Una quinta parte de las sectas de España opera en la provincia

By |2018-07-08T16:43:55+00:007 julio, 2018|Fenómeno sectario, Movimientos Gnósticos|

Diario Información (España), I. J. Iniesta, 7.07.2018

El rescate de Patricia Aguilar, la joven ilicitana que fue captada por una secta en Perú hace un año y medio, ha puesto en el punto de mira a este tipo de organizaciones que operan por todo el territorio nacional e internacional en busca de seguidores. En la provincia de Alicante se calcula que existe medio centenar de grupos, según el especialista en sectas Miguel Perlado. Una cifra especialmente llamativa si se tiene en cuenta que, a nivel estatal, se estima que existen unas 250. Es decir, una quinta parte de las sectas de todo el territorio español está afincada en la provincia de Alicante.

No en vano, la Comunidad Valenciana, el País Vaco o Madrid son el caldo de cultivo de este tipo de agrupaciones, al tratarse de las zonas de mayor concentración de personas, y donde más desplazamientos de habitantes se produce. «A más tráfico de gente, y en núcleos urbanos grandes, mayor anonimato y mejor forma de pasar desapercibidos», añade Perlado.

Las cifras en cuanto al número de sectas han ido creciendo en los últimos años en la provincia. De la treintena de la que se tenía constancia en 2010, se ha pasado al medio centenar. Según asegura el experto, las más comunes son las que tienen como objetivo el desarrollo y superación de la motivación personal, pero también los grupos sanadores o relacionados con dolencias médicas. Y aunque no todas poseen el mismo riesgo, se calcula que alrededor de una decena de estos grupos son de riesgo moderado y alto. Cuando se habla de riesgo, explica Perlado, «hablamos de la capacidad de modificar y anular la personalidad, hasta alcanzar un grado de sumisión casi total».

Y es que, los líderes de las sectas realizan una importante manipulación psicológica con el objetivo de atrapar a las víctimas, hasta el punto de que se vuelven totalmente dependientes de su líder. En este sentido, el estrés y el ritmo de vida actual facilitan estos esenarios.

La forma que tienen las sectas de captar a sus miembros también ha cambiado en los últimos años. Antes, las organizaciones buscaban a sus víctimas a pie de calle, exponiendo sus discursos a aquellos que quisieran oírlos. «Ahora funciona mucho más el boca a boca, y es muy peligroso», señala Perlado. Esto se debe a que, en muchas ocasiones, las víctimas se inician a través de un amigo o familiar, que les recomienda ir a una de estas charlas o sesiones camufladas con cursos o talleres de superación personal. «En estas ocasiones, la percepción del riesgo es todavía menor, porque la invitación te llega de alguien de tu confianza».

En cuanto al perfil de personas que caen en las redes de estas sectas, «no hay uno claro. Lo que buscan es gente joven, idealista, con ganas de ayudar y que se desviva. Incluso con ciertos estudios, para que si reciben críticas legitimen el grupo aludiendo a que tienen gente preparada», señala Perlado. Lo que sí es cierto, es que muchas veces se provechan de «perfiles con especial vulnerabilidad y personas sensibles que pasan un mal momento por alguna mala experiencia personal o familiar. Así es más fácil seducirles con algo que se les hace irresistible. No son conscientes y, al final, por medio de la manipulación psicológica, quedan absolutamente atrapados por los líderes».

«Gnosis»

De esta forma, de hecho, acabó Patricia Aguilar en «Gnosis», la secta esotérica liderada por Félix Steven Manrique, detenido el miércoles por las autoridades peruanas. Patricia puso un mensaje en la red buscando respuestas esotéricas a la muerte de un ser querido, y recibió una respuesta de Manrique. Ahí empezó todo. La Fiscalía de Trata de Personas fue quien llevó la investigación, después de que la familia denunciara situación.

Para Miguel Perlado, este es uno de los principales problemas a la hora de enfrentarse a este tipo de casos en España: la ausencia de legislación al respecto. Y es que, mientras que en otros países sí que existen leyes que penan la captación de personas en una secta y facilitan la intervención y la disolución, en España es mucho más difícil y tan solo se puede intervenir cuando hay pruebas suficientes de maltratos físicos, abusos sexuales o estafas.

Y precisamente la motivación económica es lo que mueve a la mayoría de este tipo de grupos, «aunque lo primero que buscan es poder. Con él, viene todo lo demás». Así, lo primero es conseguir la admiración de las víctimas, embaucarlas con una idea o promesa que desean alcanzar.

«La dependencia emocional es muy fuerte. Hay casos en los que consiguen salir por su propio pie, pero el trauma es muy grande y necesitan ayuda de personas especializadas para poder recuperar de nuevo su vida», concluye el especialista Miguel Perlado.

En el caso de Patricia, el líder de la secta aprovechó la debilidad y bajada de autoestima de la joven tras perder a un familiar cercano para captarla.