Diari Barcelona (España), Irene Reverte y Maria Pratdesaba, 19.05.2021

«La terapia del Biomagnetismo te permitirá recuperar el sentido del gusto y el olfato de una manera completamente natural «. Este es el mensaje que se puede leer en la web oficial de ISMET , un centro de terapias naturales en Barcelona. Con la pandemia, la presencia de terapias pseudocientíficas y microsectas se ha acelerado, aunque, según Miguel Perlado, psicólogo clínico especializado en sectas, «todavía es pronto para cuantificar este auge y ver el impacto real del confinamiento».

En el año 2020, los Mossos abrieron más de veinte investigaciones por sospechas de grupos sectarios, y actualmente siguen llegando informaciones sobre actividades irregulares. Fernando Cervera, portavoz del Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias pseudocientíficas (APETP), asegura que el aislamiento, la soledad y la incertidumbre de los meses de confinamiento fueron clave para atraer nuevos adeptos: «En tiempos de pandemia, cuando la información sanitaria es prioritaria, los que venden estos fraudes tienen un ecosistema más favorable para transmitir tales discursos».

Según Cervera, hay más de 18.000 centros en España «que actúan como servicios sanitarios, y muchos ofrecen productos con una supuesta acción contra la Covid-19». Además, todos ellos utilizan técnicas de persuasión a través de personas licenciadas: «La escenografía está muy calculada y la existencia de expertos dentro del grupo pretende legitimar estas prácticas», apunta Perlado.

De la calle a las redes

Los expertos hace tiempo que alertan de los cambios en las formas de captación: «Hace diez años, las sectas reclutaban sus miembros en la calle, pero ahora utilizan plataformas como Instagram o Facebook», apunta Juantxo Rodríguez, presidente de RedUNE , asociación para la Prevención. Esto, según Cervera, no sólo permite el contacto con gurús o curanderos «de la otra punta del mundo», sino que facilita «que un mayor número de personas vulnerables tengan acceso a falsos milagros».

El problema, según Perlado, es que en Internet es más fácil que las víctimas den un primer consentimiento sin saber las consecuencias de lo que vendrá después. «Los mensajes que aparecen en la pantalla dan soluciones a los problemas», pero los usuarios más tarde se dan cuenta que «es extremadamente complicado poder salir del círculo», añade. Aunque no existe un perfil concreto para las víctimas, la mayoría tienen problemas previos, y si no los tenían «el grupo les acabará encontrando y los multiplicará», alerta el psicólogo.

Desprotección ante el abuso

Desde RedUne aseguran que una de las principales incógnitas es la débil legislación: «Como asociación estamos luchando para que en el ámbito jurídico se condene la persuasión coercitiva como delito», afirma el presidente. Muchas víctimas quieren denunciar el abuso emocional, pero se encuentran «en una situación de desprotección, ya que no existe una jurisprudencia específica que los ampare», confiesa. El problema real, asegura Rodríguez, es que cuando las víctimas denuncian, se les dice que son mayores de edad, pero «esta mayoría de edad no es un escudo protector que te salve de cualquier abuso psicológico», apunta el portavoz.