Yahoo News (España),  Mariángela Velásquez,  27.04.2018

La posibilidad de superar una adicción con una cura mágica en un rito ancestral en la selva ha motivado a decenas de norteamericanos y europeos a emprender viajes hasta la Amazonia de consecuencias impredecibles, que podría llevarlos hasta la muerte.

El linchamiento del canadiense Sebastian Woodroffe luego del asesinato de la chamana octogenaria de la etnia Shipibo, Olivia Arévalo, en el noroeste de Perú a mediados de abril, reanudó la polémica sobre los rituales curativos con sustancias alucinógenas.

Los argumentos se dividen entre la necesidad de experimentar tratamientos basados en las creencias de pueblos originarios para aliviar problemas de salud que no encuentran respuesta en la medicina occidental y las tendencias impuestas por comerciantes que se lucran con el dolor o la enfermedad de los incautos.

El mundo de los dioses

La riqueza biológica del Amazonas es una realidad innegable. Las comunidades indígenas de Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Venezuela han sobrevivido en remotas regiones de la intrincada selva gracias al profundo conocimiento de su hábitat.

El biólogo estadounidense Richard Schultes fue el primer occidental en estudiar el extenso uso farmacológico de la botánica amazónica que ya era manejado con maestría por los sabios de las etnias suramericanas.

Su interés inicial por comprender las propiedades del curare, una sustancia utilizada en las puntas de las flechas para paralizar a las presas durante las cacerías, fue el comienzo de décadas de investigación que lo llevaron a identificar al menos 2.000 especies de plantas que no eran conocidas por la ciencia occidental pero que ya eran utilizadas por las comunidades originarias del Amazonas.

La comunidad científica coincide en que el potencial químico de la selva es incalculable. Se especula que la industria farmacológica conoce el 1% del potencial curativo de las plantas de América del Sur.

Una de las miles de sustancias utilizadas por los pueblos originarios es la ayahuasca, brebaje que se obtiene de la cocción de varias plantas que ha fascinado a botánicos y antropólogos por su capacidad de generar elaboradas alucinaciones usadas por los chamanes para la sanación. Ayahuasca en la lengua quechua tiene dos significados: el vino del alma o el vino de la muerte.

El antropólogo Wade Davis, quien fue discípulo de Schultes, advierte que la experiencia con la ayahuasca es tan compleja como la mente humana y que quizás los científicos occidentales nunca logren comprenderla en su totalidad.

En un documental realizado en un lugar oculto de la selva, Davis aseguró que Schultes siempre se opuso a revelar los conocimientos sagrados de las tribus amazónicas al público occidental en busca de experiencias.

Consideraba erróneo estimular el consumo de ayahuasca sin la guía de un chamán, única persona capacitada para preparar adecuadamente la cocción y comprender su sentido simbólico y físico.

Para llegar a ser un maestro, u onaya como se conoce en quechua a los chamanes, los aprendices son preparados durante décadas por los líderes de su comunidad.

“El chamán toma la ayahuasca con el iniciado para entrar juntos al lugar donde se encuentra el conflicto y la posibilidad de sanación. El iniciado viaja junto al chamán a un mundo escondido, repleto de visiones que pueden resultar aterradoras. El aprendiz usa la ayahuasca como una herramienta para trascender las diferentes etapas del conocimiento chamánico, como es entrar en el mundo de los espíritus de los animales”.

Las culturas amazónicas creen que las plantas, los animales, los ríos, la tierra y el viento son entidades que poseen espíritus definidos que interactúan y permiten el equilibrio del universo.

Cuando se vive en el medio de la selva, los rituales de sanación son el único recurso que poseen las habitantes de tribus remotas para sobrevivir.

Además de los efectos farmacológicos científicamente comprobados de las pociones elaboradas con partes de plantas y animales, los efectos curativos de los rituales fueron explicados por el reconocido antropólogo Claude Lévi-Strauss. Según este autor, la sanación chamanística es posible si todos los involucrados están inmersos en la misma red de creencias y lazos socioculturales.

Si la teoría del pensador francés es cierta, en el caso de la ayahuasca, la curación sólo ocurriría si el chamán cree en el poder de sus acciones, el paciente está convencido de las virtudes del chamán, y el grupo o población que los rodea cree en los poderes sanadores del rito. Lévi-Strauss llamó a este fenómeno eficacia simbólica.

El negocio europeo del Yagé

Fuera de la selva, la ayahuasca (también conocida como yagé o yajé) tiene poco que ver con los misterios de la cosmogonía amazónica. Por el contrario, es usada como la materia prima de un lucrativo negocio que genera millones de euros en ganancias.

El diario El Confidencial informó que el argentino Alberto José Varela “domina desde Madrid el mayor imperio mundial de esta planta amazónica”.

La publicación asegura que Varela es un hombre pragmático que cree en el sistema económico y “en incorporar a la cadena de valor esta y otras sustancias más bien alucinógenas con las que trabaja (yopo, iboga, kambo, chichaja, bufo alvarius, extraído de un sapo del desierto de Sonora)”.

Varela no se considera chamán, ni médico pero sí reconoce que se ha convertido “en el líder” de muchas personas. Dijo a El Confidencial que su organización Inner Mastery a realizado más de 1.000 retiros realizados al año, ha formado a 150 personas en la escuela ayahuasquera, en los 20 países en los que se opera, y tiene más de un millón de seguidores en las redes sociales.

Cientos de antropólogos y ONG colombianas denunciaron “el uso indebido por parte del señor Varela del nombre y las tradiciones de los pueblos originarios de Colombia, y concretamente del pueblo Cofán, que emplea fraudulentamente para legitimar sus actividades comerciales. También se manifiesta la preocupación por la proliferación de negocios en torno al Yajé con el único objetivo de lucrarse”.

El uso descontextualizado de los conocimientos etnobotánicos de las tribus amazónicas es publicitado por decenas de páginas webs que prometen curas “express” a adicciones y complicados casos de estrés post traumático en estadías de siete días en el Amazonas o en lujosos retiros en algunos pueblos europeos.

Gabor Maté, reconocido médico canadiense con décadas de experiencia tratando adicciones con ayahuasca, advirtió sobre los charlatanes que han proliferado gracias al mercado internacional que logran por internet. “Realmente tienes que llegar al lugar adecuado y trabajar con la gente adecuada”.

“En el mundo de la ayahuasca, como en cualquier otro mundo, hay médicos con integridad y hay otros que pueden ser sanadores muy poderosos, pero para los que los occidentales son sólo una fuente de ingreso y algunas veces hasta de explotación sexual”, dijo Maté a la prensa de su país.

Una de las celebridades que ha admitido el uso de la ayahuasca es Miles Cyrus, quien lanzó gratuitamente su album Miley Cyrus & Her Dead Petz creado luego de un viaje con ayahuasca.

“Creo que la ayahuasca es curativa. Sólo la he probado una vez, pero quiero repetir. Me encantó lo que hizo por mí. Todos pensamos que somos buenas personas, pero yo quería saberlo de corazón, en lo más profundo de mi alma. Necesitaba averiguar si soy realmente el tipo de persona que creo ser”.

El camino hacia la muerte

Aunque la mayoría de las experiencias con la ayahuasca no tienen efectos secundarios permanentes para los consumidores, hay un pequeño grupo de personas que ha encontrado la muerte en su búsqueda por la sanación física y espiritual.

Henry Miller encontró la muerte a los 19 años en la selva al tomar una infusión de yagé durante un ritual chamánico. Poco antes de fallecer, el joven grabó un video donde revela que está por comenzar su segunda ceremonia en el territorio de la étnia Kamëntsá, en el departamento de Putumayo, en el sureste de Colombia.

La canadiense Jennifer Logan murió en enero de 2014 a los 32 años en un centro de sanación en la selva peruana después de tomar un té de tabaco para encontrar “claridad en su camino futuro”, informó la publicación canadiense CBC.

Los testigos relataron que Logan vomitó incesantemente después de tomar la bebida purgatoria hasta perder el conocimiento. Al llegar al hospital de Puerto Maldonado, una localidad en el sureste de Perú después de un largo recorrido en bote y en motocicleta, Logan había muerto por la acumulación de líquido en sus pulmones producida por una insuficiencia respiratoria.

Otra víctima del té de tabaco que se toma como preparativo para el ritual de ayahuasca fue el neozelandés de 24 años, Matthew Dawson-Clark, quien murió en septiembre de 2015 en la estación Kapitari, ubicada en Iquitos, ciudad portuaria del noreste peruano conocida como la capital del Amazonas.

Sus familiares aseguraron que el joven gozaba de buena salud y que decidió experimentar con la ayahuasca en unas vacaciones de su trabajo como tripulante de cruceros en el Mediterráneo. Aunque la autopsia no ofreció resultados concluyentes, se especula que Dawson-Clark murió de una sobredosis de nicotina causada por la poderosa bebida.

Otro retiro en Iquitos, el Phoenix Ayahuasca, fue el escenario de un mortal incidente durante una ceremonia de Ayahuasca.

El canadiense Joshua Freeman, de 29 años, mató al británico Unais Gomes, de 26, en diciembre de 2015 presuntamente en defensa propia luego de que Gomes intentara matarlo con un cuchillo de cocina.

Freeman, quien fue liberado después de la investigación policial, dijo que Gomes se volvió completamente inestable después de tomar una dosis doble de ayahuasca y lo atacó para “liberarlo de sus demonios”.

La magia no es psicoterapia

La doctora hispano-venezolana Esther Roperti advierte sobre la ineficacia de probar “curas mágicas” como la ayahuasca fuera de su contexto cultural y con un uso distinto para el que fue creado.

Nacida en Venezuela, de madre española, padre italiano y una larga carrera como psicóloga clínica en Caracas y Madrid, Roperti comprende ambos mundos y opina sin titubear: el uso de sustancias ancestrales fuera de su contexto en tratamientos terapéuticos no funciona.

“Para que haya una verdadera cura no basta con que se manifieste el inconsciente; por ejemplo, con la ayuda de la hipnosis y el uso de cualquier sustancia, que puede producir un estado catártico, se podría producir una cura por sugestión, pero si no hay una participación de la conciencia, si el yo no está consciente del cambio que está ocurriendo, esa transformación no puede ser duradera, ni puede ser profunda, ni basada en la realidad. Esto lo considero con el uso de la ayahuasca o cualquier otra sustancia usada como una medida mágica, porque estamos hablando de soluciones mágicas que no pueden ser duraderas ni reales”.

Roperti explicó que Sigmund Freud se separó del uso de la hipnosis en los primeros años de su carrera al comprobar que luego de una mejoría inicial del síntoma, los pacientes sufrían recaídas.

Roperti afirma que hay una tendencia a búsquedas mágicas en la sociedad occidental actual y recordó la obra teatral Los dramáticos orígenes de las galaxias espirales de Denise Despeyroux , en la que una de las protagonistas viaja a algún sitio a probar este tipo de terapias con sustancias.

La psicoterapeuta, con doctorado en la Universidad de Salamanca, explicó que en esta época de la inmediatez y el desencanto por lo tradicional, deseamos que todo se solucione rápidamente.

“Suena como una locura, viajar a un entorno inseguro, probar cosas que no tienen contexto, que no han sido creadas para ello. Pero creo que tienen que ver con esta búsqueda de romper con lo tradicional, con lo institucionalizado, y lo latinoamericano, lo exótico, otra forma de vida, la naturaleza, la selva pueden crear un plus de atractivo. Seguramente existirán centros que se aprovechen de ello y propongan  este tipo de tratamientos. Mi opinión es que estas prácticas no funcionan. No curan ni mejoran y no pueden llamarse terapéuticas”.