Protestante Digital, 3.08.2014

Y es que no paramos de sufrir. Porque parece que todo lo que no es católico-romano, especialmente si tiene pastores y cultos “movidos”, automáticamente es evangélico o protestante. Es como si todo aquel embutido que no fuese jamón, automáticamente se le pusiera el nombre de chorizo. Nada de lomo, mortadela, salchichón, sobrasada, chopped, butifarra, fuet, o morcilla… ¡tonterías!, ¡hala!, todo chorizo, que es más fácil. Pero el problema es que los evangélicos no somos chorizos, al menos la inmensa mayoría (aunque de todo hay en todos sitios, oiga, eso desgraciadamente es cierto). Y es que aunque lo superficial asemeje a la IURD con las iglesias evangélicas, tiene mucho más en común con la católica. Y no lo decimos porque tenga mucho dinero, sino por su sacramentalismo, sus aguas benditas, rezos y rituales, que se asemejan (sin coincidir, evidentemente) con el concepto sacramental del catolicismo. El cobrar por la bendición de Dios también recuerda más a las bulas que Lutero rechazó, y que todo cristiano evangélico bien nacido también debería seguir condenando en la actualidad. Que la teología de la prosperidad desgraciadamente salpique a las iglesias evangélicas -mezclando la gracia de Dios con los donativos de dinero- nada tiene que ver con el hacer negocio estable, permanente, institucional y fraudulento de manera organizada como se ha acusado a la IURD (también conocida en algunos países como “Pare de sufrir”). Pero es más, se puede decir que la mayoría de las voces evangélicas hispanas institucionales y representativas consideran que este grupo religioso nada tiene que ver con ellos. En Latinoamérica y aquí en España, donde la FEREDE (Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España, representante legal ante el Estado) bloqueó su admisión. Era la primera vez que esto ocurría con una entidad religiosa en FEREDE, ya que sus criterios y base de fe son claros y transparentes, pero en absoluto estrictos. Algo similar ocurrió en Portugal con la Alianza Evangélica Portuguesa (la Alianza Evangélica Española tampoco acepta a este grupo como evangélico); y podríamos seguir con una lista larguísima de entidades latinoamericanas. Por lo tanto, queremos dejar patente, y sin la menor duda alguna, que la Iglesia Universal del Reino de Dios NO es una iglesia o movimiento evangélico ni a nivel doctrinal ni a nivel ético. Que no podemos evitar que se autodenominen evangélicos o que otros así les llamen es un hecho real e inevitable. Como nadie podría evitar que la Iglesia del Palmar de Troya se llame católica. Pero se está faltando a lo que consideramos la verdad. LIBRO DE ESTILO PROTESTANTE: SECTA EVANGÉLICA (*) Dado que la noticia sobre la IURD se ha referido a esta organización como “iglesia evangélica” y “secta evangélica”, publicamos a continuación el apartado que sobre “secta evangélica” contiene el Libro de Estilo Protestante” (*). “Secta evangélica” se usa en ocasiones para referirse a grupos o sectores evangélicos, generalmente con actividades negativas o potencialmente peligrosas para la sociedad y el individuo. CONSIDERACIONES Aunque hay un uso no peyorativo de la palabra “secta” para definir un sector o rama de un movimiento o ideología, en el uso común se entiende como algo claramente negativo. Por otro lado, si se quiere hablar de la Iglesia protestante como un sector surgido del catolicismo, desde el punto de vista del protestantismo ha sido la Iglesia católica la que se desvió del cristianismo siendo la Iglesia evangélica la continuadora de la “cepa original” que es Cristo (por lo que sería el Vaticano la “secta cristiana”). Es más, el propio cristianismo en general (y la Iglesia católica en particular, junto a las otras iglesias cristianas) sería en este sentido una secta del judaismo. Otra razón para negar este uso de la palabra “secta” aplicada a los evangélicos es que grupos sectarios –en su sentido negativo- hay y habrá en todas las ideologías y grupos sociales, por lo que no se debe generalizar al todo la actuación de una pequeña parte, especialmente cuando ese todo es una amplia minoría cultural y socialmente marginada, como es la protestante en España. Lo correcto sería poner nombre y apellidos al grupo sectario ya que tiene identidad propia, y no etiquetarlo por su origen o adscripción (por ejemplo, “La secta del Palmar de Troya” en vez de “la secta católica del Palmar de Troya”). Ejemplo de error equivalente: La secta católica, con sede en el Vaticano, se pronunció sobre el aborto.
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