La Jornada (México), Bernardo Barranco, 18.02.2009

El caso de las Casitas del Sur es desconcertante y lleno de lagunas. No nos referimos sólo a la negligencia de las autoridades por dar a menores en custodia a organizaciones sin la debida vigilancia ni control. Igualmente la Secretaría de Gobernación comparte responsabilidades porque debe estar mucho más atenta a las actividades de aquellas asociaciones religiosas que han presentado comportamientos extraños y sospechosos debidamente documentados, que le permita una intervención preventiva o precautoria; actuar ante constantes señales de alarma de algún grupo religioso o de alguna iglesia. En este caso, hay evidencias y antecedentes que se remontan a mediados de 2007 en Cancún, Quintana Roo.

Hay una cuestión de fondo que va más allá de la insuficiente normatividad o de la buena fe argumentada por el director general de Asociaciones Religiosas de la Secretaría de Gobernación, Salvador Beltrán del Río, se trata de la inamisible desaparición de siete infantes, entre ellos la de la pequeña Ilse Michelle y, al parecer por las informaciones periodísticas, de la violación de los derechos humanos de decenas de niños que han sido sometidos, en cautiverio, a un implacable adoctrinamiento ideológico y religioso. Coincidimos con el crítico planteamiento de Emilio Álvarez Icaza, al señalar que estamos ante un hecho grave pues se presume una red de tráfico de menores en diversas partes el país e incluso fuera de nuestras fronteras.

El ombudsmancapitalino consideró que estamos hablando de niños y eso debe tener una medida extraordinariamente enérgica de parte de la procuraduría y del gobierno de la ciudad; en concreto señaló que: Han iniciado las investigaciones, ojalá que este proceso se acelere. Me parece que hay un tema grave de confusión respecto de distintas líneas de investigación, pero es importante que la procuraduría mande señales de certeza pronto.

El caso de Casitas del Sur tiene otra arista. Las primeras indagatorias señalan que detrás existen varias asociaciones ligadas entre sí, como Reinserción Social AC, otra asociación civil como Defensa de los Derechos Humanos de la Mujer y el Menor Desvalido y una denominación religiosa llamada Iglesia Cristiana Restaurada, cuyos integrantes están encabezados por el doctor Jorge Erdely y se denominan Los Perfectos, vaya nombre. Los llamados perfectos son los verdaderos conductores de las casitas. Testigos del operativo en que se rescató a los menores afirman delsevero adoctrinamiento religioso que manifestaban los pequeños al ser trasladados. Margarita Griesbach, directora de la oficina de defensoría de los derechos humanos, reveló que los niños rescatados eran objeto de fanatismo religioso, algunos de ellos reaccionaban violentamente.

El caso resulta francamente inaudito, por la presencia de Jorge Erdely, quien se ha distinguido en más de una década por su constante denuncia de aquellos pastores, actores religiosos e iglesias que precisamente abusan para su provecho. Resulta difícil comprender cómo una persona tenga un doble comportamiento cuando ha generado una importante producción bibliográfica e intelectual de análisis crítico sobre el comportamiento arbitrario y opresivo de diferentes iglesias, jerarquías y denominaciones religiosas en México y en otras partes del mundo. Sin embargo, el caso de Marcial Maciel y de los Legionarios da pautas para que no nos sorprendamos de los dobles discursos y de la moral doble ni de comportamientos siniestros.

En suma, Erdely es al mismo tiempo un líder religioso evangélico y un estudioso de los fenómenos religiosos; en sus años juveniles, además de estudiar biología, teología y hacer fisicoculturismo, pertenecía al Centro Cristiano Calacoaya, que tiene su sede en Atizapán de Zaragoza. Este grupo ha sido uno de los más exitosos con más de 5 mil personas. Sus detractores resaltan rasgos patológicos de su persona ya desde esta etapa y las razones por las cuales se separa están contenidas en un escrito titulado:Cuando el sistema no funciona. Jorge Erdely salta a la fama, por así decir, en 1997, después del suicidio colectivo registrado el 26 de marzo de ese año en San Diego, California. 41 personas pertenecientes a la organización Puerta del Cielo se quitaron la vida en el rancho Santa Fe; en ese momento ante los medios Erdely sentenció con vehemencia que la Luz del Mundo era una secta destructiva que tenía las condiciones para desatar suicidios colectivos, similares al registrado en California. Los grandes medios televisivos dieron cuenta por más de dos años del enfrentamiento de éste con la Iglesia Luz del Mundo, que le reprochaba que bajo la fachada académica del Instituto Cristiano de México, dirigido por él, como una organización con fines educativos dedicada al análisis y estudio de campo de las sectas se desarrollaba una estrategia de posicionamiento cristiano no católico.