Diario Mercurio, Suplemento YA (Chile), Claudia Guzmán, 4.06.2013

En poco más de una década, Miguel Perlado ha tratado a cientos de personas que se vincularon de alguna manera a una secta. Y ha podido identificar algunos rasgos comunes. Dice que lo que define a una secta no es el mensaje, sino el control que ejerce mediante la manipulación psicológica, y que se puede notar si una persona entra a una de ellas, si presenta cambios en su manera de hablar, sus actividades, su vestuario e incluso su alimentación. También entrega claves para que los padres puedan actuar.

El interés del psicólogo español Miguel Perlado por las sectas viene de una experiencia personal. El profesional de 40 años todavía era adolescente cuando dos amigos del grupo de jóvenes que frecuentaba entraron a un grupo esotérico gnóstico.

-Fue una sacudida para todo el grupo de amigos, ya que cada vez se alejaban más de nosotros. Cambiaron su forma de pensar y de relacionarse. Se enfadaban si criticabas algo de lo que decían sobre «las enseñanzas milenarias» que recibían y pasaban todo el día hablando de lo mismo, insistiendo en que fuéramos a verlo -dice hoy el experto.

En alguna oportunidad, Perlado y otros adolescentes acompañaron a sus dos amigos al grupo. Califica lo que vieron allí de «estrafalario». Lo que decían los miembros les parecía «una verborrea inconexa que al salir de allí nos dejó muy confundidos». Perlado y sus amigos lograron rescatar a uno de los dos involucrados, después de horas de conversación. Al otro no lo lograron sacar.

-Cortó completamente con nosotros. Decía que «pensábamos demasiado con la mente». Le hicieron cortar con nosotros, porque le insistíamos en que no fuera. Al año, tuvo un brote psicótico. Salió destrozado de allí.

Después de esa experiencia, Miguel Perlado decidió especializarse en la ayuda a familiares, miembros y ex miembros de sectas. Radicado en Barcelona, es por estos días uno de los expertos más recurridos por los medios y tribunales de España. La crisis económica ha marcado un rebrote de adhesión a las sectas, que preocupa a las autoridades: 50 mil catalanes estarían involucrados en grupos destructivos que se revisten con discursos de coaching o desarrollo profesional.

-Incluso hemos detectado algunos grupos infiltrados en estructuras de ahorro piramidal -dice al teléfono quien ha asistido a unas 800 personas involucradas en sectas y preside la Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico.

Quiebre y vulnerabilidad

A una secta se puede llegar por un amigo o por un aviso en internet. Puede ser en una clase de yoga o en un grupo scout. Nada sospechoso, en realidad. Así les ocurrió hace años a los amigos del psicólogo y también les sucedió recientemente a los seguidores de Ramón Castillo, más conocido como «Antares de la Luz».

Perlado explica que la forma en que actúan las sectas está llena de matices que pueden confundir. Dice que no toda secta llega a ser destructiva, como se dio en el caso de Colliguay.

-Para hablar de secta se necesitan solo dos o más personas en una relación que implique grados de control excesivos. Lo que las define es el control, el abuso psicológico, la manipulación. El discurso que cada grupo ofrece es lo menos relevante. Pueden ser amantes de la naturaleza, de los animales, del yoga o del reiki -dice.

El psicólogo explica que las sectas cambian de ropaje con facilidad, que se adaptan a la sociedad donde se van a desarrollar.

-Si en los 70 y 80 se daban alrededor de movimientos religiosos o políticos, luego lo hicieron en torno a ese cajón de sastre que es el new age. Entonces, lo que las define no es la buena nueva que ofrecen a sus seguidores, sino que el control que llegan a ejercer sobre ellos.

Hoy, agrega Perlado, las sectas no buscan una ruptura total como en los años 60 o 70.

-Son más suaves de entrada, a excepción de que sean aquellas que usan plantas alucinógenas. El cambio es más sibilino y les interesa que la persona continúe trabajando para financiar la organización. Les pedirán que tomen cursos, les dirán que tienen condiciones para ser maestro si toman determinados cursos, y que luego les pagarán porque den clases para nuevos integrantes. El dinero saldrá y entrará al mismo lugar, y los miembros creerán que es por un fin superior -describe.

-¿Existe un perfil psicológico más vulnerable a las sectas?

-No. Es un mito el que las personas llegan a las sectas porque lo buscaron o porque tenían un problema previo o porque son poco inteligentes o porque tienen graves problemas de personalidad. Lo que la investigación y la experiencia clínica nos muestran es que no hay un perfil único. Lo que la evidencia sí muestra es que el momento exacto de captación coincide con una crisis emocional, con un momento de vulnerabilidad.

Un joven que se va a estudiar fuera de casa, una mujer que rompe su matrimonio o un hombre que queda cesante son típicos ejemplos de candidatos a ser captados por una secta a través de, por ejemplo, charlas motivacionales o cursos de terapia alternativa.

-Luego los grupos desarrollan estrategias de seducción que van encaminadas, primero, a ofrecerles una imagen atractiva de sí mismo -con lo cual minimizan la percepción de riesgo-; segundo, a ofrecer un entorno afectivo de estímulos que te van a hacer sentir muy bien, como en una nueva familia; y, tercero, si había algún problema personal previo o de vulnerabilidad, el grupo va a buscar insuflar una serie de estrategias para que te sientas estupendamente con ellos- explica el español.

El riesgo de los jóvenes

La fragilidad de los hijos en la adolescencia es una fuente permanente de preocupación para los padres. Perlado explica que efectivamente los niños de esa edad están en una etapa vulnerable y que hay sectas que se especializan en ese segmento.

-Buscan particularmente a jóvenes que son muy idealistas y que tienen la capacidad de comprometerse sostenidamente con una tarea -dice-. En sus procedimientos de atraccción, mantenimiento y retención, las sectas emplean fuertes medidas de control emocional o procesos de manipulación psicológica para crear consecutivamente dependencia emocional y temor. Así logran mantener a lo jóvenes en ese estado la mayor cantidad de tiempo posible, en detrimento de sus familias o de la sociedad.

La vigilancia paterna o del entorno afectivo es clave para determinar cuando un joven o adolescente puede estar siendo cooptado por un grupo sectario, ya que a ellos mismos se les dificultará tener la distancia para advertirlo.

-El tipo de manipulación que hace una secta es muy indirecta, muy insidiosa. Siempre hará creer a la persona que está en control del proceso -describe Perlado.

El experto dice que hay algunas señales de alertas a las que los padres deben estar atentos: cuando sus hijos cambian, ya no son los mismos; cuando modifican su forma de hablar y emplean palabras que no les son propias; cuando frente a las críticas responden con un discurso muy ideologizado, desde una sensación de superioridad, diciendo que el resto no sabe nada y ellos, sí.

Una de las dificultades está en que a veces el comportamiento de un adepto puede ser «un dilema para  la familia» y confundir. Como cuando un hijo empieza a comer más sano o ser participativo. Se puede pensar entonces en un cambio favorable y no sospechar.

-Todo primer contacto con un grupo siempre reporta un alivio sintomático, un efecto placebo de contención grupal que se toma como positivo. Hay grupos para superar las adicciones que son sectas encubiertas, pero donde efectivamente se deja de consumir. Entonces se cambia una dependencia por otra. Creo que la clave es observar si esos cambios positivos no decrecen con el tiempo, o si los negativos no superan a los positivos.

Tras cambiar su lenguaje y su agenda de actividades, dedicándole cada vez más tiempo al grupo -«lo primero que te pedirá una secta es tiempo», dice el español-, el joven puede comenzar a manifestar cambios físicos relacionados con el vestuario, la dieta o los períodos de sueño.

-¿Ya es muy tarde cuando comienzan a ausentarse de casa, para viajes o retiros?

-Es relativo. Antes, los grupos buscaban el desarraigo total. Hoy no. Las nuevas tecnologías facilitan que no se ausenten del todo. Además, a estos grupos les interesa que te sigas desarrollando profesionalmente, porque de alguna parte tienes que generar recursos para la causa.

Los casos a los que alude Perlado se asemejan al de la secta Colliguay, donde los jóvenes profesionales no dejaban de trabajar ni perdían contacto con sus familias, pese a vivir en comunidad.

En la escalada de señales de alertas que hay que vigilar, también surge otro nexo con Colliguay:

-Las sectas son expertas en puestas en escena. A nivel global, buscan validarse con personalidades jurídicas o haciendo reclamos por persecución ante organismos internacionales -dice Miguel Perlado. Y aterriza en lo particular:

-Ante las evidencias de desconfianza del entorno de los miembros, suelen invitar a sus cercanos para demostrar normalidad -dice.

Justo lo que pasaba en los asados familiares que organizaba para sus seguidores «Antares de la Luz».

El psicólogo recomienda que, en caso de que los hijos inviten a los padres a conocer lo que ellos sospechan son actividades sectarias, acudan sin dudarlo.

-Hay que ir. Siempre lo mejor es tener toda la información, leer todos los folletos que te entreguen y seguir cualquier ritual. Además, es una moneda de cambio que se puede utilizar con el joven después. Le dices «yo fui a tu reunión, ahora acompáñame tú a mí». Y ahí podemos iniciar una intervención para sacarlo de ahí, con el apoyo familiar.

Las intervenciones que se realizan con miembros de sectas son similares a las que se aplican en casos de adicción, y según Perlado tienen un 64% de efectividad. Están basadas en la voluntariedad, y parten con un familiar o un amigo proponiéndole al adepto una conversación con un externo, generalmente un psicólogo o un ex miembro. El diálogo puede ser de horas o de días, y su objetivo es plantar semillas de dudas, romper la defensa instalada que deja la secta en el adepto.

-Les dicen «verás que los de afuera no te entenderán. Te dirán que esto es una secta y te intentarán sacar a la fuerza con desprogramaciones». Con eso crearán más dependencia y temor.

Las desprogramaciones a las que alude el especialista fueron el método más utilizado en los años 70 y 80 para rescatar sectarios. Consistía en la extracción por la fuerza del adepto y su internación clínica por tiempos prolongados, de, al menos, una semana, sometiéndolo a estímulos contrarios a los que le entregaba el grupo. Una metodología que Kubrick llevó al cine en «La naranja mecánica», cuando a su protagonista Alex se lo amarraba a una silla y se lo obligaba a ver escenas de gran violencia y dolor.

-Se dejó de hacer porque representaba un tremendo dilema ético: implicaba encerrar a las personas por una semana y someterlas a estímulos contrarios a los de la secta. Es decir, era caer en lo mismo -dice el español.

-¿Son los jóvenes más rescatables que un adulto?

-Lo que hemos visto es que el contexto afectivo previo es fundamental. Entonces, a eso hay que apelar. Y, desde ese punto de vista, sin duda que los casos más difíciles de intervenir son los que representan una segunda generación: jóvenes y niños criados al interior de un grupo sectario y sin contexto anterior.