EFE (Seúl), Andrés Sánchez, 9.04.2020

Las iglesias protestantes se han convertido en importante foco de contagio del coronavirus en Corea del Sur, donde el Gobierno insiste en no cerrar a la fuerza estos templos, que juegan un importante rol social.

Cuando a finales de febrero se dictaminó que el primer gran brote comunitario en el país se había originado en una secta cristiana de raíces evangélicas llamada Shincheonji, a una mayoría de surcoreanos no les sorprendió.

Algunos expertos se apresuraron entonces a señalar que las autoridades habían cometido el error de no vigilar las iglesias, para muchos el equivalente local de lo que pueden representar los estadios de fútbol en tantos otros países.

En Corea del Sur, donde el cristianismo comenzó a extenderse a finales del siglo XIX y se expandió con fuerza desde mediados del XX, concluidas la colonización japonesa y la Guerra de Corea, casi una tercera parte de su población lo profesa a día de hoy.

Algunas congregaciones (en especial las de denominación protestante) alcanzan los cientos de miles de seguidores y en ocasiones sus recintos, como el de la Iglesia del Evangelio Pleno en Seúl, tienen capacidad para albergar a más de 10.000 feligreses.

Estas templos no son solo un lugar al que se acude con devoción los domingos; son espacios en los que, al igual que en los coliseos futbolísticos, también se «hacen contactos» en los terrenos de la política y los negocios, según destaca a Efe Koo Se-woong, doctor en estudios religiosos por la Universidad de Stanford.

Servicios online

Tras detectarse el foco de Shincheonji, el Gobierno lanzó una recomendación para que toda organización religiosa optara por cancelar servicios presenciales y pasará a emitirlos online, consejo que las grandes iglesias protestantes acabaron acatando, al igual que los templos budistas y la comunidad católica, que integra a un 10 % de la población surcoreana.

«El 24 de febrero la Conferencia Episcopal de Corea emitió un comunicado recomendando cancelar las misas, una medida que a continuación adoptaron todas las diócesis del país», cuenta la española Ester Palma, misionera desde hace 14 años en la ciudad de Daejeon (140 kilómetros al sureste de Seúl).

Palma explica que la medida no solo afecta al rezo, sino también a la misión pastoral, lo que ha obligado a que, por ejemplo, el comedor social de Daejeon tenga que cerrar sus puertas y pase a entregar almuerzos empaquetados o a que se cancelen todas las actividades para los jóvenes.
«A la gente le está costando mucho», explica subrayando el importante rol que tiene su iglesia para la comunidad en la que vive.

Competencia entre iglesias

Sin embargo, varias pequeñas iglesias protestantes en Seúl y sus alrededores han seguido celebrando servicios y actividades y han acabado convertidas en focos de infección, generando peligrosos brotes en una región donde viven 26 millones de personas, la mitad del país.

Los pastores de estas rebaños, que carecen de órganos de gobierno centralizados que les insten a no celebrar servicios presenciales, argumentan además que sobreviven enteramente gracias al diezmo que depositan los fieles cada semana y que carecen de fondos para oficiar ceremonias y difundirlas por internet.

A esto se puede añadir el que estas iglesias suelen ser muy estrictas en cuanto a asistencia y proselitismo y a que mantienen una «competencia feroz, ya no solo con otras confesiones, sino entre ellas» para incrementar su número de seguidores, apunta Koo.

«El respeto a la libertad religiosa es un argumento que también están usando para mantener abiertas sus puertas», añade.
El propio Gobierno liberal del presidente Moon Jae-in ha abanderado a su vez la libertad de culto como razonamiento para no cerrar a la fuerza estas iglesias díscolas que están dificultando la lucha contra el coronavirus.

No obstante, Koo recuerda que «muchos fieles pertenecen al espectro político conservador» y que resulta lógico pensar que el Ejecutivo no quiera espolear ahora a este colectivo «sobre todo teniendo en cuenta que hay elecciones legislativas la próxima semana».

El pastor «rebelde»

De entre todas las iglesias «rebeldes» sobresale estos días la del Amor Máximo, ubicada en el distrito de Seongbuk en Seúl y liderada por el controvertido pastor Jun Kwang-hoon.

«Ha estado al frente de un movimiento que se opone firmemente al Gobierno de Moon y cabe destacar que el líder de la oposición conservadora, Hwang Kyo-ahn, ha expresado sus simpatías hacia su iglesia», recuerda Koo.

Aunque Jun está ahora encarcelado tras liderar protestas multitudinarias que las autoridades habían prohibido tras el incremento de casos de coronavirus y está acusado de vulnerar la ley electoral y difamar a Moon, los fieles de su iglesia siguen juntándose a centenares cada domingo en un gesto que tiene tanto de religioso como de político.

Pero en todo caso, y más allá de ideologías políticas, Koo recuerda que en un país donde la relación entre Iglesia y Estado «siempre ha sido compleja» la motivación que parece aflorar estos días en muchos fieles, sean de la congregación que sean, «es que la lealtad a tu iglesia puede ser más importante que ser leal a las autoridades».