El Periódico de Aragón, 9.11.2004

El zaragozano que lideraba la secta Congregación el Olivo, con sede en Ondara (Alicante) y ramificaciones en varias provincias españolas, ingresó ayer en prisión tras prestar declaración en un juzgado de Denia, por el presunto delito de estafa. Sin embargo, los otros diez implicados en la secta quedaron el libertad provisional, incluido un vecino de Zaragoza que prestó declaración ayer en el Juzgado de Guardia.

Este último, un hombre de 51 años originario de Palencia e identificado como M. M. B., había sido detenido por actuar como recaudador de las ayudas o diezmos que los miembros de la secta entregaban a la dirección. Fuentes de la Delegación del Gobierno en Aragón informaron de que la citada congregación cuenta en Zaragoza con una docena de adeptos.

Las doce detenciones, once en Alicante y una en Zaragoza, son fruto de la denominada operación Diáspora desarrollada por la Guardia Civil a raíz de una denuncia y se realizaron el pasado sábado.

Todos los implicados son presuntos integrantes de un grupo sectario que presentaba “características destructivas” y una estructura piramidal compuesta por el líder espiritual y los adeptos de su confianza, quienes se encargaban “de hacer cumplir los mandatos” de aquél, “ejercer control y manipular al resto de los miembros de la comunidad”, según fuentes del Cuerpo.

A los detenidos se les imputan los delitos de asociación ilícita, lesiones, estafa, delitos contra los derechos fundamentales y libertades públicas garantizados por la Constitución, contra la libertad de conciencia y los sentimientos religiosos, abandono de menores, y apropiación indebida.

ESTRES Y DEPRESION Algunos de los adeptos de la Congregación el Olivo sufren cuadros de estrés, depresión y ansiedad por el control de sus personalidades ejercido por el grupo. “La manipulación y control de la personalidad ejercida sobre los adeptos ha afectado gravemente a la salud psíquica de los mismos, cuyas relaciones personales, laborales, sociales y docentes se han visto gravemente mermadas”, explicaron las citadas fuentes.

En esta línea, los investigadores han detectado varios casos de estrés, ansiedad y depresión entre exadeptos, quienes “han encontrado dificultades en su readaptación a la normalidad de la vida social”.

La secta limitaba la libertad de sus miembros. Algunas de la víctimas vendieron recientemente, inducidos por los responsables de la comunidad, viviendas de su propiedad con el fin de asentarse “en una especie de comuna” en unos terrenos situados en Benimantell, donde ya habían construido una iglesia.

La Guardia Civil sostiene que la obtención de dinero a través de las citadas transacciones serviría para comprar casas prefabricadas, lo que “generaría una mayor dependencia personal del grupo y beneficios a la cuenta corriente de la comunidad”. No en vano, los adeptos estaban obligados a pagar un diezmo de su nómina o pensión a los responsables de la secta.

Esta congregación comenzó a desarrollar sus actividades en 1992, dentro de la Iglesia Evangélica de Denia, aunque en 1998 se segregaron de ella unos 200 fieles, que constituyeron el grupo actual y cuyas creencias han derivado hacia tendencias próximas al judaísmo.

En la actualidad, la secta estaba compuesta por más de 60 miembros, 18 de ellos menores de edad, y desarrollaban sus actividades en un templo erigido en Benimantell.

Los agentes han registrado siete domicilios en localidades de Alicante y un octavo en la capital aragonesa, y se han incautado de varios ordenadores personales, teléfonos móviles, grabaciones de audio y vídeo de las reuniones, abundante documentación interna y elevadas cantidades de dinero.