“La radicalización se aprovecha de la frustración de los jóvenes”

Diari ARA (España), Laia Bonilla y Marta Rodríguez, 29.08.2017

Los atentados de Barcelona y Cambrils, cometidos por jóvenes musulmanes que habían crecido en Cataluña -algunos nacidos aquí- y aparentemente integrados, obligará Enseñanza e Interior a revisar la estrategia de detección de radicales, como el plan de prevención, detección e intervención de los procesos de radicalización en los centros educativos (Proderai), que este curso pasado se ha aplicado por primera vez en las escuelas e institutos catalanes.

Nada hacía pensar que el Younes, Omar, Mohamed o el Moussa, jóvenes de Ripoll de entre 17 y 24 años, provocarían un ataque terrorista. No vivían en guetos, habían completado sus estudios y trabajaban y jugaban en equipos de fútbol locales. Es decir, no pertenecían a un entorno de exclusión social. La radicalización -islamista o de otro tipo- es un fenómeno complejo y multifactorial. Para radicalizar estos jóvenes “quizás han buscado una rendija en este sistema multifactorial y la han encontrado”, asegura Martí Barberà, director general de Atención a la Familia y Comunidad Educativa.

El imán de Ripoll fue el cerebro de los atentados y el responsable de la radicalización de estos chicos, que en los últimos meses se habían ido apartando de familia y amigos para relacionarse sólo entre ellos, con pautas de funcionamiento muchos similares a las de una secta, como ayer confirmó el mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero. “Todos los grupos terroristas funcionan como una secta”, explica el psicólogo Miguel Perlado. Comparten, entre otras características, la obediencia ciega, el aislamiento y un fuerte sentimiento de pertenencia al grupo.

Los profesionales de primera línea, como maestros o pediatras, son, según Ismael Palacín, director de la Fundación Jaume Bofill, los que pueden detectar señales de manipulación o radicalización. Pero alerta que la escuela “no debe ser un servicio parapolicial de detección”. De hecho, Trapero, recordó ayer que los jóvenes terroristas “engañaron” la policía y también la familia, los vecinos, la escuela, la comunidad religiosa y los amigos, afirmó en una entrevista en Catalunya Radio.

La identidad múltiple

El mayor de los Mossos admitió que dado que hay procesos de radicalización que “no son tan evidentes”, ahora se tendrá que trabajar para “detectar la radicalización que no deja rastros”. También Martí Barberà reconoce que el sistema debe ser “suficientemente flexible” para adaptarse “a las nuevas modalidades” de los captadores. “No sólo la escuela debe estar alerta, también las familias deben estar atentos para detectar las señales”, añade. “Lo que pasa dentro de la escuela lo sabemos todos, pero lo que sucede fuera tenemos poca información”, advierte la educadora Dolores Collell. Estos jóvenes, además, no se radicalizaron ni fueron captados en espacios de culto religioso.

Esta rápida radicalización de los jóvenes y el hecho de que no provenían de zonas marginales o de exclusión social apuntan hacia un nuevo perfil de captación de yihadistas. Los contextos desfavorecidos socioeconómicamente son uno de los factores de riesgo para caer en la radicalización, según el Proderai, que trabaja de manera preventiva tanto la radicalización islamista como la islamofobia, ya que se retroalimentan.

“Un chico con trabajo, éxito escolar y un entorno de socialización es menos influenciable que un chico sin proyecto vital”, razona Ismael Palacín. No fue el caso de estos jóvenes, pero un joven “aparentemente integrado” también puede ser manipulable por un adulto. “He visto casos de manipulación de jóvenes contra todo pronóstico”, añade Palacín. En todo caso, deja bien claro que en Cataluña “no hay un fenómeno de radicalización de los jóvenes musulmanes”. No obstante, existen algunos factores de riesgo. La dificultad para construir una identidad múltiple que casi la cultura de origen con la de acogida es uno de los más importantes. La adolescencia es una etapa de construcción de la propia identidad y, para Palacín, aún tiene que acabar de construir un país intercultural donde se pueda “ser joven de origen inmigrante y a la vez catalán”. “Todos necesitamos una identidad y si la sociedad no nos la ofrece, nos la buscamos nosotros”, opina. La escuela trabaja para que estos jóvenes se sientan incorporados: “Damos recursos para que puedan construir una identidad múltiple para sentirse catalán sin rechazar los orígenes. Hacemos hincapié en la prevención “, dice Gené Gordó, subdirectora de Apoyo y Atención a la Comunidad Educativa.

Las bajas expectativas de éxito en el ámbito escolar y después en el laboral, la baja autoestima, la falta de arraigo en la sociedad o la falta de vínculos son factores de riesgo de los procesos de radicalización islamista. Xavier Gual es profesor de instituto y ha trabajado en centros con un 80% de alumnos marroquíes. Opina que la radicalización “se aprovecha de la frustración de los jóvenes”. “Y tenemos que conseguir que puedan prosperar aquí y estar satisfechos con su vida”, dice.

El papel de la familia

Otro factor de riesgo es la baja participación de las familias en la escuela. Gual reconoce que el idioma es en ocasiones una barrera: “Para hablar con las madres -los padres delegan el tema de la escuela en ellas- teníamos que ir con un intérprete para que no sabíamos árabe”.

Dolores Collell, ex directora de un instituto de Vic, cree que “hay que poner en valor” los “éxitos” de la escuela para gestionar la llegada masiva de inmigración, que en diez años pasó de un 2 , 5% a un 15% de alumnado inmigrante. También lo cree Palacín pero apunta que no se trabajó bastante la promoción escolar y cita las altas tasas “de abandono escolar” entre el alumnado marroquí.

Collell recuerda que “en la mayoría de institutos catalanes están surgiendo hornadas de alumnos bien integrados” pero no esconde que los atentados “llevan a reflexionar qué más se puede hacer”. “Podrían ser alumnos de muchos institutos de Cataluña”, dice de los jóvenes terroristas. El mismo toque de alerta lanzó el sábado Hafida Oukabir, hermana de uno de los terroristas muertos en Cambrils: “Que un joven que ha nacido o crecido en Cataluña se rebele contra su país y el más apreciado que tiene, significa que tenemos un verdadero problema que no tenemos que esconder “, concluye.

Terapia emocional y reeducación teológica para desprogramar yihadistas

Del mismo modo que son múltiples y diversos los factores que llevan a una persona de ideología radical a pasar a la acción delictiva, el proceso de desradicalització es complejo, largo y debe tener en cuenta las motivaciones y los entornos individuales. “No existe la máquina del cambio”, advierte Manuel Roca, responsable del área de información y seguridad de Servicios Penitenciarios de la Generalitat, que a la pregunta de si se puede desradicalitzar un radicalizado responde: “Desde la teoría, si hay un proceso de radicalización, tiene que haber uno de desradicalitzación”. Todavía, sin embargo, no hay ningún programa en el mundo que pueda ofrecer datos concluyentes, ni de éxito ni de fracaso, como tampoco “no existe una fórmula mágica”, matiza el psicólogo Miguel Perlado.

Francia acaba de cerrar un centro experimental, abierto en febrero de 2016 y que debía ser el modelo para la reinserción, por falta de resultados, ya que los usuarios que han pasado no todos han terminado la terapia. El gobierno de París vuelve a pensar ahora la estrategia para desprogramar sus radicalizados, teniendo en cuenta que es el país europeo que más combatientes ha enviado a Siria e Irak, en las filas del Estado Islámico. El ingreso a un programa de desradicalització debe ser siempre una decisión “voluntaria” como lo es la radicalización, coinciden los expertos.

Roca compara el proceso de adhesión a un grupo terrorista al de una secta o una banda violenta. El sujeto suele ser una persona con vulnerabilidad psicológica que va perdiendo el contacto con sus vínculos sociales hasta aislarse mentalmente y tener una obediencia ciega a un líder o una creencia.

Aislamiento del foco nocivo

Miguel Perlado, psicólogo terapeuta especialista en grupos sectarios, explica lo importante que es “separar de su grupo y de la fuente de radicalización” la persona que ha sido captada. En este punto no coinciden los expertos. Para el psicólogo Manel Roca, que trabaja en el ámbito penitenciario, esta es una opción a descartar.

En este sentido, el manual de la Generalidad es ofrecer actividades y talleres para “volver a generar vínculos sociales” diferentes. Este experto, sin embargo, sí señala que es básico que el individuo esté “separado de los mensajes de radicalización”. Estar solo, sin compañía, puede provocar el efecto contrario y que el individuo reafirme su radicalismo. Por el contrario, tanto Perlado como el criminólogo David Garriga ven “fundamental el aislamiento” para alejar el individuo del foco nocivo. Se trata de borrarle el “sentimiento grupal”, en el fondo, la nueva identidad que ha adoptado cuando ha aceptado ingresar a la secta o banda.

En el caso de los delincuentes yihadistas, apunta este especialista, es vital “una reeducación teológica” porque, tal como se ha visto con los jóvenes de Ripoll u otros terroristas que han atentado en Europa, muchos no tenían ningún bagaje religioso y ni siquiera seguían los principios básicos del islam hasta poco antes de atentar.

Del mismo modo que el radicalizador “ha tocado la fibra emocional para absorber y girar el cerebro” de la víctima, en la desradicalización debe jugar un papel crucial también el aspecto emocional, afirma Miguel Perlado. Así, durante el tratamiento, la terapia se dirige a hacer que el individuo en cuestión “tome conciencia de lo que ha hecho y del daño que ha provocado que pueda hacer el clic mental”, explica el profesional.

Factores personales

En cualquier caso, la teoría proclama la necesidad de establecer un programa personalizado, teniendo en cuenta, entre otros, “los factores psicológicos y la vulnerabilidad del individuo o el elemento de radicalización”, enumera Roca, psicólogo de formación . El proceso, admiten todos, es largo y lleno de obstáculos, para que así como el reclutador de yihadistas ha sabido encontrar una “narrativa aparentemente atractiva y un manual de adoctrinamiento basado en la identidad, reconociendo las frustraciones y respondiendo a la búsqueda de reconocimiento fácil y rápido “de los que caen en la red, los desprogramador aún no han encontrado esta fórmula, reconoce David Garriga, presidente de la Comunidad de Inteligencia y Seguridad Global (Ciseg) que trabaja para la inserción social en el Raval.

Para Perlado, la familia y el núcleo de amistades son esenciales para acompañar todo el proceso de desprogramación, pero aún lo es más el hecho de contar con una figura que “desmonte el adoctrinamiento”. Lo ideal es trabajar con una “autoridad moral”, señala el experto en sectas, tal vez un imán o alguien con suficiente fuerza y ​​reconocimiento por “cambiar los elementos sociales o culturales, o a veces los religiosos”, introduce el psicólogo Roca. En definitiva, un mentor que más que imponer ayude a la reflexión y la interiorización de los valores.

Si no hay fórmula única tampoco hay plazos para dar el alta terapéutica, y la mayoría de expertos señalan que no hay relación entre el tiempo de radicalización y el de desprogramación. A una radicalización rápida o expreso, pues, no le seguirá una terapia rápida.

En Ciudad de Quebec, en Canadá, tiene sede el Centro de Prévention de la Radicalisation llevando a la Violence, un largo nombre para una ONG que descarta el concepto de “desradicalització” y que trabaja desde “la acción comunitaria y la expresión artística “para ganar la confianza del radicalizado, explica Anamaría Cardona. El objetivo, señala, es la “reinserción” del individuo, pero en ningún caso “no se trata de sacar una ideología para introducir otra” sino que aprenda “el respeto y la tolerancia”. Cardona cree que el modelo es exportable, aunque se ajusta a la realidad de Quebec.