Experimentación con drogas y discurso “verde”, las sectas vuelven a los 60

By |2018-11-08T23:49:29+00:008 noviembre, 2018|Fenómeno sectario|

Agencia EFE (España), 8.11.2018

Las sectas de corte pseudoterapéutico que han proliferado en la última década van cediendo espacio a las del “discurso verde”, el contacto con la naturaleza y la experimentación con drogas, pero su objetivo sigue siendo el mismo: captar jóvenes con estudios universitarios y “algo ingenuos” para lograr el poder.

Un poder que luego se traducirá en dinero, ha explicado hoy el coordinador del Grupo de Trabajo sobre Derivas Sectarias del Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña, Miguel Perlado, durante la presentación del estudio “Conocimiento y Percepción de la población española sobre las sectas” del canal Crimen+Investigación.

Según este informe, elaborado a partir de 1.000 encuestas y coordinado por este experto, casi seis millones de españoles han estado en contacto directo o indirecto con organizaciones que consideran sectas y el 15 por ciento asegura no conocer ninguna.

La mayoría las asocian al daño psicológico, al tráfico de personas y al abuso de menores, pero en relación al lavado de cerebro, Perlado ha insistido en que “en una secta se da un proceso mucho más sutil” y que ese “punto álgido de la violencia fanática” tan solo lo alcanzan algunas.

“Hay que observarlas como un proceso porque si no, queda la foto fija de un gurú carismático que lava el cerebro y todos son débiles y están sometidos. Hay un proceso interactivo que es muy complejo”, ha insistido.

Calcula que en España pueden existir unas 250 y otro centenar de grupos “está bajo observación”; lo que no ha habido nunca, ha continuado, es un “Charles Manson”.

Al igual que no hay un perfil de adepto, tampoco lo hay de líder, pese al estereotipo de “hombre psicópata que se aprovecha sexualmente de las mujeres”. De hecho, sostiene el experto, “cada vez hay más gurús féminas, y esto es otro fenómeno interesante de analizar: algo está pasando”, advierte.

Lo que sí les une es un “narcisismo patológico” y que son personas que “se nutren de las capacidades de los demás, parasitan las mentes ajenas”.

Pero sí hay un perfil de potencial víctima: “el más atrayente para una secta es el de persona idealista, con estudios universitarios, con ganas de ayudar, que se desvive, algo ingenua, quiere cambiar el mundo y está insatisfecho con su entorno. No buscan personas taradas, tullidas o problemáticas porque son una rémora”.

Señala el experto que si bien hay grupos que pueden tener comportamientos sectarios, no necesariamente tienen por qué ser una secta.

¿Cómo distinguirlos?: “Cuidado con propuestas que no se sabe de quién dependen, que se realizan en lugares apartados, que le hacen sentir culpable” y que “tocan tres fibras sensibles: el miedo, la culpa y la ansiedad, y esas tres sensaciones dejan a las personas paralizadas”.

En suma, la señal de alarma debe estallar cuando existan “elevados grados de control coercitivo” que “fiscalizan hasta el más mínimo aspecto de la vida cotidiana”, desde “decirte con quién debes juntarte a cómo debes pensar, con quién mantener relaciones sexuales o qué ropa ponerte”.

Perlado indicó, asimismo, que Internet ha abierto a estos grupos “un gran escaparate donde publicitarse y atraer a más seguidores. De hecho, está surgiendo un nuevo fenómeno, las sectas digitales, que se sirven de estos medios para poner en marcha su estilo de relación sectaria antes de establecer el encuentro personal”.

En general, “las sectas son muy camaleónicas y hábiles al moverse, por lo que cada vez son más difíciles de identificar”, sostiene el psicólogo, que explica que cada vez hay “más pequeños grupúsculos” y no tanto las estructuras clásicas de grandes colectivos.

El especialista señaló también cierta “vuelta a los 60,  a la experimentación con drogas alucinógenas, a la ayahuasca u otras sustancias, así como al discurso verde y de conexión con la naturaleza”, un perfil que ha arrebatado el espacio a las sectas de “sanadores” que han proliferado en los últimos diez años, aunque éstas también se mantienen junto a las de corte religioso y esotérico.

¿Cómo actuar ante la sospecha de que alguien ha podido caer en las garras de una secta? Según los encuestados, denunciando a la Policía, pero el especialista indicó que eso dependerá del momento del proceso de ayuda, porque los agentes solo pueden actuar si la víctima ha denunciado y “en la medida que le permita la ley” y además puede ser incluso en algunas ocasiones “contraproducente”.

Así, lo primero que hay que hacer es “no entrar en pánico”; después, “acercarse con talante abierto y dialogante, no criticarle ni dirigirle expresiones como secta o ‘te han lavado el cerebro'”, acudir a fuentes de información fidedigna y buscar ayuda especializada.