iglesia Universal del Reino de Dios, está hoy considerado como un frente de la derecha vinculada a los pastores evangélicos.

Realizada por RecordTV en sociedad con la productora Casablanca, la fórmula de Jesús fue probada exitosamente en 2016 con la telenovela Moisés y los diez mandamientos, otro hit de la misma cadena. Las comunicación de Macedo es un altavoz con notable penetración aquí y allá. Sus ideas audiovisuales están calificadas como parte del “poder bando” que ejerce este obispo nacional y popular. Tanto es así que la Rede Globo ha perdido el rumbo con sus culebrones burgueses y ya no sabe bien cómo hacer para acallar el estruendo de las voces bíblicas.