La Información (España), Elena Santorromán, 5.08.2014

“A los jóvenes ser héroes les gusta mucho, y la idea del paso al acto también. Hacen cosas que luego pueden resultar muy duras”, nos ha explicado Javier Urra, experto psicólogo forense del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y de los Juzgados de Menores y ex Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid.

Urra ha explicado en una entrevista a Lainformación que los jóvenes que se enrolan en un grupo radical, o relacionado con grupos sectarios, es porque muchas veces “oyen cosas y se ven atraídos por la liturgia del grupo, los rituales…”. Este martes se ha dado a conocer que las dos chicas detenidas en Marruecos por supuesta pertenencia a la Yihad islámica han sido interrogadas en la Audiencia Nacional.

Miguel Perlado, experto psicólogo cuya experiencia se basa en sectas y presidente de la Asociación Iberoamericana del Abuso Psicológico, hace la radiografía del joven más vulnerable ante el ideario radical de los grupos: “Son jóvenes inmaduros y el problema en esas franjas de edad es que tienen una falta de autoestima, son más fácilmente vulnerables y más seducibles en determinadas circunstancias”.

De las dos jóvenes una era menor de edad y la otra contaba con 19 años. Esta menor fue detenida junto a la joven melillense de 19 años, Fauzia Allal Mohamed, quien al parecer le dio alojamiento en su casa de Melilla y para quien el juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, ha ordenado hoy la libertad provisional sin fianza imputada por el mismo delito de supuesta integración en banda terrorista.

La hipótesis, en el caso de las dos marroquíes, que explica Urra tiene que ver con que estos jóvenes “son llamados por alguien”, es decir, que la semilla para germine su interés por pertenecer a un grupo radical se puede encontrar en el núcleo familiar, en un grupo de iguales, lo que él llama “grupo-padre”, o en la misma red de Internet.

Urra descarta por completo el que los jóvenes decidan tomar la iniciativa por sí mismos, de hecho remarca que “tiene que haber una semilla”, porque “un joven por sí solo no se enrola, pero busca una justicia social”. Perlado apoya la teoría de Urra que apunta al vínculo emocional de estos jóvenes y los grupos radicales a los que acuden para protegerse:”Siempre hay un vínculo emocional, detrás hay temas de carencias afectivas, y vinculadas a las dificultades del proceso de identidad”.

Buscan una razón de ser en su vida

Al igual que puede ocurrir con las jóvenes marroquíes, que querían unirse a los miembros del Estado Islámico (Califato Islámico o ISIS por sus siglas en inglés), los adolescentes o jóvenes pueden sentirse atraídos por los grupos radicales, en este caso por la Yihad porque estos pueden dar un vuelco a su vida.

“La gente hace estas cosas porque dan a su vida una razón de ser, los jóvenes quieren tener sensaciones, pero alguien tiene que inocular la semilla”, razona el experto psicólogo. Y añade que lo que habría que saber, en realidad, es si estos adolescentes guardan odio en su interior, o simplemente actúan por desconocimiento, porque “hay que saber si hay odio realmente o es una forma de mostrar una parafernalia”.

“Si crees que vas a conseguir el Paraíso de por vida, eso te puede dar mucha fuerza para llevar a cabo tus actos”, considera Urra. Aunque “el apoyo grupal es lo que les da más fuerza”. Sin embargo, Perlado señala que muchas veces los jóvenes carecen de un discurso ideológico consistente, “el texto que defienden se construye como un collage y muchas veces hay una distorsión de lo que se dice a lo que dicta el contexto religioso”.

Estas dos chicas marroquíes fueron captadas a través de mensajes en las redes sociales como TwitterFacebook e incluso las fuentes policiales afirmaban que habían recibido mensajes de Whatsapp a sus móviles. Urra destaca que las actividades radicales “se refuerzan en las redes sociales, es imposible que un joven haga estas cosas desde su soledad”.

Otro de los focos importantes puede llegar a ser el entorno familiar, del que Urra matiza que “puede ser que los padres muchas veces desconozcan lo que hacen sus hijos, pero a veces sí que ven indicios en su comportamiento”, argumenta.

 El experto se plantea tres preguntas retóricas clave en este asunto: “¿Sabían dónde se metían?, ¿estaban realmente enroladas? y ¿eran conscientes de lo que hacían?”.