El Mundo (Brasil), Germán Aranda, 3.03.2015

¿Está la iglesia evangélica brasileña formando a su propio ejército? Por ahora no aparecen armas en los vídeos de los autoproclamados Gladiadores del Altar, que están “listos para la batalla” según gritan durante un culto en Fortaleza, Ceará.

“Somos gladiadores de su altar. Esto es una decisión. Todos los días nos enfrentamos al infierno confiantes en Su santa protección”, gritan los jóvenes al unísono.

En marcha militar y respondiendo al pastor de la Iglesia Universal del Reino de Dius (IURD) como se responde a un coronel, los gladiadores del altar utilizan un escudo de reminiscencias templarias y, según informa la web de la iglesia, “están dispuestos a renunciar a sus vidas para que otras personas sean ayudadas”.

Los evangélicos, protestantes neopentecostales con discursos generalmente muy ligados al espíritu americano y capitalista de superación y con maquinarias imparables de propaganda pop, representan hoy un 22% de la población brasileña con más de 40 millones de fieles. Son la segunda religión más pofesada en el país con más católicos del mundo, 123 millones.

Pese a que cuenta con diversas tendencias e interpretaciones, la iglesia evangélica ha reforzado en Brasil el discurso homófobo y cuenta en el Congreso con un importante grupo de presión transversal a los partidos que intenta torpedear cualquier avance con respecto a la adopción por parte de homosexuales o al matrimonio gay, así como también es radicalmente antiabortista.

En las elecciones presidenciales de octubre del pasado año, el Pastor Everaldo (que así se hacía llamar) consiguió 780.000 votos al frente del Partido Social Cristiano, formado por evangélicos. Marina Silva, que se quedó a las puertas del segundo turno, también es evangélica (se convirtió hace veinte años tras ser curada por un pastor de manera milagrosa, según ella), aunque no es en principio partícipe de estrechar las relaciones entre el Estado y cualquier tipo de Iglesia.