Crónica Global (España), Elena Burés, 3.12.2019

Los Mossos d’Esquadra han investigado 24 consultas en Cataluña en relación a la actividad de sectas durante este año. Una cifra que supone el 18% menos que en 2018, cuando recibieron 39 peticiones sobre la acción de diversos grupos de manipulación. A pesar de los indicios, la Comisaría de Información de la policía autonómica, responsable de estos casos, no ha podido actuar. El motivo es la imposibilidad de demostrar la comisión de un ilícito penal.

“No siempre se deduce que exista un grupo de manipulación”, explican fuentes del cuerpo a Crónica Global. Ya que “una cosa es lo que le sucede a la persona, la manipulación a la que está sujeta, y otra demostrar que se haya producido un delito económico, por ejemplo”. En cuanto al carácter de las organizaciones que los agentes han detectado en Cataluña se deriva su carácter espiritual y en relación con el llamado mindfulness, práctica basada en la meditación.

Control coercitivo

Miguel Perlado, psicólogo clínico que lleva más de dos décadas tratando a personas que han sido víctimas del sectarismo, da fe de la complejidad de actuar contra los grupos de control. “Las fuerzas de seguridad solo pueden intervenir si existe alguna transgresión o ilícito punible. Hay una dificultad añadida porque hablamos de dinámicas que tienen que ver con un control coercitivo. No deja marcas físicas como el maltrato, aunque las consecuencias son tanto o más profundas que las que pueden causar los golpes. Se trata de relaciones de maltrato psicológico, basadas en el control, y cuando salen, las personas sienten miedo y culpa. Esto les paraliza y les silencia”, explica.

La maquinaria de control es un freno a la hora de pedir ayuda. “Este es un primer escollo, pero en el caso de que se curse la denuncia, vendría el primer escenario, que es elaborar la prueba técnica”, cuenta Perlado, que ha intervenido como perito en numerosos juicios. “Siempre es la misma dificultad, de cómo transmitir a la sala que este tipo de dinámicas causan daños objetivables, que son profundos y dejan a la persona en una situación de trauma”.

De manos atadas

La policía solo puede intervenir si detectan la comisión de un delito. Puede ser falsedad documental, o algunos de gravedad extrema como abuso de menores. “Sino es harto difícil porque nuestro ordenamiento jurídico carece de algo tan específico para poder actuar sobre esos grupos. No obstante, habría flecos y disposiciones suficientes como para poder incidir sobre ellos”, apunta este experto.

La situación de indefensión recae también sobre allegados y familiares de las víctimas que, ante la inacción policial, no saben cómo actuar. “Explican que acuden a comisaría y que los agentes les dicen que no pueden hacer nada. Es muy frustrante, no solo por la ausencia de respuesta policial, sino también porque el primer paso, muchas veces, no pasa por ahí. Muchos parientes se equivocan porque creen que el problema se resuelve con una denuncia, y en ocasiones puede ser contraproducente”, advierte Perlado.

Medir la respuesta

El especialista recomienda calibrar bien las acciones, porque “tiene que haber motivos suficientes para poder armar un dispositivo policial donde se pueda intervenir” contra el grupo. Entonces, ¿cómo actuar? “Lo primero, si se detecta una situación de alteración o cambios en la persona que puedan ser compatibles con la acción de una secta, se debe pedir ayuda a un especialista para comprobar si es así o no, porque podemos sobredimensionar un problema o infravalorarlo. Cada situación es muy particular”, señala.

Tras verificar si detrás existe una situación de sectarismo, se deben valorar los daños potenciales o reales y si existen elementos punibles. Perlado alude al caso de Al Capone, al que lograron encarcelar por evasión de impuestos, nunca por delitos de sangre. “Si uno se plantea cómo actuar contra estos grupos, muchas veces hay que acceder por puertas traseras, porque en ocasiones cometen errores o ilícitos que serían demostrables”, apunta.

No perder la cabeza

En el caso de los familiares, subraya, a pesar de la dificultad que entraña, “lo primero es no perder la cabeza”. “La acción no tiene que ser un combate directo sino rescatar a la persona que está metida en la secta”, y recuerda la importancia de no presionar a los afectados. “Es un equilibrio muy inestable, y cuando la persona está sometida a esas dinámicas, queda atrapada mentalmente. Piensa que los demás no lo entienden, cree que ha encontrado lo que siempre ha estado buscando. Los primeros momentos siempre son de placidez, comprensión, todo va sobre ruedas, y entrar en confrontación directa –‘estás en una secta, te están comiendo el coco, te lo van a quitar todo, voy a ir a la policía’– produce que el grupo se proteja más, –‘cuidado nos vigilan’–“. Y cierran así filas sobre la víctima con más adoctrinamiento y control.

El psicólogo clínico recomienda ser, sobretodo, precavido. “Calibrar bien qué medidas tomar porque muchas veces es como una intervención quirúrgica, hay que ser cuidadoso en localizar la extensión del daño y a partir de ahí ver dónde hay que actuar”, concluye.